La madurez pictórica sorolliana comienza tras la Restauración

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Categoría: La relación de Sorolla con los liberales de su época

Mucho hemos comentado sobre ilustres liberales: José Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Unamuno, Benito Pérez Galdós, el Premio Nobel José Echegaray y Eizaguirre, Francisco Giner de los Ríos; y de su relación con el celebérrimo pintor valenciano, Joaquín Sorolla (1863-1923). Sin embargo, no hemos profundizado suficientemente en un periodo que marcó la existencia de un país y de una época: La Restauración. Y que con sus errores y aciertos, contribuyeron al despegue económico e intelectual nacional.

Régimen parlamentario sustentado en dos partidos políticos de corte liberal: el conservador de Antonio Cánovas del Castillo, y el progresista de Práxedes Mateo Sagasta. Consistente en la alternancia de ambas formaciones en el poder. Así Cánovas presidiría los siguientes gobiernos: 1875-1881; 1884-1885; 1890-1892; 1895-1897. Sagasta: 1881-1884; 1885-1890; 1892-1895; 1897-1902. Y el último estaría dirigido por el conservador Silvela, entre 1902 y 1903.

Siendo Cánovas quien ideó el denominado sistema de bipartidismo o turnismo, con el que se buscaba alcanzar la mayor estabilidad político-social. No obstante, tal intención quedaría desvirtuada al emplearse asiduamente mecanismos de fraude electoral: el encasillado o el pucherazo, en pro de erigir una elite política, que se apoyó en todo momento en el caciquismo.

El Jefe de Gabinete convocaba las elecciones, aunque anteriormente el Rey elaboraba una lista, preservando la mayoría para sus afines y ciertos puestos para la oposición, de tal modo que quedasen siempre en inferioridad.  La candidatura confeccionada era filtrada a los gobernadores civiles que debían conseguir su aprobación en las urnas.

Los caciques locales manipulaban censos electorales, incluyendo en él personas ya fallecidas, y excluyendo a otras vivas. Ejercían una política eminentemente clientelar, basada en lograr votos a cambio de favores: trabajos en el ayuntamiento, agilización en trámites burocráticos,…El lema que esgrimían resulta sumamente aclaratorio en cuanto a estos comportamientos: “para los enemigos la ley, para los amigos el favor”.

Una vez acabado este periodo comenzaría la que se considera la fase de madurez artística de Sorolla y que arranca en 1903 conSol de la Tarde”. Por lo que estimamos que si aspiramos a entender mejor a Sorolla y su obra, hay que situarlo en su contexto.

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Retrato de Galdós pintado por Sorolla

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Categoría: La relación de Sorolla con los liberales de su época

Entre los cuadros pintados por Joaquín Sorolla (1863-1923) se encuentra el celebérrimo retrato del escritor liberal canario: Benito Pérez Galdós, pintado en 1894. Imagen enormemente familiar para los españoles, ya que durante muchos años estuvo impresa en los antiguos billetes de mil pesetas.

Lienzo propiedad del Cabildo de Gran Canaria, quien lo adquirió en 1973, tras comprarlo a los nietos del simpar novelista. Y que habitualmente se encuentra colgado de las paredes de la Casa-Museo Pérez Galdós, sita en la capital de la isla.

Es en esa cosmopolita ciudad, punto de encuentro de culturas y civilizaciones, caracterizada por su tricontinentalidad, a caballo entre América, África y Europa, donde nace el más importante novelista nacional después de Cervantes. Concretamente el 10 de Mayo de 1843. Y será ahí donde comenzará a impregnarse del espíritu liberal de la época, gracias al aprendizaje adquirido en el Colegio San Agustín, en el que ingresó en 1852. Centro que divulgaba las corrientes imperantes en Europa a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Abogando por la búsqueda de la verdad a través de la observancia rigurosa de la realidad y la experimentación. Transmitiéndoles los docentes a sus pupilos las avanzadas teorías del momento, tales como la evolución de las especies de Darwin.

Su timidez y parquedad en palabras le acompañarán desde su niñez hasta el final de sus días. Así como su afición al dibujo y al piano. Siendo en su tierra natal donde comenzarán sus incursiones en el mundo de la literatura, mediante multitud de colaboraciones en los más populares periódicos insulares.

Después de cursar el bachillerato en el Instituto de la Laguna, marchará a Madrid para matricularse en la facultad de Derecho. No obstante, pronto abandonará los estudios para dedicarse en cuerpo y alma al noble arte de reflejar las vivencias de nuestra sociedad.

A pesar de no ser declarado el mentor de la Generación del 98, son numerosas las coincidentes características de este grupo con los textos galdosianos: su interés por el paisaje patrio; por las costumbres de sus gentes; su fascinación por los autores clásicos y sus personajes, y en especial por “El Quijote” de Cervantes. Recreando asiduamente en sus libros la paranoia, la esquizofrenia, la imposibilidad de distinguir entre el mundo real del inventado. Sin olvidar su  preocupación por la debilidad de España. Estado anclado en el pasado, incapaz de adaptarse al progreso. Por otro lado, su postura también fue siempre contraria a cualquier fanatismo dogmático.

Son propios de su estilo: la exactitud de sus descripciones; el conocimiento de la condición humana, que recrean en el lector la sensación de acontecimientos ya vividos. Destacando su maestría en el uso del diálogo, no buscando el preciosismo, sino la cercanía del lenguaje, sin eludir vocablos empleados cotidianamente por el pueblo, a pesar de que pudieran ser considerados un tanto soeces. Si populares fueron sus narraciones, no menos sus piezas teatrales. Aunque sin duda el máximo exponente de la genialidad de todos los tiempos serán sus “Episodios Nacionales”, que arrancan con la guerra romántica por excelencia, la de la Independencia. Su hechizo por España lo llevará a adentrarse en la política activa, inicialmente como diputado de la mano del partido liberal de Sagasta. Faceta que aprovecharán sus adversarios para emprender una campaña de desprestigio contra su obra y su persona, lo que propiciará que la academia sueca no le otorgue el Premio Nobel. Sin embargo, si se le concedió un sillón en la Real Academia de la Lengua Española.

Galdós murió en Madrid, cuyos habitantes en infinidad de veces describió, el 4 de Enero de 1920, ciego y pobre, pero vitoreado por sus residentes. Ese día su cuerpo inerte que yacía en su domicilio envuelto en la bandera española, salió de su hogar para dirigirse solemnemente al cementerio de la Almudena, acompañado por más de 20.000 madrileños.

Serán posteriormente los intelectuales de la generación del 14 (Ramón Pérez de Ayala, Madariaga) quienes más datos nos aportarán sobre la vida de Don Benito y su carácter singular: enamoradizo, dadivoso y desprendido por igual.

“En una ocasión don Gabino Pérez, su editor, le quiso comprar en firme sus derechos literarios de las dos primeras series de los Episodios nacionales por quinientas mil pesetas, una fortuna entonces. Don Benito replicó: «Don Gabino, ¿vendería usted un hijo?». Y, sin embargo, don Benito no sólo no disponía jamás de un cuarto, sino que había contraído deudas enormes. Las flaquezas con el pecado del amor son pesadas gabelas. Pero éste no era el único agujero por donde el diablo le llevaba los caudales, sino, además, su dadivosidad irrefrenable, de que luego hablaré. En sus apuros perennes acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca lechera de todos los usureros y usureras madridenses, a quienes, como se supone, había estudiado y cabalmente conocía en la propia salsa y medio típico, con todas sus tretas y sórdida voracidad. ¡Qué admirable cáncer social para un novelista! (Léase su Fortunata y Jacinta y la serie de los Torquemadas). Cuando uno de los untuosos y quejumbrosos prestamistas le presentaba a la firma uno de los recibos diabólicos en que una entrega en mano de cinco mil pesetas se convierte, por arte de encantamiento, con carácter de documento ejecutivo o pagaré al plazo de un año, en una deuda imaginaria de cincuenta mil pesetas, don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraídos le llevaban casi todo lo que don Benito debía recibir por liquidaciones mensuales de la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte de don Benito, un periodista averiguó por esto su precaria situación económica y la hizo pública, con que se suscitó un movimiento general de vergüenza, simpatía y piedad(…). A principios de mes acudían a casa de don Benito, o bien le acechaban en las acostumbradas calles, atajándole al paso, copiosa y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Dios; pertenecían a ambos sexos y las más diversas edades, muchos de ellos de semblante y guisa asaz sospechosos; todos, de vida calamitosa, ya en lo físico, ya en lo moral, personajes cuyas cuitas no dejaba de escuchar evangélicamente(…). Don Benito se llevaba sin cesar la mano izquierda al bolsillo interno de la chaqueta, sacaba esos papelitos mágicos denominados billetes de banco, que para él no tenían valor ninguno sino para ese único fin, y los iba aventando.”

Ramón Pérez de Ayala, «Más sobre Galdós», en Divagaciones literarias, Madrid: Biblioteca Nueva, 1958, pp. 162–163.

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Retratos de Echegaray pintados por Sorolla

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Categoría: La relación de Sorolla con los liberales de su época

El primer Premio Nobel español, José Echegaray y Eizaguirre (1832-1916), fue también retratado por Joaquín Sorolla (1863 -1923). Uno de dichos cuadros es propiedad del Banco de España, que data de 1905 y otro de 1910  perteneciente a The Hispanic Society of Americade Nueva York.

Echegaray fue un gran pensador liberal: ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, matemático, político y dramaturgo español.

Está considerado el más grande matemático nacional del siglo XIX. Introdujo en nuestro país la geometría de Chasles, la teoría de Galois y las funciones elípticas. Escribiendo libros de gran interés para la ciencia, a la que situó con su trabajo en la esfera europea.

Al igual que los intelectuales de su tiempo, fue tremendamente crítico con el retraso en el que estaba sumida España. Fechando los orígenes del liberalismo y del florecimiento de la ciencia en nuestro territorio en el periodo comprendido durante la ocupación arábiga, entre el año 900 de su llegada hasta su expulsión. Estimándolos por tanto como precursores de los escolásticos. Teoría que albergan igualmente otros estudiosos contemporáneos. Para él desde esa etapa  hasta el momento de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias, el 11 de Marzo de 1866esta materia había sufrido un aletargamiento. Palabras por las que recibió una dura contestación:

“Si prescindiendo de aquellos siglos en que la civilización arábiga hizo de España el primer país del mundo en cuanto a la ciencia se refiere, sólo nos fijamos en la época moderna, y comenzamos a contar desde el siglo XV, bien comprendéis que no es ésta, ni puede ser ésta, en verdad, la historia de la ciencia en España, porque mal puede tener historia científica, pueblo que no ha tenido ciencia. La imperfecta relación que habéis oído, es resumen histórico de la ciencia matemática sí, pero en Italia, en Francia, en Inglaterra, en Holanda, en Alemania, en Suiza, que es donde renace la geometría cartesiana, la teoría de ecuaciones, el análisis algebraico, la teoría de los números, los cálculos del infinito, el análisis indeterminado, el cálculo combinatorio, la moderna geometría trascendente y la teoría de las curvas: es la historia de la ciencia allá donde hubo un Viete, un Descartes, un Fermat, un Harriot, un Wallis, un Newton, un Leibnitz, un Lagrange, un Cauchy, un Jacobi, un Abel; no es la historia de la ciencia, aquí donde no hubo más que látigo, hierro, sangre, rezos, braseros y humo».

Hombre de gran reputación fuera y dentro de nuestras fronteras: cuatro veces ministro y dos Presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; Presidente del Ateneo de Madrid; Director de la Real Academia Española, senador vitalicio,…

Como Ministro de Fomento realizó la Ley de Bases de Ferrocarril. Y cuando ostentó la cartera de Hacienda optó por darle al Banco de España carácter nacional, otorgándole el monopolio de la emisión de billetes. Intervención gubernamental contraria a las ideas de la Escuela Austriaca. Sin embargo, defendió denodadamente el libre comercio y ante todo abogó por un presupuesto estatal equilibrado. Vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, apeló por el librecambismo y la apertura exterior de la agricultura y de la industria española. Profundo conocedor de los liberales clásicos: Smith, Mill,…

Mas el olvido al que ha sido sometido, se muestra por lo expuesto de inusitada injusticia. Tal vez porque ha prevalecido de su polifacética actividad, especialmente su labor de dramaturgo. Obras teatrales consideradas por la generación del 98, al igual que los lienzos de Sorolla, poco comprometidas con los problemas que padecía la sociedad de su época.

Piezas exponentes de un Romanticismo tardío, donde con un lenguaje grandilocuente, alternó el verso y la prosa. Persiguiendo simplemente entretener a su público, el cual lo adoraba. Sus representaciones tenían una enorme acogida, como también las de Galdós, de vertiente realista y costumbrista. No así las de los noventaochistas, incomprendidas por los espectadores que adolecían quizás aún de la formación intelectual necesaria para ello. Tengamos en cuenta que la tasa de analfabetismo en aquel entonces se situaba en torno al 60%.

Tal era el grado de animadversión, que cuentan que en una ocasión Valle Inclán necesito una transfusión y cuando Echegaray al enterarse acudió al hospital para donar su sangre, éste al verlo le dijo al médico: “De ese no quiero sangre, doctor, la tiene llena de gerundios.”

A pesar de ello parece factible concebir que la academia sueca lo eligiera para entregarle el Premio Nobel en 1904 por esta y no otra aportación, galardón compartido con el poeta provenzal Frédéric Mistral. Motivada, intuimos, tras la puesta en escena de “O Locura o Santidad”, estrenada en el Teatro Real de Estocolmo en 1895 con enorme éxito.

Si bien Echegaray se definía esencialmente como un matemático:

«Las matemáticas forman una salsa que viene bien a todos los guisos del espíritu. Las matemáticas armonizan con la música y con el arte en general. Ocasiones hubo en que el afán y la necesidad de ganar dinero me animaron a cultivar la dramática. Pero mi afición a las matemáticas fue constante, era más desinteresada, más pura, más honda, más grande, en una palabra. La política está por debajo de estas otras aficiones. Nunca encontré en ella ese placer íntimo que las matemáticas y la literatura me producían. Reconocí siempre que la política era necesaria en las sociedades modernas, porque con todas sus impurezas es elemento de progreso. Pero nada más. Fui político leal y sincero, y a veces político ardiente, pero la fiebre pasaba pronto y me quedaba tan tranquilo».

Sin duda alguna una virtuosa figura de nuestra historia, que se merece el mayor de los honores y el más vivo recuerdo. Su proyección en aquel momento fue tal que incluso en Canarias una calle del barrio de San Antonio, sito en el municipio de Telde, Gran Canaria, cuyas primeras edificaciones datan de dicho periodo, lleva su nombre. Y no erraríamos en imaginar que igualmente habrá más en la geografía peninsular.

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Galicia y España, vista por Sorolla y Madariaga

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Categoría: La relación de Sorolla con los liberales de su época

Otro liberal magistralmente retratado por Joaquín Sorolla (1863-1923) sería Salvador de Madariaga y Rojo, abanderado del movimiento pro europeo. Ilustre gallego que se definía así: “Por mis raíces soy celta, por mis orígenes español y por mi vocación europeo”.

Nació en 1886, en el seno de una familia acomodada. Estudiaría en España y París, donde obtendría el título de ingeniero. Aunque pronto se decantó por las letras. Cultivando a lo largo de su vida el ensayo, periodismo, poesía, novela, teatro e historia.

Se adhirió a la denominada “Generación del 14”, capitaneada por José Ortega y Gasset, junto a otros como Ramón Pérez de Ayala, de la que surgió la “Liga de Educación Política”. Persiguiendo con ello una función pedagógica. Ya que esgrimían que resultaba imposible construir una nación de hombres libres, cuando sus ciudadanos estaban llenos de prejuicios y supersticiones, males alimentados por el elevado analfabetismo existente. Por lo que para avanzar hacia la tolerancia y el imperio de la razón, era necesario comenzar por la  formación básica.

En 1916 se marchará a Londres, contratado por el diario “The Times” para que informara de lo acontecido en la Primera Guerra Mundial. El prestigio alcanzado por su labor le valdrá su ingreso en la Secretaría de la Sociedad de las Naciones en 1921. Puesto que abandonará para incorporarse como profesor de literatura en la Universidad de Oxford.

Madariaga será del grupo de intelectuales llamados a participar en la Segunda República, desempeñando diversos cargos: diputado por la Coruña, Ministro de Instrucción Pública, embajador,…Tras el Alzamiento del 18 Julio de 1936 partirá de nuestro país con rumbo a Gran Bretaña. Constituyéndose en el azote mediático en el exterior del régimen franquista.

En 1947 será nombrado Presidente de la “Internacional Liberal”.

Su sueño era transformar  el viejo continente en “Los Estados Unidos de Europa”. Plantando su semilla en 1949, al inaugurar el “Colegio de Europa”. Institución dedicada al estudio de temas europeos. Por sus aulas han pasado numerosos diplomáticos, políticos y funcionarios de la Unión.

Confiriéndosele múltiples galardones: el Pemio Ghoete en 1967; el Carlomagno en 1972 por su contribución europeísta; incluso fue nominado en 1951 y 1953 para los Premios Novel de la Paz y Literatura,…Sin embargo, el acto más emotivo se produjo en 1979, después de su muerte, cuando el Rey de España entregó al Presidente de la Asamblea Europea el busto de Don Salvador, para colocarlo en el organismo junto a los de Churchill, Adenauer, De Gasperi y Schuman.

A pesar de residir durante mucho tiempo alejado de su tierra natal. En cierta ocasión Madariaga le confesó a un reportero que le entrevistaba:

“Los primeros doce años de mi vida fueron definitivos, en cuanto estamparon Galicia en mi ser. No me di cuenta de ello hasta el año 1928, cumplidos los cuarenta y cuatro de edad. Visitaba yo el Museo de la Sociedad Hispánica de América en Nueva York e iba recorriendo los salones y contemplando los cuadros en que Sorolla pinta las regiones españolas. Al llegar al de Galicia sentí, de repente, un golpe en la boca del estómago.”

Amor hacia una comunidad, que le supo insuflar su padre mediante la fraternal lectura de los poemas de Rosalía de Castro. De ellos extraigo los siguientes versos, que evocan la pasión atribuida al pintor y al escritor al emprender cualquier faceta:

“En el alma llevaba un pensamiento, una duda, un pesar, tan grandes como el ancho firmamento, tan hondos como el mar.

De su alma, en lo más árido y profundo, fresca brotó de súbito una rosa, como brota una fuente en el desierto, o un lirio entre las grietas de una roca.”


IV. Galicia y España, vista por Sorolla y Madariaga –
(c) –
Ibiza Melián


🎨 Castilla, Sorolla y Giner

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Categoría: La relación de Sorolla con los liberales de su época

La lucha por la recuperación nacional

Decía el gran pensador José Ortega y Gasset que existían dos Españas, dos almas contrapuestas que rivalizaban entre sí e impedían que se produjese el anhelado progreso. Y a veces parece que seguimos igual. Lo digo porque supuestamente persistimos en catalogar a los grandes intelectuales en un bando u otro. De tal manera que según al que pertenezcan los calificamos como buenos o malos. Lo cual resulta paradójico, puesto que cuando un pueblo desea avanzar ha de ser capaz de mirar su historia sin apasionamiento. Dado que solo vale aprender del ayer para no cometer los mismos errores. Además, la gama cromática de los sucesos nunca suele ser blanca o negra, sino que alberga infinidad de matices.

Si analizamos la fecundidad ideológica y cultural de la Edad de Plata, a la que pertenecen los hombres y mujeres de la generación del 98, del 14 y del 27, sus maravillosos logros quedan eclipsados por relatos difusos. Biografías y hechos en muchas ocasiones quizás tergiversados por una interesada utilización propagandística en varios momentos y por diferentes sectores.

Vida y obra de Sorolla

Y algo similar ocurre con la figura de Sorolla, hasta hace poco casi un desconocido para el público en general. Sin embargo, gracias al éxito de las distintas exposiciones de Joaquín Sorolla (1863-1923) celebradas en el 2009, nos hemos adentrado en su vida y obra.

Si bien, al pintor valenciano se lo criticó durante largo tiempo por su hipotético escaso compromiso con la sociedad del momento. Se aducía que revelaba en sus cuadros una imagen irreal de ella. Algunos de los calificativos que le confirieron estaban llenos de desprecio hacia sus lienzos.

Mas hoy sabemos que no fue así. Concretamente en el caso de las celebérrimas Visiones de España. Ahora conocemos que con estos murales mostró su preocupación por la recuperación nacional, al igual que el resto de contemporáneos liberales (el nobel José Echegaray y Eizaguirre, Benito Pérez Galdós, Unamuno, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga…). Asumió como suya la corriente institucionista, fundamentada en el Krausismo, influenciado por su amigo Francisco Giner de los Ríos. Alma de la mítica Institución Libre de Enseñanza, de la que salieron los destacados protagonistas de esa época.

El encargo de la Hispanic Society

Los paneles fueron un encargo del fundador de la Hispanic Society de Nueva York, Archer Milton Huntingtong, en 1911. Quien pretendía transmitir con ellos los usos y costumbres de España y Portugal mediante imágenes que fueran fácilmente comprendidas en Estados Unidos. Motivo por el que exigió a Sorolla que los personajes dibujados estuvieran ataviados con los trajes típicos. Asimismo, requirió que se hiciera hincapié en la región andaluza, a la que se dedican cinco de los catorce paneles, al vislumbrar esa zona como presumible destino turístico masivo para los norteamericanos. En detrimento de París o Italia que era la opción mayormente escogida en aquel entonces por los estadounidenses.

Ardua labor a la que se dedicó el genio de la luz durante siete años, en los que recorrió cada uno de los rincones de los parajes elegidos. Comenzó en marzo de 1912 por Oropesa y terminó en junio de 1919 en Ayamonte. En su configuración empleó las señas que para los institucionistas caracterizaban a España:

•    El pueblo: Considerado por este movimiento como los verdaderos protagonistas de nuestra historia. Los ciudadanos anónimos que trabajan duramente jornada tras jornada, con una especial atención hacia los campesinos. Calificada por Unamuno como la «intrahistoria».

•    El Paisaje: Principalmente el de Castilla, como símbolo de nuestra patria. Francisco Giner de los Ríos pensaba que el Guardarrama era la columna vertebral de España, mientras Toledo y Ávila se erigían como dos de las ciudades más emblemáticas. Elementos que utilizará el pintor para esbozar la Castilla ideal, que será el panel que más tiempo le lleve.

•   Los monumentos: Nuestro patrimonio arquitectónico era concebido como fuente de riqueza y exponente identitario.

La apertura hacia la libertad

Por otro lado, también participó en la Junta para la Ampliación de Estudios, creada en 1907 y disuelta al instaurarse el régimen franquista. Organismo suscitado igualmente por el influjo de Giner y su idea de sacar a nuestro país del retraso en el que estaba sumido: a través del conocimiento, la apertura hacia Europa y la libertad.

En suma, la implicación real del artista nada tiene que ver con lo que se contaba de él.


III.Castilla, Sorolla y Francisco Giner de los Ríos –
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Ibiza Melián

Nota: Texto perteneciente al ensayo La relación de Sorolla con los liberales de su época, de Ibiza Melián.