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Capítulo IV: El pueblo lentamente se quedaba vacío

La tetera comenzó a silbar, avisándome de que el té estaba listo. Mi cabeza daba vueltas tras la pesarosa noche. La cual estuvo repleta de sueños que se intercalaban fugazmente entre enigmáticas sombras y susurros. No podría precisar con exactitud las imágenes que en mi mente recreé, aunque soy consciente de que me alertaban de un inminente y nefasto augurio.

Me serví una taza de la caliente infusión, sentándome en la mesa ensimismado en mis pensamientos. Intentando una y otra vez descifrar qué me intentaban decir la multitud de aparentes presagios que se dirigían hacia mí. Cuando de repente tocaron en la puerta. Mi padre aún estaba dormido, por lo que me apresuré en abrirla para que no se despertara por ese ruido. Era Luis, mi eterno amigo. Me saludó con un rostro sumamente compungido. Y me preguntó si podía desayunar conmigo.

Le noté que no sabía cómo empezar. Su mirada era ausente, sin posarla en un sitio fijo. Sin embargo, lentamente las palabras brotaron de su boca, cual río deseoso de desembocar pronto en el mar. Y lo soltó. La próxima semana partiría de Matahambre, dejando en el pueblo a sus familiares y seres más queridos. Tornándose vocablo a vocablo aquella conversación en una triste y amarga despedida.

Luis estudió Empresariales. Y recién salido de la Universidad montó su pequeño negocio, Gestoría la Verdad, en la calle principal. Al principio todo fue bien, ganando lo suficiente para mantenerse él y mi prima Libertad. Por cierto, no os la he presentado. Es la hija de mi tío Juan, el abogado jubilado del Estado. Es concejal. La novia de Luis desde que eran niños. Perteneciente a esa especie de políticos idealistas que anhelan las cosas arreglar y que tarde o temprano acaban enormemente decepcionados, arruinados y apartados. Desilusionados de un sistema que fomenta intensamente la mediocridad.

La cuestión es que hace años mantuvo un fuerte enfrentamiento con el Alcalde anterior. Quien desató sobre ella y sus allegados la furia de los más oscuros resortes del poder. El ex-regidor quería eliminarla fuese como fuese del panorama municipal, ya que su presencia le resultaba tremendamente molesta. Principalmente porque hipotéticamente podría desentrañar sus corruptelas y entramados, e instigar a la población para que modificasen su opinión sobre tan siniestro señor. Sujeto que se mostraba ante los vecinos como padre benevolente y protector, disponiendo a su antojo de la corporación local a cambio de unas cuantas migajas de pan.

Golfi, se llamaba el ex-primer edil. En sus tiempos mozos fue jornalero. No pasando sus estudios del graduado escolar. Aunque, durante sus dieciséis años en el cargo, supo amasar una enorme fortuna. Él justificaba que su capital provenía de su maestría empresarial al frente de un pequeño local de venta de pan. Opinando Luis y Libertad que si eso fuese cierto, harían bien en declararlo Doctor Honoris Causa en Ingeniería Financiera. Incluso nominarlo para el premio Nobel quizás, por ser capaz de obtener la máxima rentabilidad a un producto con tan escaso margen de beneficio.

Cuando Gestoría la Verdad inició su actividad, lo hizo gestionando ya una importante cartera de clientes. Los cuales se convirtieron con el tiempo en los auténticos publicistas de la sociedad y más concretamente de su director. Pregonando por doquier sus bondades como buen profesional y mejor persona. Estimando por encima de todo su loable honestidad.

No obstante, cuanto más se recrudecían las disputas entre Golfi y Libertad, más presiones recibían los clientes de Gestoría la Verdad para que desistieran de su apoyo a la entidad. Amén de sufrir dilataciones en sus futuros trámites burocráticos, o bien cualquier sanción o penalización. El objetivo era dejar a la ilusa concejal sin pan que echarse a la boca, en pro de abocarla a emigrar. Empujándola sutilmente a que buscara en otras tierras la paz, tranquilidad y el bienestar de los suyos. Cualquier acto valía con tal de que continuara Matahambre en las garras de los que siempre habían manejado sus hilos. Y finalmente esto que tanto ansiaban parcialmente lo habían conseguido. Luis se marchaba a Mallorca para trabajar en la administración de un hotel en la ciudad de Palma, la capital insular, ante la imposibilidad de encontrar aquí puesto alguno para él. Ya que Golfi en la comarca lo había vetado, mediante coacciones y amenazas tanto en el ámbito público, como privado.

Rendido y con la triste pena enquistada en el corazón, me decía adiós entre sollozos y quejidos. Encomendándome encarecidamente cuidar de su amada Libertad, su bien más preciado en este mundo. La brillante luz que ilumina su camino, por la que merece la pena luchar hasta el final, cumpliendo así su destino.

 

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