Archive for March 2010
La ambigua figura de la Cuestión de Confianza empleada en la Administración Local, es un mecanismo recogido en el artículo 197.bis de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del Régimen Electoral General (LOREG). Se usa cuando el equipo de gobierno en un Ayuntamiento se queda en minoría frente a la mayoría de la oposición, resultándole inviable sacar adelante en Pleno: “los Presupuestos Anuales, el Reglamento Orgánico, Las Ordenanzas fiscales, la aprobación que ponga fin a la tramitación de los instrumentos de planeamiento general de ámbito municipal”. No obstante, lo más llamativo es que esta figura se presenta únicamente a instancia del Alcalde.
Y claro, se entiende que cualquier político está insuflado de un mínimo de sentido común. Sin embargo, en muchos casos el regidor, totalmente consciente de su precariedad en cuanto al número de concejales, es incapaz de llegar a consensos con otras formaciones. Teniendo habitualmente conocimiento la oposición de los asuntos a debatir en el momento de ser notificados para asistir al Consejo Plenario correspondiente. Y si tú como edil no has participado en su preparación, se torna difícil el acuerdo: bien sea porque haya apartados susceptibles de mejoras; existan controversias con vecinos en otros; no mantengan la equidad exigida, presuntamente beneficiando a unos residentes y perjudicando a otros;…Además ante la duda sobre informes jurídicos o técnicos en cualquier punto, tal como establecen los artículos: 63.1.b) de la Ley 7/1985, de 2 de Abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local (LRBRL); y el 209.2, del Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales, aprobado por Real Decreto 2568/1986, de 28 de Noviembre; es obligatorio que los miembros de la Corporación hayan votado en contra del acuerdo que después se vean obligados a impugnar. No pudiendo recurrirlos ni los que no asistieron a la sesión, ni los que se abstuvieron.
Pero, si el Alcalde no plantea la Cuestión de Confianza, ni dimite, agarrándose a un clavo ardiendo pase lo que pase, no se tramitarán documentos básicos para la gestión municipal. Con lo que será muy difícil mantener el rigor presupuestario y abonar las facturas pendientes de los proveedores, amén de no poder solventar los problemas de los ciudadanos. Y si además sumamos que los grupos opositores no se ponen de acuerdo para censurar. Nos encontraremos ante una corporación a la deriva. ¿Pides su disolución (art. 61 LRBRL) y que se constituya una Comisión Gestora (art.183 de la LOREG), cuando has de contar con la aceptación del Consejo de Ministros? En el transcurso, algunos ya echarán mano de tránsfugas. Riéndose una vez más del denostado Pacto Antitransfuguismo. Un protocolo de buenas intenciones sobre el que nadie se atreve o ve factible legislar bajo el amparo de la vigente Constitución.
Nunca te ha ocurrido, después de escuchar a un político en la televisión hablando durante largo rato, preguntarte: “¿qué dijo?” Sinceramente, a mi me pasa continuamente. Y el motivo por el que no calan en la ciudadanía sus ideas puede deberse a múltiples factores.
Una parte de la población defiende que nuestros gobernantes son unos ineptos, la verdad es que algunos hacen méritos para ganarse a pulso el apelativo; otros, que son unos egoístas y que sólo piensan en ellos. Terminando por rendirse casi todos, ante la triste realidad, de que es imposible que logren dar con la solución a sus padeceres.
Mientras, estos cargos públicos para arreglarlo se tiran los trastos a la cabeza, en vez de buscar la razón por la que sus mensajes no se entienden, se recuerdan y propagan. Creyendo que el electorado es tonto e incapaz de discernir por sí mismo. Agrandando con ello, aún más si cabe, la brecha entre administradores y administrados.
Quizás el quiz de la cuestión radique en el hecho de que al adolecer de la formación suficiente sobre la materia que van a tratar parezca su alocución hueca y vacía. Incluso para disimular llegan a memorizar tres palabras básicas de esa asignatura, utilizándolas continuamente como muletillas. Sin embargo, si no existen preceptos coherentes que las hilvanen, el resultado es igualmente malo.
Nuestros postulados han de ser claros y sencillos; concretos; sumamente creíbles, ya que las mentiras siempre acaban destapándose; haciendo uso de la sorpresa y la emotividad; narrados a modo de historias. En sí la palabra es un don a trabajar por cualquier dirigente que se precie. Si no sabes comunicar a los demás tus creencias, ¿cómo pretendes que las asimilen y compartan? Y la imposición en pleno siglo XXI está descartada, ensañándonos la experiencia que cuando te obligan a hacer algo que para ti carece de sentido, nuestra reacción es automáticamente de rechazo.
En definitiva, necesitamos despertar el interés del oyente. Requerimos de un discurso que salga del montón, cual único y excepcional. Que enamore nada más oírlo. Que despierte nuestros sentidos e instintos. Que nos ilusione su melodía, haciéndonos soñar con que tal vez juntos conquistemos un mañana distinto. Pues será a partir de ahí, cuando nuestros pensamientos sean divulgadas viralmente a través de la suma de esfuerzos.
Estamos cansados de seres grises y anodinos, que aburren hasta el hartazgo, y que no inspiran ni confianza, ni el más mínimo ápice de espíritu hacia la lucha. ¿Y así cómo pretendemos avanzar? Desencadenando la cohabitación exclusiva entre la desidia y la apatía de los españoles, actitudes en las que cada día nos reafirman más.
Durante las últimas décadas la tecnología ha avanzado vertiginosamente, modificando consecuentemente las relaciones sociales. Los medios de difusión, hasta hace poco unidireccionales, enfocados particularmente a expandir un pensamiento único, han dado paso a la interactuación en el ciberespacio, con el dominio de los flujos informativos por parte del usuario. Si no estás presente en la red, simplemente, no existes. Pero esta realidad, de la que ya es imposible escapar, no termina de calar en el sector turístico español.
Preconizan los últimos informes, que muchas empresas en pro de una mayor austeridad en los gastos, con el fin de salvaguardar el óptimo resultado de sus ejercicios, destinarán al apartado de publicidad una menor cuantía. El medio mayoritariamente elegido será Internet, más barato que los tradicionales canales de comunicación de masas (prensa escrita, radio, TV…) y con un mejor ratio coste-repercusión.
Por otro lado, desde hace años los turistas optan por contratar los servicios de los que disfrutarán en sus vacaciones, de forma segmentada y directamente en los portales del prestador. Cada vez son menos los paquetes vendidos. Suplen al agente de viajes por las redes sociales, donde otros viajeros relatan sus experiencias, valorando: hoteles, compañías aéreas, destinos,…, opinión a la que otorgan una gran credibilidad. Igualmente es posible visitar directorios de empresas, donde podemos encontrar desde hoteles y restaurantes hasta empresas que ofrezcan actividades al aire libre o deportes de aventura. Si a esto sumamos la comodidad que supone comprar desde casa tranquilamente a cualquier hora, pudiendo comparar entre una extensa oferta, se convierte en el conducto comercializador por excelencia.
Sin embargo, tristemente, aún existen numerosas compañías españolas que no disponen de web, o las que tienen sólo es informativa, imposibilitando la transacción del cliente. En otros supuestos no cuidan su imagen en el medio, lo que es de suma importancia, porque una nimia negativa noticia puede alcanzar al instante la dimensión de una gran tempestad. Este económico y universal escaparate propagandístico es prácticamente desaprovechado.
Es inconcebible que la promoción de múltiples destinos patrios casi se ciña a la edición de un simple folleto a repartir en ferias y muestras, terminando antes de que el visitante salga de ellas en el cubo de la basura, lo que se traduce en una efectividad escasa y un impacto ecológico no deseado al despilfarrarse papel y no reciclarse. Los mundos virtuales, como “Second Life”, ya han sido descubiertos por resorts de países emergentes. Aunque nosotros obviemos este espacio global como posicionamiento de marca.
En cuanto a la fidelización del cliente, se puede recurrir, dentro igualmente de los avances tecnológicos: al envío de “Newsletter” por correo electrónico, informando de los eventos relevantes de la zona turística concreta, al aviso por SMS de la celebración de actos significativos en el lugar,…
El contexto vigente, exige desaprender teorías pasadas y aprender nuevas técnicas, no podemos continuar vendiendo nuestro producto de la misma forma que lo hacíamos hace veinte años. Resulta esencial conocer las modernas tendencias, información a suministrar por los Observatorios Turísticos. Sólo a través de la innovación alcanzaremos el éxito, lo contrario, en un destino maduro como el nuestro, supondría el declive.
(“Patio de la Casa”, Joaquín Sorolla y Bastida)
Joaquín Sorolla (1863-1923) supo abordar con suma maestría el retrato. Captando la esencia de los intelectuales del momento. Ya que no hay que olvidar que en el primer tercio del siglo XX, concretamente a partir de 1898, irrumpió en España el movimiento la Generación del 98, que junto a los institucionistas, regeneracionistas, Generación del 14 y posteriormente la del 27…, conformarán “La Edad de Plata”. Corrientes que anhelaban ante todo la recuperación de España. Coincidiendo dicho periodo con el ocaso del poder hegemónico territorial iniciado desde el siglo XVII, y que culmina con la pérdida las últimas colonias en ultramar.
Sus mágicos pinceles plasmaron la brillantez de dos de nuestros más comprometidos liberales: José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala. Testigo, este último, del ataque de hemiplejía sufrido por Sorolla en 1920. Hecho por el cual quedó incapacitado para volver a pintar y que lo consumiría lentamente hasta su muerte, acaecida el 10 de Agosto de 1923.
Todo ocurrió mientras retrataba a la esposa del que fuera su amigo y Director del Museo del Prado durante la Segunda República. El lugar elegido fue el jardín de su casa, de inspiración andaluza, al que dedicó múltiples instantáneas y que hoy alberga el Museo Sorolla. Más de setenta láminas que representan la madurez y serenidad de sus sentimientos, evolucionando hacia unos colores más fríos que en otros tiempos, donde destacan los depurados verdes y violetas. Dejándonos el escritor testimonio del triste suceso:
«Una fina y templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio. Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo, contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! “No puedo”, murmuró con lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible, y dijo: “Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?”»















