🎥 El significado 🔱 simbólico del número cinco

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Categoría: Simbolismo

La rosa y la cruz

Si en el vídeo anterior hablé del diez, el considerado como número perfecto, hoy nos adentraremos en el simbolismo que entraña el cinco. Pues cinco eran los miembros que participaban activamente en la Hermandad de Doña Blanca, los protagonistas de mi libro que tiene el mismo título que esa enigmática sociedad.

Si se toma como referencia al «iluminismo rosacruz» el cinco se asimilaría a su emblema de la rosa y la cruz. La cruz representa las cuatro extremidades del individuo, la materia, a la que se une la rosa, el espíritu. Flor que solo se abrirá en aquellos que han conseguido regenerarse, tras un largo periplo iniciático. Debido a que el cinco se asocia al ser humano. Los cuatro elementos que se reúnen con el quinto.

El cinco se asimilaría al emblema de la rosa y la cruz en el «iluminismo rosacruz». Compartir en X

El hombre de Vitrubio encarna el número 5El Hombre de Vitruvio

En sí la famosa imagen de El Hombre de Vitruvio, reproducida en el Renacimiento por Leonardo da Vinci. Quien muestra a la persona dentro de un cuadrado, lo terrenal, y esta a su vez inserta en un círculo, lo celestial. Mientras que las piernas esbozan un triángulo, la trinidad que deja atrás lo fragmentado para alcanzar la unidad. Un sujeto que escenifica el microcosmos, reflejo del macrocosmos. Creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1, 26-27).

La estrella pitagórica

O sea, la estrella pitagórica. Figura que los pitagóricos colocaban al final de sus escritos, a modo de saludo y que les servía igualmente para identificar a los adscritos a su grupo. Encarnaba el conocimiento, el hombre primordial. Relacionada con el número áureo, la divina proporción. Estrella que puede ser dibujada con un solo trazo del lápiz. También llamada pentalfa; pentagrama, por sus cinco líneas; pentángulo por sus cinco ángulos; o pentáculo por sus cinco puntas.

El número del compañero en la masonería

En la masonería especulativa el cinco es el número del compañero, que realiza cinco viajes alegóricos durante su ceremonia de ascenso a este nivel. Reminiscencia de la masonería operativa propia de los constructores medievales encargados de levantar las majestuosas catedrales góticas. Quienes recorrían Europa para poder así perfeccionar sus habilidades.

«En la masonería especulativa el cinco es el número del compañero, que realiza cinco viajes alegóricos durante su ceremonia de ascenso a este nivel». Compartir en X

El ritual de este imaginario periplo busca que el masón profundice aún más en su autoconocimiento y que lleve al máximo el adagio enarbolado durante la Ilustración: «Atrévete a saber». Conscientes de que es la ignorancia el germen de todas las miserias que azotan a la humanidad. En consecuencia, el compañero masón tiene que estudiar las siete artes liberales. Disciplinas que conformaban el plan de estudios de las universidades del Medievo. A saber, el trivium: «Lógica, retórica y gramática». A lo que se sumaba el quadrivium: «Aritmética, geometría, astronomía y música». Espíritu de aprendizaje constante que lo ha de acompañar a lo largo de su vida.

El masón se erige pues en un aspirante a filósofo, el eterno amante de la sabiduría. Cuyo deber, luego de pulir su piedra, es hacer que encaje con las del resto para ser útil a la sociedad. Por tanto, el compañero se prepara para abandonar la pubertad y adentrarse en la madurez, con el firme propósito de independizarse de cualquier condicionante externo y obtener la plena libertad. Capaz de hacer el bien por el bien mismo, tras asumir el «imperativo categórico» kantiano. Comportamiento virtuoso en el que ha de perseverar cada día para no desviarse del camino. En suma, acaba de hallar la estrella flamígera.

Los cinco maestros que conforman una logia justa

Por otro lado, cinco son los maestros que conforman una logia justa. Y cinco los toques que se dan entre sí para decirse la palabra sagrada, «los cinco puntos de perfección». Movimientos con los que evidencian el refuerzo de sus lazos de fraternidad. Prestos a ayudar al desvalido y no dejarlo caer.

Cinco son los maestros que conforman una logia justa. Y cinco los toques que se dan entre sí para decirse la palabra sagrada, «los cinco puntos de perfección». Compartir en X

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El cinco –
(c) –
Ibiza Melián

Bibliografía

Arola, R. (2015). Cuestiones simbólicas. Las formas básicas. Barcelona: Herder Editorial.

Daza, J. C. (2009). Diccionario Akal de Francmasonería. Madrid: Ediciones Akal (Obra original publicada en 1997).

Ritual de Tercer Grado. Rito Escoces Antiguo y Aceptado de la Gran Logia de España. Stichting Argus. Obtenido el 9 de octubre de 2019, de: https://www.stichtingargus.nl/vrijmetselarij/s/espana_r3.html

Vídeo


🎥 La perfección del número 10

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Categoría: Simbolismo

Todo lo que existe se rige por el número

Si en el vídeo anterior hablé del ternario alquímico del azufre, el mercurio y la sal, hoy nos adentraremos en el simbolismo que entraña el diez. El considerado como el número perfecto: conformado mediante la suma del uno, el dos, el tres y el cuatro. No en vano es la nota que se asigna a los estudiantes más aplicados, puntuación máxima a la que se aspira en algunas disciplinas deportivas.

Y es que Pitágoras aseguraba que todo lo que existe se rige por el número. Conocimiento que transmitía a los matematikoi y que estaba vedado al resto. Filósofo al que mencioné en mi libro El poder del símbolo. Afirmación que se puede encontrar igualmente en la Biblia, donde se revela que Dios dispuso la Creación según el número, el peso y la medida (Sabiduría 11, 20).

El número diez en la Biblia

Sagradas Escrituras donde el diez está muy presente. Porque diez eran los mandamientos que entregó el Todopoderoso a Moisés en el monte Sinaí (Éxodo 20, 1-17). Diez eran las plagas de Egipto que relata el Éxodo. Diez los leprosos que curó Jesús (Lucas 17, 12-17). El pueblo del Señor debía entregar la décima parte de todo lo producido, el diezmo (Deuteronomio 14). Pueblo que puso «a prueba» al Altísimo «diez veces» antes de entrar en la Tierra Prometida (Números 14, 22). Por su parte en el Talmud se dice: «Diez medidas de [magia] descendieron al mundo; Egipto recibió nueve, y el resto del mundo la otra». Y también diez son las sefirot que componen el Árbol de la Vida en la cábala.

La Tetraktys

Uno de los principales elementos de la doctrina pitagórica era la Tetraktys. Triángulo místico en el que los pitagóricos dibujaban diez puntos distribuidos en cuatro filas. En la primera, en el vértice de esta figura geométrica, se situaba el Uno, la fuente primigenia.

En la segunda fila aparecían dos puntos, la dualidad. Debido a que todo se define en relación con su opuesto. En el siguiente nivel se ponían tres puntos, número tres que consigue el equilibrio entre el uno y el dos. Tres puntos que de la misma forma señalan los masones en su escritura. Desde la postura tricotomista de los gnósticos: cuerpo, alma y espíritu. Nefesh, Ruaj y Neshamá para la cábala. El ternario de Osiris-Isis-Horus en el Antiguo Egipto.

Las cuatro estaciones del año, cuatro que forma parte del número diez

En la base del triángulo había cuatro puntos. Cuatro asimilado a la concreción, lo terrenal. Como cuatro son los elementos: tierra, aire, agua y fuego. Las cuatro estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno. O los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. Cuatro que se sintetiza en la piedra cúbica masónica, propia del compañero, sobre la que se alza una pirámide cuando se asciende a maestro. Cuadrados que se dibujan con la escuadra, alegoría de lo material.

Finalmente, llegar al diez comportaba comenzar nuevamente. Por lo tanto, era la totalidad. Ya que las corrientes iniciáticas defienden que «todo es Uno». Uno del que se parte y está presente en cada porción de lo creado. Motivo por el que Jesús conminaba a ser todos uno con él (Juan, 17-21).

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La perfección del número 10 –
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Ibiza Melián

Bibliografía

Daza, J. C. (2009). Diccionario Akal de Francmasonería. Madrid: Ediciones Akal (Obra original publicada en 1997).

La Biblia. La Santa Sede. Obtenido el 4 de noviembre de 2019, de: https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

Vídeo


🎥 Azufre, mercurio y sal en la alquimia 🧙‍♂️

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Categoría: Simbolismo

La alquimia espiritual

Si en el vídeo anterior hablé del tres, que consigue el equilibrio entre el uno y el dos, hoy nos adentraremos en el ternario conformado por el azufre, el mercurio y la sal. Principios empleados por los alquimistas, consagrados al llamado «Arte Sagrado». Símbolos que utilicé para desarrollar uno de los capítulos de mi libro titulado La Hermandad de Doña Blanca. Donde se conminaba a los personajes de la trama a depositar en un altar azufre, mercurio y sal para poder con ellos «conquistar la suprema individualidad».

Y es que el ternario compuesto por el azufre, el mercurio y la sal hace referencia en una de sus acepciones a la noción tricotomista de cuerpo, alma y espíritu. Debido a que este lenguaje siempre es alegórico. El gran alquimista Paracelso se valía de estos tres elementos para propiciar la alquimia espiritual, componentes que se encontraban en todo lo creado. De ahí que el fin de los alquimistas sea separar estas sustancias, para luego combinarlas en las proporciones perfectas y obtener la transmutación. Operación que se sintetiza en la máxima «solve et coagula». Sustancias que aparecen, por ejemplo, en el Cuarto de Reflexiones de cualquier logia masónica.

El azufre

El azufre es oleoso, combustible y activo, se representa mediante un triángulo con el vértice hacia arriba, en tanto sale una cruz de su parte inferior. Es el principio masculino, el rey u oro alquímico, el yang del taoísmo. No metal que suele encontrarse en zonas volcánicas y que tiene un olor muy característico.

La Biblia relata que Dios destruyó con azufre a Sodoma y Gomorra (Génesis 19, 24). Lago de azufre, según el Apocalipsis (Génesis 21, 8), en el que arderán «los cobardes, los incrédulos, los depravados, los asesinos, los lujuriosos, los hechiceros, los idólatras y todos los falsos» durante el Juicio Final.

El franciscano Roger Bacon era un gran aficionado a la alquimiaLa Inquisición

Por consiguiente, puesto que el azufre era empleado por el Señor y el único interlocutor válido para conectar con el Altísimo era la «Gran Iglesia», se deducía que los que no habían optado por la institución eclesiástica para llegar a lo espiritual era porque habían apelado al Maligno. Ente que vivía en el Infierno, el cual se puede asociar a los volcanes de los que surgen las minas de azufre. De modo que algunos alquimistas fueron denunciados ante la Santa Inquisición. Como fue el caso de Roger Bacon en el siglo XIII, franciscano que dejó como legado la fórmula de la pólvora, entre cuyos ingredientes se halla el azufre. Roger Bacon es considerado el precursor del método científico, ya que aseguraba que el conocimiento estaba supeditado a la experiencia.

La sal y el mercurio

La sal se identifica con la materia, el elemento sólido. Mientras que el mercurio, con el alma. Metal líquido de color plateado que atañe a lo femenino en la alquimia, a lo pasivo, a la reina o la plata, el yin del taoísmo. La madre que procrea junto al padre, el azufre. Es un metal volátil, por lo que se le atribuye la función de conectar la materia, la sal, con el espíritu, encarnado por el azufre. No hay que olvidar que el dios romano Mercurio es la réplica del griego Hermes, derivado en última instancia del Thot egipcio. Porque tal como asevera el principio de correspondencia hermético: lo de arriba es igual a lo de abajo y viceversa.

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Encontrarás toda la información aquí expuesta en mi libro Mundo simbólico.


Azufre, mercurio y sal –
(c) –
Ibiza Melián

Bibliografía

Arola, R. (2008). Alquimia y religión. Los símbolos herméticos del siglo XVII. Madrid: Ediciones Siruela.

Daza, J. C. (2009). Diccionario Akal de Francmasonería. Madrid: Ediciones Akal (Obra original publicada en 1997).

La Biblia. La Santa Sede. Obtenido el 16 de octubre de 2019, de: https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

Melián, I. (2016). La Hermandad de Doña Blanca. Villaviciosa: Ediciones Camelot.

Priesner, C. y Figala, K. -Editores- (2001). Alquimia. Enciclopedia de una ciencia hermética. Barcelona: Herder. (Obra original publicada en 1998).


🎥 El ternario, el valor 🔱simbólico del tres

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Categoría: Simbolismo

El ternario se genera a partir de la dualidad

Si en el vídeo anterior hablé de la dualidad, representada mediante el símbolo del Sol y la Luna, hoy nos adentraremos en el ternario. El tres, que consigue el equilibrio entre el uno y el dos. Concepto al que ya he hecho mención en algunos de mis libros publicados en los que desgrano diferentes aspectos simbólicos. Tanto en mi novela histórica La Hermandad de Doña Blanca, como en mis ensayos Simbología y El poder del Símbolo.

Y es que el ternario se genera a partir de la dualidad. Dado que, tal como relata la Biblia en el Génesis, primero solo existía Dios con su propio pensamiento. Luego se manifestó hacia el exterior y a través de la Palabra generó la Creación. Instante en el que irrumpió lo material. Por tanto, ya tenemos tres componentes: pensamiento, palabra y acto. De ahí, por ejemplo, que en el zoroastrismo se haga mención a la necesidad de coordinarlos, para evitar cualquier tipo de desequilibrio. Su primordial máxima es «buenos pensamientos, buenas palabras y buenos hechos».

Planteamiento gnóstico

Por su parte los gnósticos en síntesis planteaban que en el principio únicamente estaba el Uno, masculino, con su pensamiento, femenino. Pero un día el Uno sintió la necesidad de comunicarse con el exterior y engendró divinidades que siempre irían en pareja, los «eones». Aunque una de esas deidades, Sabiduría, rompe la dualidad y se genera la materia. Para enmendar su error Sabiduría se encargó de insuflar al ser humano el soplo divino, en pro de que recordase su verdadera procedencia celestial. De tal manera, que los gnósticos dividen a las personas en tres clases. Las primeras son aquellas que viven plenamente en la materia, en el error. Después estarían las psíquicas, individuos que todavía no han logrado la plena comprensión de esa partícula divina que está en su interior. Y por último se encontrarían las espirituales, las cuales han logrado asumir su verdadera procedencia superior.

Concepción tricotomista

Por consiguiente, si hacemos una extrapolación estaríamos hablando de cuerpo, alma y espíritu. Néfesh, Rúaj y Neshamá para los cabalistas. Pneuma, psique y soma para los griegos. Porque pneuma significa soplo, que implicaría el soplo divino insuflado a los humanos por Sabiduría. Psique sería el alma. Mientras que soma se refiere al cuerpo.

Esta concepción tricotomista es señalada por los masones, entre otros símbolos, por medio de los tres puntos que utilizan en su escritura. Donde el espíritu es la parte más elevada del sujeto, los gnósticos la calificaron como «chispa» o «centella». Los masones la llaman estrella flamígera y los rosacruces aluden a la rosa roja. Dentro del misticismo cristiano el maestro Eckhart la denominó «chispita». La naturaleza crística que renace en el corazón de aquel que ha alcanzado la unificación, aquel que encuentra dentro de sí su fragmento del Creador.

El problema está en que la «Gran Iglesia» decretó en su momento que alma y espíritu eran lo mismo, en concreto en el Concilio de Constantinopla IV que tuvo lugar en el año 870. Es decir, se pasó de una postura tricotomista a otra dicotomista. Y se declaró la primera como herejía. A pesar de que san Pablo había diferenciado en su primera carta a los tesalonicenses estos tres términos (5, 23).

El Ternario Osiris-Isis-Horus

Osiris-Isis-Horus

Ternario que se atisba ya desde el Antiguo Egipto, donde se usa el mito de Osiris-Isis-Horus. Osiris estaba casado con Isis, «la gran maga». Pero un día su hermano Seth acabó con su vida, despedazándolo en varias partes que esparció por Egipto. Pero Isis con sus poderes logró reunificar a Osiris; no obstante, le faltaba el falo, por lo que utilizó uno de oro. Con lo que Isis pudo concebir a su hijo Horus, quien luchó con Seth y lo venció. En consecuencia, Osiris muere en su vertiente material y se une con su parte divina, Isis. Para finalmente reunificarse a través de Horus.

Padre, Hijo y Espíritu Santo

Los cristianos hablan del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Donde se vislumbra la noción que Platón plasmó en el Timeo. Diálogo en el que el filósofo sitúa la Idea suprema del Bien en la cúspide. Por debajo estaría el Demiurgo, o sea, las ideas secundarias. Y por último aparecería el mundo sensible, el plano físico. Dado que hay que tener presente que el platonismo estaba bastante extendido en la época de san Pablo. Apóstol al que se le atribuye una parte considerable del Nuevo Testamento y la gran difusión del Evangelio. Entonces san Pablo sustituye a la Idea suprema del Bien por Dios y al Demiurgo, por Jesús, el intermediario entre lo material y lo espiritual.

Conectar el mundo material con el espiritual

Y es que el número tres aparece de modo recurrente en las dispares culturas. Sirva de modelo los tres reyes magos bíblicos. Quienes entregaron oro, incienso y mirra al niño Jesús. O sea, lo ungieron como rey, sacerdote y maestro espiritual. A modo de conector entre el mundo material y el espiritual. Sin embargo, cabe destacar que los gnósticos entregaron este puesto a Sabiduría, la Sophia griega, la primigenia Madre Tierra. Mientras que los cristianos posicionaron en dicho lugar a Jesús, el Logos. De lo que deja evidente constancia el evangelio de Juan, al recoger que el propio Jesús afirmó que nadie puede llegar al Padre a no ser a través de él (14, 6). Solamente los místicos cristianos, con san Bernardo de Claraval a la cabeza, confirieron tal función a la Virgen María. Figura que concitó una enorme devoción.

Muchísimas gracias por acercarte al apasionante mundo de los símbolos. Si hoy hemos hablado de la trinidad, en el próximo vídeo profundizaremos en un ternario específico. El azufre, el mercurio y la sal empleados por los alquimistas. Por lo que no olvides suscribirte a mi canal de YouTube y, muy importante, activar las notificaciones haciendo clic en la campanita, para que puedas estar al tanto de mis nuevas publicaciones. Y por supuesto, si te ha gustado este vídeo, dale un «me gusta» y compártelo.

Además, si después de leer mis libros quieres ampliar conceptos sobre aspectos simbólicos que menciono en los mismos, déjame tu comentario y en otro vídeo lo trataremos. Libros que puedes adquirir en Amazon desde cualquier país.


El ternario, el valor simbólico del tres –
(c) –
Ibiza Melián

Bibliografía

Arola, R. (2015). Cuestiones simbólicas. Las formas básicas. Barcelona: Herder Editorial.

Biblia. La Santa Sede. Obtenido el 10 de octubre de 2019, de: https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

Daza, J. C. (2009). Diccionario Akal de Francmasonería. Madrid: Ediciones Akal (Obra original publicada en 1997).

Melián, I. (2016). La Hermandad de Doña Blanca. Villaviciosa: Ediciones Camelot.

Melián, I. (2017). Simbología de La Hermandad de Doña Blanca. Createspace Independent Pub.

Melián, I. (2018). La corrupción inarmónica. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas (RIPS), Vol. 17, núm. 2, pp. 181-206. Obtenido el 26 de mayo de 2019, de: https://www.usc.es/revistas/index.php/rips/article/view/5207/6174

Melián, I. (2019). El poder del símbolo. Independently published.

Piñero, A. (2014). Los cristianismos derrotados. ¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos heréticos y heterodoxos? (5ª edición). Madrid: Editorial EDAF.

Roob, A. (2016). Alquimia & mística. Boon: TASCHEN (Obra original publicada en 1997).

Vídeo


🎥 El símbolo del 🌞Sol y la 🌛Luna

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Categoría: Simbolismo

La dualidad

Si en el vídeo anterior hablé del Ouroborus, la serpiente que se muerde la cola, hoy voy a adentrarme en el significado del Sol y la Luna. Imagen que recogí en la portada de dos de mis libros publicados: La Hermandad de Doña Blanca y Simbología.

Ambos astros mostrados conjuntamente aludirían a la dualidad. Y es que en la alquimia lo masculino y lo femenino se simbolizan con el Sol y la Luna, el oro y la plata. El rey y la reina que tras celebrar las bodas alquímicas daban lugar al Rebis, al hermafrodita alquímico. Icono de la reunificación, lo que los martinistas denominaron «la reintegración del ser». Volver a la situación previa al pecado original para los cristianos. Retornar al hombre primordial de la cábala, el Adam Kadmón.

Los cultos mistéricos y sociedades secretas

Sol y Luna que asimismo aparece en el templo masónico. Situados en el Oriente, a la espalda del Venerable Maestro. Si bien la dualidad también es indicada por los masones mediante el pavimento ajedrezado de la logia, conformado por cuadros blancos y negros. Opuestos que se complementan, en pro de obtener el equilibrio.

Los pitagóricos explicaron esta dualidad a través del Tetraktys. Así en la cúspide del triángulo situaban al Uno dibujado con un punto. Y debajo de este nivel colocaban dos puntos. Enseñanzas que impartía Pitágoras a los matematekoi y que después desarrolló Platón en sus cursos «Acerca del Bien». Enseñanzas en consecuencia esotéricas, al estar reservadas a unos pocos, solo para los iniciados. Dado que el conocimiento exotérico pitagórico, el divulgado a todos, era el dictado a los akousmáticos. Instrucción cuyo fin último era restablecer la unidad perdida, porque la bondad únicamente puede darse ahí. La llegada a la Idea Suprema del Bien como lo llamó Platón.

Noción que revela el propio significado del término símbolo. Pues el símbolo en la antigüedad hacía referencia a algo que había sido dividido. De tal modo que dos personas distintas se quedaban con cada una de las partes del objeto. Dicho pedazo podía incluso transmitirse a un tercero. El propósito final era que cuando dos individuos que portasen la porción de la unidad originaria se encontrasen, se reconociesen entre sí y aceptasen el compromiso adquirido inicialmente. La obligación contraída podía ser desde una deuda o hasta brindar hospitalidad.

Todo se define por su opuesto

Por consiguiente, el objetivo en las diferentes culturas es la integración de las dualidades. Dualidades que no se oponen entre sí, sino que al contrario se complementan. Dado que todo se define por su opuesto: la bondad a partir de la maldad, la alegría en función de la tristeza, la belleza con base en la fealdad, la verdad a razón de la mentira… Visión que recoge la Biblia en el primer capítulo del Génesis. Escritura Sagrada que relata que durante la Creación se generó el cielo y la tierra, la luz y la oscuridad, el día y la noche, el atardecer y el amanecer, el hombre y la mujer.

Los gnósticos

Por su parte los gnósticos, que atienden a una concepción platónica, creían que en el principio nada más que existía el Uno, masculino, quien estaba solo con su pensamiento, femenino. Es decir, exclusivamente había una unidad. Pero un día el Uno necesitó comunicarse. Y gracias a su pensamiento generó divinidades que irían siempre en pareja, llamadas «eones». Pues el gnosticismo colegía que para que algo fuera perfecto debía tener su correspondiente pareja.

Perspectiva gnóstica que se vislumbra igualmente en el Evangelio de san Juan, en el que se contrapone «arriba / abajo» o «Luz / Tinieblas». De manera análoga san Pablo hace alusión a este pensamiento dual al enfrentar la Luz a las Tinieblas (Romanos 13, 11-13; 1 Tesalonicenses 5, 4-6).

La cábala

Mientras que la cábala habla de que lo primero que se generó por la contracción de la luz divina fue el mundo del Adam Kadmón, el hombre primordial, relacionado con la sefirá de Keter en el Árbol de la Vida. Luego irrumpió el mundo de Atzilut, que atañe a la sefirá de la Jojmá, la intuición. Instante que dio paso a la dualidad.

El Sol y la Luna junto a Hermes Trismegisto

El hermetismo

Esta dualidad también fue contemplada por el hermetismo en el principio de polaridad, a saber, «todo tiene dos polos». En los mandalas se plasma al insertarse en ellos un círculo, alegoría de lo espiritual, y un cuadrado, encarnación de lo terrenal. El yin y el yang del taoísmo. Jung afirmaba que la meta del individuo era visionar el mandala, al final del proceso de individuación. O sea, de la unificación. En tanto representó la dualidad a través del ánima femenina y el animus masculino.

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El símbolo del sol y la luna –
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Bibliografía

Daza, J. C. (2009). Diccionario Akal de Francmasonería. Madrid: Ediciones Akal (Obra original publicada en 1997).

Las Heras, A. (2006). Alquimia. Historia, rituales y fórmulas. Buenos Aires: Editorial Albatros.

Melián, I. (2016). La Hermandad de Doña Blanca. Villaviciosa: Ediciones Camelot.

Melián, I. (2017). Simbología de La Hermandad de Doña Blanca. Createspace Independent Pub.

Melián, I. (2018). La corrupción inarmónica. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas (RIPS), Vol. 17, núm. 2, pp. 181-206. Obtenido el 26 de mayo de 2019, de: https://www.usc.es/revistas/index.php/rips/article/view/5207/6174

Melián, I. (2019). El poder del símbolo. Independently published.

Piñero, A. (1995). Capítulo IX: La gnosis. En Alvar, J. et al., Cristianismo primitivo y religiones mistéricas, pp. 197-225. Madrid: Ediciones Cátedra.

Piñero, A. (2014). Los cristianismos derrotados. ¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos heréticos y heterodoxos? (5ª edición). Madrid: Editorial EDAF.

Piñero, A. (2015). Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Editorial Trotta.

Piñero, A. (2016). Guía para entender el Nuevo Testamento (Cuarta edición, primera reimpresión). Madrid: Editorial Trotta.

Priesner, C. y Figala, K. -Editores- (2001). Alquimia. Enciclopedia de una ciencia hermética. Barcelona: Herder. (Obra original publicada en 1998).

Roob, A. (2016). Alquimia & mística. Boon: TASCHEN (Obra original publicada en 1997).

Sabán, M. J. (2016). La cábala. La psicología del misticismo judío. Barcelona: Editorial Kairós.