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La creación como pura armonía

Los antiguos egipcios estimaban que todo debía respetar el principio de la Maat, la armonía que gobierna cada acto. Armonía presente en la música. Música primordial para Pitágoras y con la que afirmaba curar. Puesto que la enfermedad era síntoma de desequilibrio, en tanto lo equilibrado era lo sano. Además, la música permitió a Orfeo enternecer al mismísimo Hades y convencerlo para que le entregase a su amada Eurídice. Armonía que también subyace en las obras maestras pictóricas. Cuadros en los que la vibración del color emula a la musical. Armonía plena que alcanza el ser humano cuando ha retornado a la unidad, cuando la materia y el espíritu se disuelven en el Absoluto.

Animismo y chamanismo

En la creencia animista el símbolo es fundamental. Animismo cuya doctrina pivota sobre que todo ha sido bendecido por la divinidad con una brizna de su esencia. Por consiguiente, cada ser u objeto está relacionado entre sí. Y en esa creencia primigenia surge la figura del chamán. Quienes cultivan la habilidad de extraer de su entorno el saber que les proporciona la Madre Tierra. El chamán pasa por un proceso de iniciación en el que muere y renace. Solamente tras este renacimiento el chamán se transforma en un ser iluminado.

Guenón contra la corriente creada por Papus

La base de Louis Claude de Saint-Martin, doctrina sanmartiana, y de Jean-Baptiste Willermoz, Rito Escocés Rectificado, es la teoría de «la reintegración del ser» de Martinez de Pasqually, martinezismo. Es decir, el individuo a causa del pecado original se transformó en algo degradado, de manera que debe tratar de pulir su piedra para convertirse en lo que nunca debió dejar de ser. Y cuanto más se acerque a la divinidad mayor será su perfeccionamiento. Además, Saint Martin prescribe que la «vía cardiaca» es la única que se ha de seguir para llegar hasta Dios.

El sentido de la existencia

Llega un momento en la vida en el que emergen las sempiternas preguntas: «¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?». Interrogantes que se muestran a modo de acertijo y cuya respuesta se condensa en el axioma del frontispicio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses». Y estas cuestiones trascendentales eran las que el iniciado trataba de desentrañar por medio del rito esotérico correspondiente. Mientras que los símbolos lo ayudaban a encontrar el camino, a conseguir que las bodas alquímicas procrearan al Rebis.

El misticismo cristiano

El fin último del cristianismo era que la grey se mantuviese unida para posibilitar la segunda venida de Cristo, la parusía, y con ella la salvación. Por eso se evitaba aquello que ocasionase fricción dentro del grupo. Así que asimilaron a la Sabiduría, conocimiento, con la propia institución eclesial. La establecieron como la única vía que llevaba a la unificación. Pero en esencia el misticismo cristiano contiene los mismos elementos que el resto de filosofías contemplativas, tan rico y colorido simbólicamente como ellas.