Del gobierno municipal tipo strong-mayor al city-manager

De un tiempo a esta parte leemos continuamente en los diferentes medios de comunicación múltiples noticias sobre presuntos escándalos municipales. Sean finalmente ciertas o no, hechos que deberán ser aclarados exclusivamente por la justicia, cuento menos suscitan la duda y desconfianza en el contribuyente. Si a esto unimos la alta morosidad de las administraciones locales, lastrando la viabilidad de infinidad de PYMES, podríamos afirmar que la gestión de nuestros Ayuntamientos es una cuestión que necesitamos mejorar. España, junto a Francia, Italia o Portugal, poseen unas de las tasas más altas de corrupción dentro de los países de la OCDE. ¿Y qué es lo que nos puede diferenciar con aquellos Estados que ostentan un menor grado, como pudieran ser los nórdicos o anglosajones? Para muchos analistas la raíz de este mal hay que buscarla en la organización clientelar que se genera alrededor de sus dirigentes. Cuando en una ciudad europea entre 100.000 y 5000.000 habitantes, incluyendo el máximo regidor pueden haber dos o tres personas cuyo sueldo está supeditado a que cierto partido se alce con la victoria; aquí sería imposible determinar el número de simpatizantes que entrarían a trabajar en la corporación en cuestión, u otras afines, después de que su formación se haga con el bastón de mando. Perdiéndose así la perspectiva del proyecto común, para dar paso a la supervivencia de los individuos. Desembocando ello en supuestos actos indebidos en pro de sostener este entramado.

Si partimos de la teoría liberal, donde el principal cometido del ente local se circunscribiría a posibilitar la competitividad de las fuerzas espontáneas del mercado, atrayendo al inversor para instaurarse en la zona, lo que generaría riqueza y empleo; lo coherente sería dar estabilidad a las instituciones a través de los mejores profesionales. ¿Y cómo lo han logrado otros? Pues pasando de la fórmula imperante en nuestro territorio: strong-mayor, de corte presidencialista; a la del city-manager.

El city-manager se fundamenta en contratar un administrador para la localidad, de probada solvencia y perfectamente conocedor de los procedimientos reglamentarios, seleccionado como gerente municipal para conducir todos los planes emprendidos por la institución y ratificados en el Consejo Plenario. Su cargo tendrá una duración distinta al electoral, evitando así cualquier vinculación política. Quedando ceñidas las funciones de los concejales, electos por el pueblo en las urnas, a la legislativa mediante su manifestación en el Pleno, donde avalarán o retirarán el apoyo de las acciones efectuadas por el city-manager. Y acotando la figura del Alcalde al otorgarle escasa capacidad ejecutiva.

De este modo: se culminarían los proyectos, normalmente paralizados por cambios de gobiernos o incapacidad por desconocimiento de los propios ediles;  se agilizaría la tramitación de cualquier expediente, reduciendo la carga burocrática, simplificando los procesos; adelgazaríamos el capítulo uno destinado a personal, contando únicamente con los sujetos más preparados e idóneas acorde a las distintas labores, y no conforme a su afiliación ideológica;…En definitiva ganaríamos en transparencia y eficacia.

Safe Creative #1004065923365

Sobre el autor

Ibiza Melián

Escritora. Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política. Proactiva, perseverante y apasionada de la libertad.

2 Comments

  • Rafael Mesa on 7 abril, 2010

    El problema o la virtud de los postulados liberales es que todos son coherentes, lógicos y de sentido común… sobre el papel, por eso para escribirlos sólo hace falta un lápiz. Esa figura del City-Manager, en versión pública y funcionarial, y no privada y executive como propones ya existe en los ayuntamientos españoles y es una herencia franquista “impagable” y son los secretarios municipales. Personajes estos que, en muchos casos, han mangoneado los ayuntamientos, favorecido la corrupción y supervivido a varias legislaturas de distintos colores políticos, arropado por la supuesta legitimidad de su “profesionalidad”, y lo peor es que no representa a ninguna voluntad popular.
    Me gustaría saber si en este proyecto de city-manager, con claros visos de privatización de la gestión municipal, se podría prescindir de las votaciones populares de los vecinos del municipio, y en aras de una mayor eficacia promover un municipio eficiente con vista a la consecución de objetivos, cada vez más online y sin la presencia de políticos o en su caso meramente simbólica y sin labores ejecutivas.

  • Ibiza Melián on 7 abril, 2010

    Primeramente agradecerte Rafael tu participación en esta página, cuyo único objetivo es intentar intercambiar libremente distintos pareceres, en pro de poder enriquecernos con las diversas opiniones aportadas.

    Decía Aristóteles, que la virtud está en el término medio. Por tanto, en ningún caso creo que nadie piense que haya que prescindir de elección democrática alguna. Aunque eso no significa, que el sistema político actual sea inmutable y que no se pueda mejorar, convirtiéndose la mejora continua en progreso.

    Segundo, el secretario, nada tiene que ver con la figura del city-manager. Principalmente porque el primero es funcionario y el segundo no. Siendo este último elegido por seis años, por periodo distinto al electoral. Además necesita una amplia mayoría de apoyos del Consejo Plenario para resultar electo. Es decir, el secretario opta al cargo mediante oposición y el city-manager mediante elección política del Consejo Plenario. Fijándosele además el cumplimiento de ciertos objetivos, que de no alcanzarlos podría ser perfectamente sustituido. Lo que aportaría mayor eficacia y mayores dosis de consenso.

    Lo que no es de recibo Rafael, es que un alcalde pueda gobernar prácticamente a base de decretos un Ayuntamiento, convirtiéndose los plenos en mera comparsa al objeto de ratificar simplemente lo propuesto y muchas veces ya ejecutado por el propio grupo de gobierno.

    Y además pienso que si realmente ha mermado drásticamente las cotas de corrupción en los países anglosajones, nada tiene de malo estudiar dicha fórmula, o al menos prestarnos a debatirla, desde una postura abierta y no desde una cerrada llena desde el principio de particulares prejuicios.

    Nuevamente te agradezco enormemente tu aportación a este humilde blog.

    Un abrazo enorme.

Deja un comentario