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Animismo y chamanismo

En la creencia animista el símbolo es fundamental. Animismo cuya doctrina pivota sobre que todo ha sido bendecido por la divinidad con una brizna de su esencia. Por consiguiente, cada ser u objeto está relacionado entre sí. Y en esa creencia primigenia surge la figura del chamán. Quienes cultivan la habilidad de extraer de su entorno el saber que les proporciona la Madre Tierra. El chamán pasa por un proceso de iniciación en el que muere y renace. Solamente tras este renacimiento el chamán se transforma en un ser iluminado.

El sentido de la existencia

Llega un momento en la vida en el que emergen las sempiternas preguntas: «¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?». Interrogantes que se muestran a modo de acertijo y cuya respuesta se condensa en el axioma del frontispicio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses». Y estas cuestiones trascendentales eran las que el iniciado trataba de desentrañar por medio del rito esotérico correspondiente. Mientras que los símbolos lo ayudaban a encontrar el camino, a conseguir que las bodas alquímicas procrearan al Rebis.

El misticismo cristiano

El fin último del cristianismo era que la grey se mantuviese unida para posibilitar la segunda venida de Cristo, la parusía, y con ella la salvación. Por eso se evitaba aquello que ocasionase fricción dentro del grupo. Así que asimilaron a la Sabiduría, conocimiento, con la propia institución eclesial. La establecieron como la única vía que llevaba a la unificación. Pero en esencia el misticismo cristiano contiene los mismos elementos que el resto de filosofías contemplativas, tan rico y colorido simbólicamente como ellas.