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La prisca theologia

El Renacimiento El Renacimiento fue una época de prosperidad para Europa. Mientras que la peculiaridad de la Edad Media había sido la pobreza. Etapa en la que predominó el feudalismo. Dado que debido al azote infligido por los musulmanes a las costas europeas la población se tuvo que retirar hacia el interior, abocada a centrarse […]

La imagen cultual

La Biblia negaba toda posibilidad de venerar a una imagen, considerado como idolatría. Empero, el cristianismo, eminentemente paulino, recibió una profunda impronta del mundo helénico. De ahí que se asumiera la perspectiva de la imagen de esta cultura. Y ante una grey cristiana mayormente iletrada se empleó con un fin didáctico. Porque Cristo era el Verbo Encarnado, el Todopoderoso hecho hombre. Por consiguiente, contemplar a Jesús, comportaba la presencia del «Padre». Figura que supuso para los místicos, el clero instruido, la vía para llegar a la iluminación.

El ser espiritual

Los gnósticos clasificaban a las personas en tres clases. Las primeros eran las subordinadas estrictamente a la materia. Después estarían los psíquicos, poseedores de un cierto equilibrio entre materia y espíritu. Y, por último, se ubicarían los espirituales, aquellos que han descubierto en su interior el fragmento del Creador. Místicos que al encontrarse con su genuina esencia adquieren el conocimiento, se transforman internamente.

La creación como pura armonía

Los antiguos egipcios estimaban que todo debía respetar el principio de la Maat, la armonía que gobierna cada acto. Armonía presente en la música. Música primordial para Pitágoras y con la que afirmaba curar. Puesto que la enfermedad era síntoma de desequilibrio, en tanto lo equilibrado era lo sano. Además, la música permitió a Orfeo enternecer al mismísimo Hades y convencerlo para que le entregase a su amada Eurídice. Armonía que también subyace en las obras maestras pictóricas. Cuadros en los que la vibración del color emula a la musical. Armonía plena que alcanza el ser humano cuando ha retornado a la unidad, cuando la materia y el espíritu se disuelven en el Absoluto.

Los símbolos fundamentales

Existen unos «símbolos fundamentales» presentes en todas las culturas. Alegorías de la emanación divina que remueven el interior del individuo. Entre estas figuras cabe citar en un lugar preeminente a las formas geométricas elementales: el círculo, el triángulo y el cuadrado. El círculo representa el cielo. Por su parte la tradición ancestral planteaba que en los inicios solo existía el Uno, el Creador con su propio pensamiento. Pero un día necesitó comunicarse y surgió el Dos, la palabra. En tanto el Tres era el encargado de conectar el Uno con el Dos, de que ambos lograran el equilibrio. En terminología cristiana: Dios, el Hijo y el Espíritu Santo. De manera que el Tres constituye el triángulo. Y dos triángulos rectángulos unidos conforman un cuadrado, la materia.