Ponencia XIII Congreso de AECPA

Ponencia XIII Congreso de AECPA

XIII CONGRESO DE AECPA (Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración)
La fortaleza de Europa: vallas y puentes
Universidad de Santiago de Compostela
20 al 22 de septiembre de 2017
Santiago de Compostela – Galicia
Área IV. Gestión pública y políticas públicas
Grupo de trabajo 4.14 Acción colectiva y corrupción en España. Límites y posibilidades de las reformas institucionales

La corrupción inarmónica*

Con este trabajo pretendo explicar, desde una perspectiva axiológica, por qué los índices de percepción de la corrupción política y administrativa son mayores en el sur que en el norte de Europa. Así como en Latinoamérica, heredera cultural de España y Portugal. Hecho que anualmente queda constatado en el Índice de Percepción de la Corrupción llevado a cabo por Transparencia Internacional[1]. Desviaciones del sistema que algunos investigadores ya han apuntado que es aparentemente menor en aquellas naciones cuya religión mayoritaria practicada es más intimista[2].

Por tanto, la cuestión específica que indago es cómo la religión y la filosofía han modelado dos visiones diferentes de entender la esencia humana en Occidente. Con especial énfasis en la observación del caso de España. Ergo, la variable dependiente u objeto de examen es la corrupción política y administrativa. En tanto la variable independiente o explicativa es el factor religioso y filosófico.

Se trata de un estudio de relevancia teórica y sustantiva, ya que aborda un asunto crucial para nuestra sociedad. De su óptimo resultado depende que obtengamos una mayor comprensión, y por ende mejores soluciones para erradicar una lacra que corroe los cimientos de nuestro Estado.

El método de investigación empleado, en este caso cualitativo, se circunscribe a un análisis de contenido de multiplicidad de textos ortodoxos, además de otros calificados en su momento de heréticos. Como de los fundamentos de distintas corrientes místicas, religiosas, filosóficas y de grupos hoy denominados «discretos». Ideas que contribuyeron a dividir el cristianismo entre católicos y protestantes.

En concreto parto del pensamiento del Antiguo Egipto y su posterior reinterpretación por el mundo griego. Los pitagóricos, los órficos y las teorías metafísicas de Platón (427 – 347 a. C). El hermetismo, la alquimia espiritual y la cábala. El sufismo, que es la mística del islam. La labor divulgativa de Marsilio Ficino (1433-1499), Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) y Giordano Bruno (1548-1600). La Orden Rosa Cruz, la masonería y el martinismo. Para llegar a la inferencia hecha en España por el krausismo.

Y es que las raíces del pensamiento occidental sobre la explicación de la creación del Universo y de la situación del hombre en el mismo se remontan al Antiguo Egipto. Civilización que perduró durante tres mil años. Especialmente a la etapa regida por el faraón Amenotep IV (1367-1350 a.C.), conocido como periodo amarniense en alusión a la ciudad de Amarna en la que se estableció. Si bien, el soberano la llamó Aketatón, «horizonte de Atón». Dado que el monarca había declarado la existencia de un solo dios, Atón, energía solar primigenia y universal de la que emerge la vida que se observa en la naturaleza. Por lo que se autodenominará Akenatón al quinto año de acceder al trono, que significa «espíritu eficaz de Atón».

Su reinado duró diecisiete años. Y se caracterizó por la imposición del monoteísmo de Atón frente al mal llamado politeísmo precedente. Cuya máxima entidad divina era Amón y su centro de culto Tebas, capital que fue abandonada por Akenatón y sustituida por Amarna. Lo que en sí produjo una revolución y propició que fuera calificado como «hereje». Enfrentado a los sacerdotes al restarles poder y ver mermada su capacidad recaudatoria, los cuales volvieron a recuperarlo tras su muerte y con el ascenso al trono de Tutankamón (1347-1339 a.C.), el hijo de Akenatón. Tutankamón rescató la palabra «amón» en su nombre como muestra del retorno al conservadurismo, predominante con anterioridad al gobierno de su progenitor.

Inclusive Akenatón insta a que no se utilice la palabra dios con Atón, sino «principio». Encarnaba el hálito vital diario insuflado a cada ser, con independencia de su condición social o de su lugar de nacimiento. Máxima de igualdad que se convertirá en el leitmotiv de la Revolución francesa. Atón era la síntesis de la bondad en estado puro, radicalmente opuesto a las deidades que infringían castigos a aquellos que obraban mal. Cualidades que atribuirán los judíos también a Yahvé.

Por otro lado, Akenatón exhortaba a sus súbditos a luchar contra la idolatría. Idolatría que se materializa al conferir a una persona, grupo u objeto poder sobre el individuo. A partir de ahí todo el pensamiento esotérico, es decir, aquel reservado a unos pocos, se volcó en instruir al iniciado en empoderarse a sí mismo, en liberarse de la superchería y el fanatismo.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939), aseguraba, en su obra Moisés y la religión monoteísta, editada en 1939[3], que: «Si Moisés era egipcio y si transmitió a los judíos su propia religión, fue la de Ikhnaton [sic], la religión de Aton»[4]. De manera que tanto el culto de Atón como el judaísmo antiguo negaban cualquier tipo de vida tras la muerte, así se comprende mejor la importancia que daban a la materia. Materia que, para los cabalistas, la corriente mística judaica, era imprescindible espiritualizar, al objeto de ser conscientes del aquí y ahora. Conciencia que permite al sujeto discernir entre el bien y el mal. Comportamiento que ha de estar regido perennemente por el principio egipcio de la Maat, la perfecta armonía que debe gobernar cada acto. Donde adquiere una enorme trascendencia la práctica de un férreo código moral.

La conciencia es una de las cualidades esenciales que tiene que desarrollar el Maestro Secreto en la masonería. Aquel que ya está preparado para descubrir en su interior el conocimiento[5], el daat de la cábala, la gnosis para los gnósticos, la piedra filosofal para los alquimistas o la teoría de la reminiscencia elaborada por Platón. En definitiva, el conocimiento que obtenían los magos del Estado egipcios una vez que desarrollaban plenamente su Ah y alcanzaban la iluminación, idéntico al proceso llevado a cabo por los chamanes. Y que recuerda al de individuación descrito por el psicólogo suizo, Carl Gustav Jung (1875-1961).

No obstante, Pitágoras de Samos (569-475 a.C.) insistirá en que los únicos que tenían el conocimiento pleno eran los egipcios, a ellos exclusivamente se les podía llamar sabios. Así que los griegos adoptaron el término de filósofo, los que aman la sabiduría. Eternos aspirantes a conseguirla. Los cabalistas por su parte utilizarán la expresión talmid jajam, es decir, «aprendiz de sabio». Humildad ante el saber infinito que seguirán el resto de corrientes esotéricas. Los masones, por ejemplo, aceptan que serán por siempre aprendices. Mientras que los rosacruces, nunca se declaran como tal, porque tienen presentes sus limitaciones como humanos. Concepciones que hace más de tres mil años perfilaban la predisposición del individuo hacia la libertad absoluta. Hacia el perpetuo cuestionamiento de todo, que sintetiza el amor a Sabiduría y combate enérgicamente el dogmatismo.

Lo que choca con la teoría del «rey-filósofo» de Platón (427-347 a.C.) y que penetró en el Imperio romano, obviando la perspectiva realista de su obra Leyes. El líder carismático de Weber (1864-1920). Figura que derivará en el «cirujano de hierro» español. Presunción arrogante y pueril de que puede haber alguien que ostente todo el saber.

Conocimiento máximo que únicamente se puede conseguir a través del Amor, que nos conduce a la Idea suprema del Bien, a Dios, al Uno, al Todo, al Absoluto, a la Primera Causa, al Ein Sof de los cabalistas, al Gran Arquitecto del Universo (G.·.A.·.D.·.U) para los masones, a la fuente primigenia. Hoy se sabe que la meditación presente en las dispares creencias libera la denominada «hormona del amor», la oxitocina, producida en la zona cerebral del hipotálamo. Sustancia que suscita en el ser humano estados de bienestar y mejora su interrelación con el resto. Además de potenciar su compasión, empatía, generosidad y altruismo. De igual modo, la oxitocina le permite a la persona lograr un mayor conocimiento de sí misma[6] e incrementar su «autoconfianza»[7]. Oxitocinas que se segregan inclusive al escuchar una buena historia[8], como las contenidas en los libros sagrados. Asimismo, la música y la acción de cantar desencadenan la producción de este compuesto químico[9]. Beneficios que ya conocían los egipcios, los pitagóricos o los seguidores de Orfeo. Como los chamanes y sufíes. La música que nos agrada genera también ondas cerebrales alfa, que aparecen cuando estamos relajados[10].

De igual forma, la oxitocina provoca la cooperación entre las personas, la denominada «acción colectiva». Colaboración orientada, tanto a obtener un beneficio común entre los individuos que interactúan, como a ayudar a terceros ajenos al grupo. Y aumenta el nivel de confianza entre extraños. Lazos que se afianzan por medio del rito, rituales que favorecen un incremento en la producción de oxitocina. Ergo, el compartir rituales comunes conlleva una mayor unión entre la comunidad. Ritos colectivos empleados en la religión y dispares creencias místicas[11]. Como el de la Eucaristía en el cristianismo[12] o los típicos banquetes de los cultos mistéricos, por ejemplo, el ágape o comida fraternal en la masonería.

Y es que el sujeto es el único responsable de sus propios aciertos y errores. Sin embargo, poder que aún hoy da vértigo reconocer. Poder que muchos a lo largo de la historia han buscado secuestrar para mantener a la masa anestesiada. Poder que persigue la pervivencia en la «tribu» y la aniquilación de la sociedad abierta[13]. Poder individual al que temen profundamente aquellos que tratan de imponer a los demás sus creencias, ya sean de índole religiosa, política o social.

Empero, luego de la muerte de Pablo de Tarso y la hegemonía de su corriente en el cristianismo, sus discípulos vieron como única salida, en pro de perpetuar su legado, la imposición del dogma. Temerosos de suscitar fricciones en el grupo y propiciar su fragmentación. Ya que debían permanecer unidos hasta que llegara la segunda venida de Cristo, parusía, y con ella la salvación. Firmes defensores de la «teología de la restauración de Israel»[14]. Porque, aunque el cristianismo fue un movimiento inicialmente judío, habían asimilado las tesis en el Más Allá provenientes de los persas, cuya religión era el zoroastrismo. Únicamente el colectivo judío de los saduceos seguía fiel a la concepción originaria que negaba vida alguna tras la muerte. Sin embargo, los fariseos y esenios aceptaban la existencia del cielo y del infierno, así como la de un juicio final con premios y castigos[15].

Los obispos, supuestamente los sucesores de los apóstoles, eran los únicos encargados de interpretar las Escrituras. Explicación que el resto debía aceptar, si no querían ser expulsados de la comunidad. Exégesis hecha gracias a la hipotética intervención del Espíritu Santo. Es decir, la jerarquía eclesiástica había acabado con la práctica ancestral de que el individuo extrajera de su interior sus propias respuestas. Hasta lograron que el estudio de la filosofía quedase prohibido. En consecuencia, se sustituye la razón, o capacidad intelectiva, por la fe. Esta fe ha de ser absoluta, como la de Abraham hacia la promesa que le hizo Dios, por muy inverosímil que parezca. Y se llega al extremo con la infalibilidad papal, promulgada por Pío IX en el Concilio Vaticano I de 1870. Atisbos que se dejan ver, por ejemplo, en la petición de responsabilidades políticas, cuando los tribunales exoneran al sujeto de las penales. Donde los rivales del cargo electo se atribuyen la potestad de estar en posesión de la verdad absoluta.

Y finalmente, al arrancar la etapa liberal, en los países católicos se sustituye la fe en Dios por la del Estado. Lo que, unido a la concepción aristotélica, adoptada en el medievo por los escolásticos, afianza la inmutable convicción en un Estado interventor. Gobernado por los hipotéticamente más virtuosos y cuyo fin último es suministrar la felicidad a la sociedad, en detrimento del principio de autonomía de cada cual.

Pues hay que tener en cuenta que hasta Filón de Alejandría (20 a.C-45) el conocimiento o iluminación se basaba en una pura actividad intelectiva. Si bien, él la sitúa condicionada por un agente externo al individuo, la divinidad. Doctrina que acogerán los cristianos. Y que desarrollará san Agustín de Hipona (354-430). En consecuencia, había un marco teórico abonado que hacía fácil la sumisión de los feligreses a la institución eclesial, que eran los que presuntamente tenían hilo directo con Dios.

De tal modo que el saber leer no resultaba prioritario, pues los cristianos recibían la palabra de Dios por medio de sus representantes en la Tierra. Entretanto para los magos del Estado egipcios, en el judaísmo, el hermetismo o el orfismo se mostraba indispensable estudiar la escritura. Línea que continuarán los protestantes con el «libre examen». Porque si no dominaban la lectura no podían comprender el texto sagrado.

Por otro lado, para los cristianos la materia carecía de interés, debido a que solo importaba el fin de los tiempos. Por consiguiente, puesto que pronto todo se acabaría, los bienes económicos y el trabajo eran inútiles. Cualquier cosa que atañera al ámbito mundano de uno mismo no tenía sentido. El objetivo era exclusivamente salvarse. De ahí que en el catolicismo el individuo se niegue a sí mismo. Por tanto, dedicarse por entero a la vida contemplativa era el correcto camino a seguir. Y es que la doctrina impone que hay que renunciar a todo, condición exigida por Jesús a aquellos que quisiesen seguirlo. Y todo es todo, tanto a lo material como a la capacidad intelectiva[16]. El librepensamiento quedaba taxativamente prohibido.

Por el contrario, para los judíos la propia persona es el centro, en plano de igualdad con los demás. Incluso para los cabalistas el abandonarse a uno mismo supone una transgresión. Dado que las relaciones han de ser equilibradas, o sea, nuevamente debe imperar la Maat egipcia. Porque, en virtud de lo aseverado por la psicología moderna, si uno no se quiere a sí mismo, difícilmente tendrá sanas relaciones con los que lo rodean. Además, para los judíos el esfuerzo y el trabajo se erigen como aptitudes esenciales a cultivar por el ser humano. Argumento que asumirán también los protestantes. Del mismo modo, el esfuerzo será una propiedad crucial a ejercitar por los iniciados en las dispares corrientes esotéricas, junto al constante trabajo en pro del desarrollo del intelecto. Donde el cuestionamiento de cada cosa ha de ser permanente, como vía para progresar.

Asimismo, los cristianos no necesitaban buscar su misión vital, visto que esta, quedaba claro, que era la salvación por medio de la fe en Cristo. Si bien, los magos del Estado en el Antiguo Egipto se sometían al ritual de iniciación para descubrir el objetivo de su existencia. Los cabalistas lo localizan al conquistar la sefirá de keter. Propósito vital perseguido igualmente por el masón y el resto de corrientes esotéricas, representado a la perfección por el mito del héroe. Sentido existencial que el iniciado exclusivamente es capaz de hallar después de una profunda introspección. Autoconocimiento imprescindible en el mundo actual para posibilitar el desarrollo personal y profesional y que se obtiene con el moderno «Plan Estratégico Personal o Branding Plan». Documento que nos sirve para comprender «quiénes somos», «dónde estamos», qué es lo que «deseamos ser» y «cómo conseguirlo»[17].

En consecuencia, en el mundo católico se otorga una esencia al ser humano de la que carece, donde se plantean propuestas para un ser ideal que en realidad no existe y nunca existirá. Se busca un ente superior ajeno al individuo, que ha de regir la vida del colectivo. El Mesías que salve a España de todos los males. Sujetos que se mueven siempre en busca de su propio beneficio y terminan por interpretar la triste partitura de la corrupción inarmónica. Y esa visión distorsionada de la naturaleza humana provoca un retroceso constante en materia de derechos básicos inherentes a cualquier Estado democrático, al poner el acento en las acciones punitivas.

Donde se fulmina la presunción de inocencia[18], al obligar a dimitir a un simple investigado[19], procesado[20] o encausado, sin que haya sentencia judicial. Se dinamita el derecho a un juicio justo por la presión social y mediática de los juicios paralelos, lo que supuestamente implicaría la contaminación objetiva del juzgador. Con las hipotéticas sentencias ejemplarizantes[21] se conculca el derecho de igualdad ante la ley[22] . Incluso, el cuestionable y amplio uso de la prisión provisional[23] se enfrentaría al derecho a la libertad personal[24]. Para su imposición se llegan a esgrimir justificaciones tan peregrinas como «justicia social»[25]. Término que ataca al principio liberal de inviolabilidad. Igualmente se podría incluir la transgresión del derecho constitucional al libre desarrollo de la personalidad[26]. Ya que muchos de los cargos electos, inmersos en causas que corresponden a infracciones contra la Administración Pública, se encuentran marcados de por vida.

Hay quien se escuda torticeramente, ante esta flagrante violación constante de derechos fundamentales, en que la legislación española aduce que las normas se interpretan «según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas»[27]. Pero en este razonamiento conscientemente obvian que la norma jurídica suprema, en lo tocante a los derechos fundamentales, recalca que estos «se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España»[28].

Mientras que en las regiones protestantes prevalece la separación de poderes. Y es que tal como afirmó el cuarto presidente de Estados Unidos, James Madison: «Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control al gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres»[29].

Porque, conforme a lo aseverado por el líder de la Escuela de la Elección Pública y Premio Nobel de Economía en 1986, James M. Buchanan (1919-2013):

Para mejorar la política es necesario mejorar o reformar las reglas y la estructura dentro de la que tiene lugar el juego político. No sirve afirmar que las mejoras se pueden producir seleccionando agentes moralmente superiores que utilicen sus poderes para buscar el “interés público”. Un juego solo se define por sus reglas y para conseguir un juego mejor es preciso modificar las reglas[30].


Discurso XIII Congreso AECPA –
(c) –
Ibiza Melián

Para leer texto ponencia completo pinchar aquí


* Ponencia resultante del trabajo como Doctoranda por la Universidad Rey Juan Carlos, en Ciencias Sociales y Jurídicas. Tesis doctoral dirigida por Manuel Villoria Mendieta. 

Notas:

[1] Índice de Percepción de la Corrupción (IPC). TRANSPARENCY INTERNATIONAL ESPAÑA. Obtenido el 11 de febrero de 2016, de: http://transparencia.org.es/wp-content/uploads/2017/01/tabla_sintetica_ipc-2016.pdf

[2] Treisman, D. (2000). The causes of corruption: a cross-national study. Journal of Public Economics (76), pp. 399–457. Obtenido el 17 de agosto de 2017, de: https://www.amherst.edu/media/view/131389/original/Treisman2000.pdf

[3] Dulitzky, J. (2011). Akenatón. El faraón olvidado. Buenos Aires: Editorial Lectorum.

[4] Freud, S. (1991). Obras completas. Sigmund Freud. Volumen 23 (1937-39), p. 24 (Segunda reimpresión). Buenos Aires: Amorrortu editores.

[5] Marquez Guardia, I. (2016, 8 de abril). Ser Maestro Secreto. Diario Masónico. Obtenido el 14 de agosto de 2017, de: http://www.diariomasonico.com/planchas/maestro-secreto

[6] Sabater, V. (2017, 1 de mayo). Oxitocina, la hormona de amor y la felicidad. La mente es maravillosa. Obtenido el 27 de agosto de 2017, de: https://lamenteesmaravillosa.com/oxitocina-hormona-amor-y-felicidad/

[7] La oxitocina, ¿la hormona capaz de mitigar la timidez? NCYT Amazings. Obtenido el 28 de agosto de 2017, de: http://noticiasdelaciencia.com/not/3343/la-oxitocina-la-hormona-capaz-de-mitigar-la-timidez-/

[8] La neurociencia de las historias: cómo el storytelling cambia la relación marca-consumidor. PuroMarketing. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: http://www.puromarketing.com/44/26250/neurociencia-historias-como-storytelling-cambia-relacion-marca-consumidor.html

[9] Quijada, P. (2013, 23 de junio). Beneficios de la música. Blogs ABC. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: http://abcblogs.abc.es/cerebro/public/post/15854-15854.asp/

[10] Jauset Barrocal, J. (2011). Música y neurociencia: la musicoterapia, p. 80 (Tercera reimpresión). Barcelona: Editorial UOC

[11] Zak, P. y Barraza, j. (2013, 19 de noviembre). The neurobiology of collective action. Front. Neurosci. Obtenido el 28 de agosto de 2017, de: https://doi.org/10.3389/fnins.2013.00211

[12] Mirre, J. C. (2011). Oxitocina: el antiestresante ideal. Discovery DSalud, nº 136. Obtenido el 28 de agosto de 2017, de: https://www.dsalud.com/reportaje/oxitocina-el-antiestresante-ideal/

[13] Popper, K. (2012). La sociedad abierta y sus enemigos (2ª impresión). Barcelona: Paidós. (Obra original publicada en 1945).

[14] Piñero, A. (2015). Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Editorial Trotta.

[15] Piñero, A. (2016). Guía para entender el Nuevo Testamento (Cuarta edición, primera reimpresión). Madrid: Editorial Trotta.

[16] De la Rosa Ruiz Esparza, M.A. (2010, mayo). La iluminación y el conocimiento místico en San Pablo, p. 4. Revista Lindaraja (nº 28). Realidad y ficción. Obtenido el 15 de agosto de 2017, de: http://www.realidadyficcion.es/Revista_Lindaraja/Ruiz-Esparza/iluminacion.pdf

[17] Módulo 1: Plan estratégico y planes de acción. En Curso de Productividad Personal en la Era Digital. Actívate, Google España. Obtenido el 18 de febrero de 2017, de: http://google.es/activate/

[18] Artículo 24.2 de la Constitución española.

[19] Artículo 775 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

[20] Artículo 384 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

[21] Codina, E. (2014, 8 de noviembre). Una sentencia ejemplarizante. El País.

[22] Artículo 14 de la Constitución española.

[23] Artículo 502 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

[24] Artículo 17 de la Constitución española.

[25] Cedeira, B. (2017, 3 de marzo). La defensa de ‘El Bigotes’ recurre la “justicia social” del fiscal para mantenerle en prisión. El Español.

[26] Artículo 10 de la Constitución española.

[27] Artículo 3.1 del Código Civil.

[28] Artículo 10.2 de la Constitución Española.

[29] Madison, J. (1787). Cap. LI. En El Federalista.

[30] Álvarez-Rendueles, J.R. –selección y estudio introductorio preliminar- (2014). El cálculo del consenso. Escritos escogidos, p. XXI. Pamplona: Editorial Aranzadi, S.A.

Sobre la autora

Ibiza Melián
Escritora. Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política. Proactiva, perseverante y apasionada de la libertad.

3 comentarios

  • francisco manuel cortes on 30 septiembre, 2017

    He leido con atencion tu ponencia y también el texto adjunto me ha encantado el principio del monoteismo con la adoración de Atom ,vas hacer palidecer a Weber,pasando por San Agustin ,las ideas de Lutero y Calvino y el dilema del libre albedrío y la predestinación , en fin somos el resultado de nuestra historia de todo nuestro pasado . Yo estudie en un colegio católico y me dijeron que en caso extremo solo bastaba con autoconfesarme y arrepentirme de mis pecados para ganar la gloria ,siempre he pensado que esa no es la manera de ganarse el cielo .Un abrazo muy fuerte Ibiza y leyendote veo que estas imparable .

  • Ibiza Melián on 2 octubre, 2017

    Muchísimas gracias, me alegra que te guste.

    Un abrazo enorme.

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