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Los símbolos fundamentales

Existen unos «símbolos fundamentales» presentes en todas las culturas. Alegorías de la emanación divina que remueven el interior del individuo. Entre estas figuras cabe citar en un lugar preeminente a las formas geométricas elementales: el círculo, el triángulo y el cuadrado. El círculo representa el cielo. Por su parte la tradición ancestral planteaba que en los inicios solo existía el Uno, el Creador con su propio pensamiento. Pero un día necesitó comunicarse y surgió el Dos, la palabra. En tanto el Tres era el encargado de conectar el Uno con el Dos, de que ambos lograran el equilibrio. En terminología cristiana: Dios, el Hijo y el Espíritu Santo. De manera que el Tres constituye el triángulo. Y dos triángulos rectángulos unidos conforman un cuadrado, la materia.

Animismo y chamanismo

En la creencia animista el símbolo es fundamental. Animismo cuya doctrina pivota sobre que todo ha sido bendecido por la divinidad con una brizna de su esencia. Por consiguiente, cada ser u objeto está relacionado entre sí. Y en esa creencia primigenia surge la figura del chamán. Quienes cultivan la habilidad de extraer de su entorno el saber que les proporciona la Madre Tierra. El chamán pasa por un proceso de iniciación en el que muere y renace. Solamente tras este renacimiento el chamán se transforma en un ser iluminado.

El Círculo de Eranos

La denominación de Círculo de Eranos corresponde a las congregaciones anuales de una serie de intelectuales en el pueblo suizo de Ascona. Reuniones que tenían como fin debatir en torno al simbolismo. El primer encuentro fue en 1933 y las asambleas se mantuvieron con una gran vivacidad hasta su declive a partir de 1978. Su objetivo era establecer un puente entre Oriente y Occidente. En cuanto a sus figuras prominentes cabe citar al psicólogo Carl Gustav Jung, al islamólogo Henry Corbin, al investigador cabalista Gershom Scholem, al mitólogo Joseph Campbell o a Mircea Eliade.

El sentido de la existencia

Llega un momento en la vida en el que emergen las sempiternas preguntas: «¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?». Interrogantes que se muestran a modo de acertijo y cuya respuesta se condensa en el axioma del frontispicio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses». Y estas cuestiones trascendentales eran las que el iniciado trataba de desentrañar por medio del rito esotérico correspondiente. Mientras que los símbolos lo ayudaban a encontrar el camino, a conseguir que las bodas alquímicas procrearan al Rebis.

El misticismo cristiano

El fin último del cristianismo era que la grey se mantuviese unida para posibilitar la segunda venida de Cristo, la parusía, y con ella la salvación. Por eso se evitaba aquello que ocasionase fricción dentro del grupo. Así que asimilaron a la Sabiduría, conocimiento, con la propia institución eclesial. La establecieron como la única vía que llevaba a la unificación. Pero en esencia el misticismo cristiano contiene los mismos elementos que el resto de filosofías contemplativas, tan rico y colorido simbólicamente como ellas.