Capítulo XLIX: Los Pactos de la Moncloa

Sufragio universal, dedicado a Ledru-Rollin, por Frédéric Sorrieu  (1850)

Durante la etapa de la Transición resultaron destacables las funciones desempeñadas por Su Majestad Juan Carlos I, el expresidente del Gobierno Adolfo Suárez o Torcuato Fernández-Miranda, entre otros muchos. Pero, no menos brillante se mostró la labor de Enrique Fuentes Quintana (1924-2007). Prestigioso economista, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1989[1]. Designado por Adolfo Suárez, tras las elecciones del 15 de junio de 1977, como vicepresidente segundo para Asuntos Económicos, cargo que ostentó hasta su dimisión el 23 de febrero de 1978.

La situación económica del momento era acuciante. La inflación rozaba el 44 %; mientras que la media en el resto de las naciones de la OCDE se situaba en torno al 10 %[2]. El gran endeudamiento empresarial propició un alarmante incremento del paro. Quintana dejó claro, en una intervención en Televisión Española poco después de su nombramiento, que únicamente aceptaba el puesto con el fin de intentar encauzar la difícil tesitura económica en la que se hallaba inmersa nuestra patria. Se le atribuye la mención de las célebres palabras que un político republicano citó en 1932: «O los demócratas acaban con la crisis económica española o la crisis acaba con la democracia».

El 25 de octubre se rubricó, por parte de los representantes de los principales partidos políticos, los Pactos de la Moncloa. Acuerdos ratificados por el Parlamento el día 27[3]. Las medidas adoptadas se encaminaban hacia una reforma fiscal que evitara el fraude generalizado, tónica hasta aquel entonces imperante. A lo que había que añadir una política presupuestaria que buscaba reducir el déficit público. Así como la flexibilización del mercado laboral, en pro de crear nuevos empleos. Por otro lado, se incluyeron ciertos aspectos políticos, como la libertad de reunión y expresión, además de la reforma del Código Penal.

Los resultados no tardaron en llegar, a finales de 1977 la inflación ya se había reducido hasta el 26 % y un año más tarde al 16%. No obstante, el debilitamiento del Gobierno de la UCD, luego de los comicios de 1979 y el recrudecimiento de la oposición socialista, ralentizó la toma de decisiones en materia económica. Se reprodujo un marco semejante al del ocaso franquista, con lo que España se adentró en otra virulenta crisis. En 1981 el paro tocó su máximo histórico hasta ese instante, el 15 %[4].

El gobierno del PSOE, electo tras la contienda de 1982, se hacía cargo de un país con la tasa de desempleo más alta de Europa. Provocada por la falta de flexibilización del mercado laboral. Y con una inflación y déficit público igualmente bastante superior a la media europea. Mas, durante su mandato no se consiguió que descendiera el paro del 16 %, al no afrontarse las requeridas reformas estructurales en materia laboral. En cuanto a la inflación lo más que se logró fue restringirla al 7%. En lo tocante al control presupuestario no se puede considerar una gestión demasiado brillante, el número de trabajadores públicos aumentó en un millón y medio. Hacia 1992 daba la impresión de que nos adentrábamos nuevamente en otra etapa de recesión.

Hay quien asevera que en el modelo Aznar-Rato de política económica, que se inició en 1996 con la victoria del PP, se dejan entrever los postulados liberales de Enrique Fuentes Quintana. En diciembre de 1997 España entró en el euro, después de cumplir con las exigencias del Tratado de Maastricht impuestas por Europa, con una inflación menor del 2,7 %. El Déficit de las Administraciones Públicas pasó del 6,6 % en 1996 al 1 % del PIB en el año 2000. En 1999 se concretó una reforma fiscal, se rebajó el Impuesto sobre la Renta en un 13,7 % de media, con lo que cinco millones de españoles ya no estaban obligados a presentar declaración alguna. La tasa anual de crecimiento del Producto Interior Bruto se ubicó en torno al 4 %. Si en 1996 el índice del paro era de un 22,8 %, en el 2004 descendió hasta el 11,5 %[5].

Lo cierto es que a tenor de los datos, las épocas de mayor prosperidad económica española han sido aquellas donde se han aplicado políticas económicas encaminadas a la liberalización del mercado. Lo que aconteció con el Plan de Estabilización de 1959, aunque tímidamente y bajo un siempre execrable régimen totalitario, que desembocó en el floreciente periodo económico comprendido entre 1961-1973. Y ya en la presente etapa democrática con Los Pactos de la Moncloa y el modelo Aznar-Rato.

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Notas:

[1] Enrique Funetes Quintana. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 1989. Fundación Princesa de Asturias. Obtenido el 26 de diciembre de 2016, de: http://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/1989-enrique-fuentes-quintana.html?especifica=0

[2] Izquierdo, J.M. (31 de agosto de 2014). Los Pactos de la Moncloa y la fugacidad de Fuentes Quintana. El País.

[3] La economía. Los Pactos de la Moncloa. VESPITO.NET. Obtenido el 26 de diciembre de 2016, de: http://vespito.net/historia/transi/economft.html

[4] Tussell, J. Evolución económica. ARTEHISTORIA. La página del Arte y la Cultura en Español. Obtenido el 26 de diciembre de 2016, de: http://www.artehistoria.com/v2/contextos/7481.htm

[5] FAES (2006). Los indicadores del cambio. España 1996-2004. Madrid: FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales)

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Sobre el autor

Ibiza Melián
Escritora. Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política. Proactiva, perseverante y apasionada de la libertad.

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