Fundación para el Progreso

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La tenue llama de las velas iluminaba tímidamente la gran sala. Advirtiéndonos la sombra del gallo que la hora había llegado. Ascendiendo firmemente el Gran Maestre los tres peldaños que conducen al altar. Su anciana piel cubierta con una túnica roja de terciopelo y adornando su pelo blanco una corona de laurel. Colocándose junto a la Primera columna Christian Resende Cruz con idéntico atuendo. Y lo mismo el siguiente Vigilante al lado de la Segunda. Alineándose pues la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza.

Fue en ese instante cuando todos los presentes dirigimos nuestras miradas hacia Oriente. Tratando de hacer confluir las energías celestes con las terrestres. Situándonos alrededor del tapiz del cuadro de Logia para nuestro intelecto estimular. Entrelazando las manos, mientras Ralf Hayek exclamaba:

“Que la luz celestial nos inunde, llenando de amor nuestros corazones, para cumplir así con nuestras obligaciones.”

Mostrándose fulgurante sobre nuestras cabezas la cadena de unión con sus doce nudos. Testimoniando que el mundo terrenal es un mero reflejo del celestial. Desvirtuado por aquel que aún no está preparado. Cordel que representa la interconexión entre todo lo existente. (77) El “Alma del Mundo” en estado puro.

El círculo mágico acababa de ser invocado, para la unión entre Doña Blanca de Borbón y Don Fadrique consumar. Pudiendo por fin convertirse los apasionados amantes en sólo uno. Repitiendo todos al unísono unos versos del “Cantar de los Cantares” de Salomón:

“¡Mi amado es para mí,
y yo soy para mi amado. (…)
Grábame como un sello sobre tu corazón,
como un sello sobre tu brazo,
porque el Amor es fuerte como la Muerte (…).
Sus flechas son flechas de fuego,
sus llamas, llamas del Señor.” (78)

Un aire frío atravesó la estancia. Percibiéndose la presencia de ambos atormentados espectros. Oyéndose con precisión la apertura de una puerta. Sin duda alguna, la entrada a la Torre en la que había estado confinada, durante tanto tiempo, el alma de la desdichada monarca castellana. Comenzándose con ello el proceso para las reales nupcias celebrar. Correspondiéndonos por tanto pronunciar siete veces: “Per Crucem ad Rosam.” (79)

Luego, se escucharon unas efímeras notas musicales transportadas por el viento. Una vez más “El Arte de la Fuga”, la magistral obra musical de Johann Sebastian Bach, estaba siendo interpretada. Anunciando la aparición de la etérea figura de Doña Blanca de Borbón. Sosteniendo entre sus delicados dedos la pequeña cruz que Don Fadrique le regaló, en la que destacaba una minúscula flor, una rosa pintada de un intenso magenta.

El Gran Maestre abrió el cofre que guardaba el sagrado secreto, los papeles que Don Fadrique a Doña Blanca entregó para mediante la magia blanca culminar la unión. Exclamando en ocho ocasiones una frase allí reflejada: “Muriendo mato a la muerte que me mata.” (80) Arrojando al suelo, acto seguido, los innobles metales allí contenidos.

Sonaron tres veces las invisibles trompetas, avisándome de que mi momento había llegado. De modo que solté en el centro del cuadro de Logia la tierra hispánica que en mis manos previamente Ralf Hayek había colocado. Polvo de la tumba del Maestre de la otrora poderosa Orden de Santiago, que en el fondo del arca se encontraba depositado. Cobrando, ahora sí, sentido las oníricas imágenes que mi mente recreaba en las noches que me hospedaba en el longevo castillo seguntino. Cuando vislumbraba a la Reina agarrando férreamente con una mano un arca dorada, mientras amargamente sollozaba. Ante la desesperación, hasta hoy, por no poder reunirse con su amado y venerado noble español. Del que quedó irremediablemente prendada en 1352.

Con la primera mirada la cautivó. Rememorando una y otra vez la efigie de su idolatrado caballero desde que de ella se separó. Sus penetrantes ojos, la llama ardiente que anidaba en su corazón. Y así, con este recuerdo, fue languideciendo, marchitándose poco a poco hasta este instante, la “Medianoche en Punto.” Recobrando su hermosura, su belleza inigualable.

Los restos hispánicos desprendieron una rutilante chispa. Indicándonos que por medio del fuego los novios ya en esposos se habían transformado. El hálito de la inmortalidad se había exitosamente insuflado. Ocupando en el firmamento el lugar para el que estaban predestinados, acabando así con centurias de amargo peregrinaje. Dejando caer en su despedida cuatro rosas rojas, que nos señalaban las cuatro virtudes cardinales que siempre hemos de contemplar: Fortaleza, Justicia, Prudencia y Templanza.

Allí estábamos embargados de emoción por el triunfo del amor eterno. Agradecidos por enseñarnos el camino de la profunda comprensión. Todos aquellos que al revelador reclamo de Amador supimos prestar oídos. Aquellos a quienes el mensaje mistérico se les había encomendado propagar. Siguiendo la premisa de San Bernardo de Claraval: “Hablamos no con el lenguaje del saber humano, sino con el que enseña el Espíritu, explicando temas espirituales a los hombres de espíritu.” Porque: “Con los perfectos exponemos un saber escondido.” (81)

La auténtica Caballería Espiritual que tanto habíamos anhelado. Fraternidad de la Luz compuesta por miembros de la antigua “Orden Rosa-Cruz Dorada”, la de “Las Tres Espadas”, la “Orden de la Rosa-Cruz de Oro del Antiguo Sistema”, los “Caballeros Iniciados y Hermanos de Asia”, (82) nosotros, “La Hermandad de Doña Blanca”. Así como los integrantes de otras ancestrales escuelas iniciáticas. Compartiendo todos idéntico objetivo, reconciliar al ser humano con su lado divino.

Ataviados con dorados ropajes, en ofrenda al metal de mayor nobleza. Eternos aprendices del arte de la impecable naturaleza. Los abnegados Hermanos de las Rosacruz Roja. (83) Conocedores de “la ciencia armónica universal.” Esparcimos migas de pan, agua y sal. Vocalizando el ulterior pasaje de la “Tabla de Esmeralda”:

“Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo espeso, dulcemente y con gran cuidado. Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra, para recibir la fuerza de las cosas superiores e inferiores.

Por este medio tu poseerás la gloria de todo el mundo, y la oscuridad se alejará de ti.”

Sortilegio que permitiría llevar la Luz a la gente que en la caverna habita, desterrando las tinieblas de este Mundo gracias al amor profesado a Sabiduría. La llama que sólo se despierta en aquel que alberga un sentimiento puro. El que ya no trasgrede las leyes cósmicas. Quien sincroniza pensamiento, palabra y acto. En definitiva, quien cultiva cuerpo, mente y espíritu. Abriéndose entonces las puertas del saber primigenio.

El cuadro de Logia fue retirado. La luz de las velas se había consumido y ya sólo nos quedaba que su brillo alumbrara nuestra labor para la Tercera Gran Reforma conseguir. Un nuevo mañana, con el que dejaremos atrás el caos y la oscuridad. Tornándose la mentira en verdad, la ignorancia en conocimiento, la dispersión en concreción. Un nuevo mañana en el que la plena libertad se hará realidad. Propiciando que cada cual en su interior encuentre la “Piedra Oculta,” el V.I.T.R.I.O.L., la medicina universal. (84) Liberándose con ello el alma de nuestra patria, cuando Sanat Kumara, Señor del Mundo, alcance el último grado y roce la divinidad. El umbral de tan trascendental proceso de iniciación acababa de ser cruzado.


Capítulo XXVIII: La eterna unión de los enamorados –
(c) –
Ibiza Melián

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(77) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos. Zaragoza: Libros del Innombrable.

(78) La Biblia. Cantar de los Cantares de Salomón. Vicaría de Pastoral. Obtenido el 25 de agosto de 2015, de: http://www.vicariadepastoral.org.mx/sagrada_escritura/biblia/antiguo_testamento/40_cantares.htm

(79) Valentin Andreade, J. (1616). Las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz. Obtenido el 27 de agosto de 2015, de: http://www.museumaconicoparanaense.com/MMPRaiz/Biblioteca/1765_Andreae,_Juan_Valentin_-_Las_bodas_alqu%EDmicas_de_Christian_Rosacruz_%5BLibros_en_espa%F1ol_-_esoterismo%5D.pdf

(80) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos, p. 58. Zaragoza: Libros del Innombrable.

(81) Templespaña (2012). Codex Templi: los misterios templarios a la luz de la historia y la tradición. Madrid: Editorial Aguilar.

(82) Orden Rosacruz AMORC. Gran Logia Española (2012). Nosotros, los Rosacruces. Barcelona: Ediciones Rosacruces, S.L.

(83) Valentin Andreade, J. (1616). Las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz. Obtenido el 27 de agosto de 2015, de: http://www.museumaconicoparanaense.com/MMPRaiz/Biblioteca/1765_Andreae,_Juan_Valentin_-_Las_bodas_alqu%EDmicas_de_Christian_Rosacruz_%5BLibros_en_espa%F1ol_-_esoterismo%5D.pdf

(84) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos, p. 241. Zaragoza: Libros del Innombrable.

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“El Templo de la Rosa Cruz”, de Teófilus Schweighardt Constantiens (1618)

No podía sacar de mi mente que la boda entre Doña Blanca de Borbón y Don Fadrique pronto se habría de celebrar. Consumando el anhelo de cualquier ser, que no es otro que unirse eternamente en la séptima etapa con su mitad. Transfigurándolo en un ente pleno. Retornando a ese lugar donde gobierna la paz. El fin de cualquier viaje existencial.

Momento que acontecerá cuando el halo iluminador que todos llevamos en nuestro interior quede plenamente liberado y pase a ocupar su lugar en el “Alma del Mundo.” Luego de caer en la cuenta cada persona de cuál es su origen y su verdadero hogar al que ha de regresar. Dejando atrás atisbo alguno mundanal. (68)

Pobre Doña Blanca me digo, una y mil veces, condenada al ostracismo, al olvido, a llorar en silencio un amor tan intenso como incomprendido. Mas su llanto amargo en breve ha de terminar. Volviendo su pálido rostro a resplandecer, al recobrar la ilusión por encontrarse con su amado y venerado noble español.

Por fin los amantes se convertirán en sólo uno. Abandonando la monarca castellana el gélido castillo seguntino. Al romperse las cadenas que la atan a aquel paraje, gracias a la Heka de los egipcios. Las palabras mágicas del hermetismo que el Gran Maestre en escasos instantes pronunciaría. Concitando la Alta Magia las energías celestes y terrestres, cuando el reloj marque la “Medianoche en Punto.”

Era el 7 de noviembre y el silencio sepulcral se apoderaba de la “Casa del Espíritu Santo.” Morada durante siglos de nuestra querida Hermandad. Templo de constante peregrinaje para aquellos que con corazón ardiente anhelan ser iniciados en los cultos mistéricos, (69) una vez el clamor místico irrumpe en sus sueños. Enseñanzas que se remontan a nuestros primeros ancestros y que el Maestro rescató en Damcar. (70) Santuario que ineludiblemente han de visitar los que estén dispuestos a abandonar su inconsciencia para renacer en la senda de la plena consciencia.

Cuna del esoterismo. Recinto donde se guarda con sumo celo el conocimiento que no se puede revelar. Recibiendo los iniciados, como recompensa por su silencio, la salvación. En contraposición al saber exotérico, idóneo para cualquier profano, al no haber peligro de que sea malinterpretado por los que apelan a una única y estrecha verdad. Erigido como un culto religioso más. Pero incapaz de despertar la chispa divina e individual.

Edificio rodeado de un frondoso jardín, desde el que se vislumbra en todo su esplendor su enigmática bóveda. Coronada por una piedra cúbica en punta. Recordándonos el camino a andar hacia la perfección espiritual. Travesía que arranca en la piedra bruta, que una vez desbastada se convierte en piedra cúbica, para acabar fusionándose el cuadrado con el triángulo, obteniendo así la “piedra filosofal” que todo lo ha de curar. (71)

Precediendo tan magnánima obra está el pozo de iniciación. Cuyos muros se han convertido en vestigio de los más antiguos ritos. Demostración palpable de las enormes similitudes entre las distintas creencias. De tal manera que esculpido en la piedra aparece el Dios persa Mitra, adorado por los pastores en la caverna donde acontece su nacimiento. Culto de gran profusión entre los soldados romanos. Luego Jesús niño en idéntica escena, haciendo coincidir su natalidad con la fiesta pagana del solsticio de invierno. Dedicando al Señor el domingo, que era el día del Sol para los seguidores de Mitra, relacionando los cristianos a Dios con la Luz. El banquete ritual de los mitraicos que representa el ágape de los iniciados donde se comparte la “sustancia y sangre del toro divino.” Así como la última cena de la cristiandad en la que los Apóstoles toman el cuerpo y sangre de Cristo. De igual modo aparece reflejada la pasión y muerte de Osiris, propia de las creencias egipcias, junto a la de Cristo. Y la Virgen María al lado de la efigie de Isis adscrita también al culto surgido en Egipto. (72)

Y en el centro de nuestro “Jardín del Paraíso” se alza imponente la estatua de Hermes. Sosteniendo firmemente la vara mágica, entre la que se enlazan dos serpientes que encarnan la dualidad. Hermes el guardián de los secretos más ocultos. Hermes el que muestra la ruta a aquel que esté dispuesto a penetrar en el mundo del saber.

En tanto en la base de la escultura se puede leer nítidamente un pasaje del texto inscrito originalmente en la “Tabla de Esmeralda.” Descubierta en el desierto, bajo una talla de Hermes Trismegisto, por Apolonio de Tiana. Filósofo griego del siglo I. Advirtiéndonos: “Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero: lo que está abajo es lo que está arriba y lo que está arriba es lo que está abajo; por estas cosas se hacen los milagros de una sola cosa.” (73)

Aún faltaba una hora para que diera comienzo el cónclave, mas Tomás, Carlos e Isabel ya estaban allí. Habiendo venido Amador conmigo. Mi infatigable compañero en tan arduo viaje. Quien creía firmemente que otro mañana era posible. Mostrándose radiante y feliz, con fe, esta vez sí, de que seríamos capaces de llevar la luz a la gente que en la caverna habita. Tal como nos conminó Christian Resende Cruz.

Sin embargo, yo no podía desterrar de mi mente la hoja garabateada que en la madrugada del 2 de octubre una presencia espectral en mi estancia dejó. Y más concretamente su posdata: “Razón por sí sola no basta.” Frase atribuida a Carl Gustav Jung. Mensaje con el que sin duda Doña Blanca me estaba señalando las pistas para consumar la trascendente misión.

Mientras mi mente seguía absorta en mis negros presagios Tomás me susurró:

“María, haznos el honor de abrir la “Casa del Espíritu Santo.” Pues tú eres la artífice, junto a Amador, de que estemos una vez más aquí.”

Así que cogí las aldabas de la puerta y toqué tres veces. Abriéndose inmediatamente, después del toque y señal, junto a la gran cruz que la adorna en la que sobresale una hermosa rosa pintada de un intenso magenta. Apareciendo el Pavimento de Mosaicos, conformado por idénticos cuadros blancos y negros. La “Tierra Sagrada” se mostraba majestuosa ante nuestros ojos. Presidiendo la sala el Sol y la Luna, (74) Horus e Isis. (75) Las fuerzas opuestas que rigen nuestro devenir. Y entre ambos la estrella flamígera, que simboliza el ideal al que cada individuo debe dirigir sus pasos para la perfección lograr. Iluminando a todo lo que le rodea y relacionándose armónicamente con ello.

Las dos imponentes columnas nos daban la bienvenida. Quedando a nuestros pies el cartel que nos instruía mediante las palabras de Lucas, III, 4-5: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.” (76)

Todavía no habían llegado los demás, pues doce personas constituíamos “La Hermandad de Doña Blanca”. Haciendo el número trece el Gran Maestre, Ralf Hayek. Aunque esta vez estábamos convencidos de que muchos seríamos los allí congregados, al haber escuchado a buen seguro el reclamo otros análogos movimientos, que hasta ahora habían permanecido escondidos pero activos o en estado durmiente. La auténtica Caballería Espiritual que llevaría a cabo la Tercera Gran Reforma.


Capítulo XXVII: La Casa del Espíritu Santo –
(c) –
Ibiza Melián

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(68) Piñero, A. (1995). Capítulo IX: La gnosis. En Albar, J.; Blázquez, J.M; Fernández Ardanaz, S.; López Monteagudo, G.; Lozano, A.; Martínez Maza, C.; y Piñero, A, Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, pp. 197-225. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

(69) Alvar, J. y Martínez Maza, C. (1995). Capítulo XXVIII: Cultos orientales y cultos mistéricos. En Albar, J.; Blázquez, J.M; Fernández Ardanaz, S.; López Monteagudo, G.; Lozano, A.; Martínez Maza, C.; y Piñero, A, Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, pp. 435-443. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

(70) Orden Rosacruz AMORC. Gran Logia Española (2012). Nosotros, los Rosacruces. Barcelona: Ediciones Rosacruces, S.L.

(71) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos. Zaragoza: Libros del Innombrable.

(72) Martínez Maza, C. y Alvar, A. (1995). Capítulo XXXIII: Cultos mistéricos y cristianismo. En Albar, J.; Blázquez, J.M; Fernández Ardanaz, S.; López Monteagudo, G.; Lozano, A.; Martínez Maza, C.; y Piñero, A, Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, pp. 515-536. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

(73) Arribas Jimeno, S. (2014). Fascinante historia de alquimia descrita por un científico moderno, pp. 39-43. Oviedo: Universidad de Oviedo.

(74) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos. Zaragoza: Libros del Innombrable.

(75) Alvar, A. (1995). Capítulo XXXI: Los cultos egipcios. En Albar, J.; Blázquez, J.M; Fernández Ardanaz, S.; López Monteagudo, G.; Lozano, A.; Martínez Maza, C.; y Piñero, A, Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, pp. 479-498. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

(76) Ariza, F. (2007). La Masonería. Símbolos y Ritos. Zaragoza: Libros del Innombrable.

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Ibiza Melián
Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política.
Escritora. Proactiva, perseverante y apasionada de la libertad.
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