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La imagen cultual

La Biblia negaba toda posibilidad de venerar a una imagen, considerado como idolatría. Empero, el cristianismo, eminentemente paulino, recibió una profunda impronta del mundo helénico. De ahí que se asumiera la perspectiva de la imagen de esta cultura. Y ante una grey cristiana mayormente iletrada se empleó con un fin didáctico. Porque Cristo era el Verbo Encarnado, el Todopoderoso hecho hombre. Por consiguiente, contemplar a Jesús, comportaba la presencia del «Padre». Figura que supuso para los místicos, el clero instruido, la vía para llegar a la iluminación.

La creación como pura armonía

Los antiguos egipcios estimaban que todo debía respetar el principio de la Maat, la armonía que gobierna cada acto. Armonía presente en la música. Música primordial para Pitágoras y con la que afirmaba curar. Puesto que la enfermedad era síntoma de desequilibrio, en tanto lo equilibrado era lo sano. Además, la música permitió a Orfeo enternecer al mismísimo Hades y convencerlo para que le entregase a su amada Eurídice. Armonía que también subyace en las obras maestras pictóricas. Cuadros en los que la vibración del color emula a la musical. Armonía plena que alcanza el ser humano cuando ha retornado a la unidad, cuando la materia y el espíritu se disuelven en el Absoluto.

El sentido de la existencia

Llega un momento en la vida en el que emergen las sempiternas preguntas: «¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?». Interrogantes que se muestran a modo de acertijo y cuya respuesta se condensa en el axioma del frontispicio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses». Y estas cuestiones trascendentales eran las que el iniciado trataba de desentrañar por medio del rito esotérico correspondiente. Mientras que los símbolos lo ayudaban a encontrar el camino, a conseguir que las bodas alquímicas procrearan al Rebis.

El misticismo cristiano

El fin último del cristianismo era que la grey se mantuviese unida para posibilitar la segunda venida de Cristo, la parusía, y con ella la salvación. Por eso se evitaba aquello que ocasionase fricción dentro del grupo. Así que asimilaron a la Sabiduría, conocimiento, con la propia institución eclesial. La establecieron como la única vía que llevaba a la unificación. Pero en esencia el misticismo cristiano contiene los mismos elementos que el resto de filosofías contemplativas, tan rico y colorido simbólicamente como ellas.