Capítulo IX: María Magdalena

Mientras Christian Resende Cruz continuaba con su apasionada disertación me llamó la atención un cuadro colgado al final de la estancia. En él se representaba muy probablemente a la Virgen María y tras ella una mujer que parecía portar la tiara papal. La pintura aparentaba bastante antigua, presumiblemente datara del siglo XVI. Si era así sin duda constituía una obra de las calificadas como heréticas, anatematizada por la Iglesia.

La curiosidad me superó y cuando Christian Resende Cruz dejó de hablar le pregunté por tan extraña representación.

–    “Me he fijado en esa pintura, ¿cómo es posible que una mujer lleve el símbolo del poder espiritual en la Tierra?  ¿O tal vez simplemente es que esté confundida y sea otra cosa?”

Tras sonreír durante un par de segundos Christian Resende Cruz respondió:

–    “No María, es correcto. Es una reproducción de una de las láminas que se le atribuyen a Nostradamus, recopiladas en un libro que durante siglos estuvo perdido y que repentinamente se halló en 1982 en la Biblioteca Nacional de Roma. Las rumorologías varias apuntan que fue escondido por el Vaticano, a causa del factible pánico que tales imágenes pudieran provocar entre la población. Dibujos que hablan, entre otras cosas, del declive del papado, de la Iglesia tal como la conocemos hoy.

Antes comenté que fue en el Concilio de Nicea, en el 325, cuando se redefine el dogma actual. Con ello el emperador Constantino trató de erigir una Iglesia al servicio del poder y acorde a las creencias de la época. Se declararon herejía las ideas de Arrio de que Jesús era simplemente hombre, aunque dotado con atributos divinos. Un profeta que cambió la historia de la humanidad, con un pensamiento visionario, refundiendo en una única fe todas las anteriores. Y que 600 años después servirá de base al Islam, donde otro profeta, Mahoma, iniciará su predicación en el 622 en la Meca.

Pero en ese Concilio además se desecharon otros textos, lo que hoy se conoce como los Manuscritos Apócrifos de Nag Hammadi. Entre los que se encontraba el Evangelio de Tomás, en él se afirma que Jesús aseveró: “Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo, levantad una piedra y allí me encontraréis.” A tenor de lo que se desprende de este pasaje Dios está en nuestro interior y es ahí donde debemos buscarlo. De ser cierto no necesitaríamos interlocutores de Dios en la Tierra para hablar y encontrarnos con Dios. Pero alegaciones como éstas fueron declaradas blasfemia durante siglos.

Por ejemplo, Giordano Bruno, fraile dominico, además de célebre alquimista y astrónomo, fue quemado vivo en la hoguera el 17 de febrero de 1600, por insinuar asimismo que Dios nace en nuestra alma. Cuatro siglos después, en el 2000, el Vaticano, manifestará su pesar por dicha ejecución.

Giordano Bruno aseguraría que el Sol era el centro de nuestro sistema, añadiendo que existen otros sistemas con otros mundos. Galileo continúa estas teorías, igualmente condenado aunque salvado “in extremis” por abjurar de sus ideas. Siendo también admitido el error de este proceso en el siglo XX por el papado.

Pero de todos estos escritos el que haría tambalear más los cimientos de la Iglesia sería el Evangelio de María Magdalena. Encontrado en 1806 por casualidad en un bazar del Cairo por un intelectual alemán. Donde se indicaría que María Magdalena era la predilecta de Jesús. Fiel seguidora de sus enseñanzas, testigo de su muerte y resurrección. Apareciéndosele el espectro del hijo de Dios para conminarla a predicar su palabra. Por tanto Pedro, sobre cuya tumba el emperador Constantino mandó construir la Basílica de San Pedro, no sería el guardián de las llaves del cielo, sino una mujer, María Magdalena. A las que hasta hoy se las ha relegado a un papel secundario dentro de la Iglesia. Sin embargo, se sabe que durante los siglos II y III la mujer tuvo un rol de liderazgo dentro del cristianismo, que fue eliminado y declarado herético en los siglos IV y V. Asimilando el papel de la mujer en la sociedad romana, en la que o bien estaba sometida a la potestad del padre, del esposo, o en defecto de éstos de un tutor.

Fue la misma Iglesia quien inventó que María Magdalena era una prostituta, concretamente Gregorio I en el siglo VI. Pues la prostitución es el pecado más atroz durante siglos lanzado contra una mujer. Asumiendo la Iglesia nuevamente en 1969 su equivocación. Ya que no fue ninguna pecadora sino una de las fundadoras del cristianismo, en la que Jesús depositó su confianza debido a su gran desarrollo espiritual.

1969 coincide con el papado de Pablo VI quien culmina el Concilio Vaticano II, iniciado por su predecesor Juan XXIII, y que supuso la renovación de la institución. Fue Pablo VI quien obligaría paradójicamente al régimen franquista a aceptar la libertad religiosa. Albergando su gran deseo de democracia para España, transformación en la que según él la Iglesia debía tener un papel preponderante.

La historia de María Magdalena se encuentra tergiversada, intencionadamente manipulada por los próceres de cada época, con el fin de doblegar a la población a sus intereses. Y los humanos simplemente han asentido. Los que han discrepado o fueron condenados o debieron ocultarse, para no acabar quemados en la hoguera prendida con infinidad de mentiras. Pero todo esto pronto se sabrá, la luz aparecerá. El 21 de diciembre de 2012 a las 11:12 arrancará el cambio. Al culminar el último ciclo de 120 años nos volveremos a mostrar.”     

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Sobre el autor

Ibiza Melián
Escritora. Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política. Proactiva, perseverante y apasionada de la libertad.

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