Capítulo IX: Clara Campoamor y su ardua lucha

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Categoría: Historias de un pueblo

El olor a cocido traspasaba la puerta, guiándome su aroma hasta un rebosante plato servido sobre la mesa. En el centro una cacerola repleta de pan humeante, recién sacado del horno de leña que está en el patio. Hoy mi padre había puesto el mantel que guardaba celosamente en la alacena. Blanco, salpicado por multitud de rosas caladas décadas atrás por las laboriosas manos de mi difunta madre. Por lo que aquel pedazo de tela se erigía como el más valioso tesoro de nuestra humilde morada.

Y es que Pedro Gutiérrez, a pesar de permanecer atado a su perenne silla de ruedas, gustaba mostrarse al mundo con su mejor cara. Sonriéndole hasta el último instante de su existencia. Viviendo su ocaso entre los recuerdos de un ayer fenecido y el cariño de sus seres más queridos.

Fue uno de aquellos niños de la guerra. Huérfano desde su más tierna infancia. A su madre nunca la conoció, ya que murió en el mismo momento del parto. De su padre jamás supo su identidad. Criado por sus abuelos junto a su hermana gemela Clara, a la que inmensamente idolatraba. A ninguno de los dos nadie les enseñó a leer ni escribir en su niñez, ni siquiera a contar. Pues Pedro debía arar las tierras de don Oprobio, el amo y señor de la finca donde habitaban. El que fuera progenitor del actual Alcalde. Mientras, Clara cosía en su casa a cambio de unas míseras monedas.

Mi bisabuela me contaba, que su hija eligió el nombre de Clara en honor a Clara Campoamor, con la que se sentía plenamente identificada. Principalmente, por lo que aquella política liberal e independiente significó, en una época en la que la mujer era menos que nada. Quien lograra incluir en la Constitución de 1931 el siguiente mandato: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes».

Pero no sólo propició la instauración del denominado voto femenino, sino que luchó denodadamente por la igualdad legal de los hijos dentro y fuera del matrimonio. En definitiva, por una España más justa y equitativa. En su primer libro editado igualmente en 1931, El derecho de la mujer, ya preconizaba: «El siglo XX será, no lo dudéis, el de la emancipación femenina…Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad».

Y como ella, mi tía, ya a avanzada edad, gracias a su esposo Juan, inició sus estudios. Licenciándose en Derecho muchos años después. Tal vez el espíritu de superación de Clara Campoamor de ella se apoderó, conectando místicamente con sus pensamientos y su mente. Terminando por enraizar poderosamente en el alma de su hija Libertad.

Lamentablemente, cada una de ellas sufrió, en mayor o menor grado, la humillación e incomprensión de los rescoldos de un machismo acerado. Larvado en la mentalidad de siniestros sujetos que silenciosamente tejían el oscuro futuro de Matahambre.

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Capítulo VIII: Un 70% de fracaso escolar

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Categoría: Historias de un pueblo

La algarada juvenil comenzaba a escucharse. Era el inicio del recreo. Nítidamente se percibían los juegos y las risas de los muchachos que se divertían en el patio del centro educativo, colindante a la casa de mi prima Libertad. Disfrutando ajenos de la honda aflicción que poco a poco se apoderaba de las almas de los que residían en Matahambre.

Recogí la mesa. Tornando Libertad a su sillón y sus libros. Cual espíritu errante se volvió a sumergir en sus más profundos recuerdos. Albergando la incipiente esperanza de encontrar un pasaje escrito que le mostrara el modo de acabar con su pena. Cerré la puerta y la dejé allí. En aquella casa solariega de paredes blancas, salpicada de coloridas flores que cubrían casi por completo su fachada. Aunque hoy algo era diferente en el ambiente. Esparcidas por la acera multitud de hojas secas que anunciaban que el otoño ya estaba aquí, y con él las interminables tardes de lluvia con sus nubes grises.

A escasos metros me topé con Benito, el director del Instituto de Educación Secundaria Manuel Bartolomé Cossío. El que fuera mi maestro y el causante del interés de Libertad por la literatura liberal. De pie, ante la entrada del centro educativo, limpiaba la placa que presidía la institución y en la que se podía leer: «Debes afirmar la verdad sólo porque y en cuanto la conoces, no porque otro la conozca: sin el propio examen no debes afirmar ni negar cosa alguna». Fragmento extraído de los postulados del filósofo alemán Friedrich Krause (1781-1832). Declarándose Benito un consumado krausista.

Buenos días le dije, a lo que me respondió contrariado: «serán para ti». Fue entonces, tras semejante contestación, cuando le pregunté por lo que le pasaba. Iniciando el sempiterno docente un encendido alegato:

¿Sabías Pedrín que en este pueblo el 70% de los adolescentes abandonan la escuela antes de terminar cuarto de la ESO? Se marchan sin un mínimo título bajo el brazo. Su única aspiración estriba en que por medio de Golfi en el Ayuntamiento sean contratados.

»Con casi 18 años son empleados en la corporación, destinándolos a labores varias. Nadie les exige, ni les anima a que con sus estudios prosigan. Trabajan unos meses y otros están en el paro, viviendo de la correspondiente prestación. Cuando pasan de los 25 se encuentran en la calle, sin profesión, ni oficio. Y es más, sin futuro, ni beneficio. Carne de cañón cuando llega una crisis como por la que actualmente atravesamos.

»Y es que a veces pareciera que nadie comprende que las Administraciones Públicas se mantienen  de los tributos que abonan las personas físicas o jurídicas. Si no existe actividad empresarial escasos recursos se podrán ingresar en las arcas municipales. Con lo que consecuentemente el consistorio se verá obligado a reducir plantilla y servicios. Mermando nuestra calidad de vida local.

»Mas llegados a este punto, algunos políticos iluminados optan por subir los ya de por sí elevados impuestos. Gravando abusivamente las propiedades que tantos años nos ha costado al banco pagar. Pequeño patrimonio que uno espera algún día legar a sus hijos y que a este paso dejaremos inevitablemente por el camino. Provocando con ello que se pongan más viviendas a la venta, lo que altera el libre mercado. Ocasionando rápidamente una mayor caída de precios al existir más oferta de la que se demanda. Disipándose en un instante los frutos de décadas de ardua labor, de sacrificios: sin años de vacaciones, sin fines de semana de cine, sin cenas románticas, o utilizando la misma ropa temporada tras temporada. Lo que previamente se cuantificaba en 300.000 en este momento ya no vale ni 100.000 euros.

»Aun así Golfi y los suyos prometen colocar en el Ayuntamiento a todo aquel que su apoyo les quiera dar. Gastos que sufragarán incrementando la tributación, con especial incidencia en el Impuesto de Bienes Inmuebles. Aplastando más las posibilidades del sufrido contribuyente. Invirtiendo en viajes y agasajos. Y quitando de las partidas dedicadas a educación. Que cuanto menos sepa el pueblo más fácil resultará su engaño. Y para cuando esos jóvenes de hoy, que disponen de un sueldo en el bolsillo cada mes para en diversos menesteres gastar, alcancen los 25 y se den cuenta del camelo, ya será demasiado tarde. Quedándoles a partir de ahí una larga vida por delante, repleta de penurias y lamentos.

»¿Y Golfi que hará? Reírse de la enorme fortuna que logró amasar en una comarca donde él se quedaba el pan, a cambio de regalar exiguas migajas esporádicamente a determinados vecinos. Mientras en Matahambre lloraremos de lo mucho que hemos perdido.

Ya era la hora de almorzar y caminé calle abajo hacia mi casa. Meditando sobre las amargas palabras de Benito, el maestro krausista. Sin tampoco olvidar la historia de Miguel o Manuel o inclusive la de Luis y su amada Libertad. Ni siquiera la de la taciturna Soledad.

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Capítulo VII: Sorolla regresa con honores a Valencia

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Toqué, pero nadie me abrió. Empujé la puerta y la vi en el salón. Tendida en el sillón, con la cabeza recostada. Un libro tirado en el suelo. Seguramente a media noche el sueño de ella se apoderó y allí se quedó.

Recogí el texto. Dándome cuenta de que un fragmento estaba subrayado, en el que Larra, su periodista costumbrista preferido, en sus últimos días relató:

«Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis versos. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.

¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!

¡Silencio, silencio!»

Y en aquel preciso instante se despertó. Alcanzando a pronunciar tan sólo un tímido: “buenos días”. Su rostro parecía cansado, vencido por las largas horas de vigilia pasadas en soledad. Con la única compañía de las páginas rubricadas por distintos autores liberales, que en la mayoría de los casos hace mucho que este mundo abandonaron. Buscando insistentemente entre sus hojas una respuesta a las numerosas afecciones que castigan a nuestro pueblo.

Frente a ella, colgado sobre la chimenea el cuadro que la inspiraba, y del que sacaba fuerzas para proseguir en su ardua lucha: Sol de la Tarde. Pintado por Joaquín Sorolla y Bastida en 1903 y que representa el inicio de la madurez pictórica del genio valenciano. Donde sobresalen las figuras de rudos hombres por su trabajo curtidos, que pelean con un mar embravecido. Ciudadanos anónimos, que crean con su sudor la verdadera historia del pueblo español.

Litografía que le regaló su madre, cuando aún era una niña. Cuya obra original, pertenece a The Hispanic Society of America de Nueva York. Junto a los impactantes murales de Visiones de España. Lienzos donde el pintor muestra su patria influenciado por la corriente institucionista, liderada por su amigo Francisco Giner de los Ríos. El que estuviera al frente de la mítica Institución Libre de Enseñanza, la cual, en cierta medida, la irrepetible Edad de Plata potenció. Bocetos que contienen tres elementos constantes: el pueblo, el paisaje y el patrimonio monumental. Escenificando la esencia de la españolidad. Persiguiendo los intelectuales nacionales desde el siglo XVIII expiar los males que azotan a nuestro Estado. Utilizando para ello las distintas facetas del arte, ya sea mediante la literatura, pintura o incluso la ciencia.

Y es que Clara, su progenitora, sintetizaba a las dos Españas. Una negra, repleta de chismes y supersticiones, corroída por la envidia, «la carcoma del alma española», como así la definía Unamuno. Y otra blanca, liberal, que ansiaba lanzarse a los brazos del progreso, esperando enterrar algún día su más oscuro pasado, para con ello sus sangrantes heridas cicatrizar. No buscando encontrar culpables, sino simplemente olvidar. Mas quedándose con el aprendizaje proveniente de los errores que en otras épocas cometió.

O como José Ortega y Gasset manifestó: «Una España que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida. Y otra vital, sincera, honrada, la cual estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia».

Clara amaba la luz de Levante, la playa de la Malvarrosa. Lugares que evocaban hermosos pasajes de los veranos disfrutados junto a Juan, su esposo, el abogado jubilado del Estado y su hija Libertad. Pero no sólo se enamoró de los dibujos de Sorolla, sino asimismo del vibrante lenguaje empleado por el celebérrimo escritor e íntimo amigo del pintor: Vicente Blasco Ibáñez. Implicado cual ninguno con los problemas que aquejaban a la sociedad del momento y que tan magistralmente supo describir en sus novelas. Recordadas por todos gracias a las populares series televisivas de los 70: Cañas y barro o La barraca” Actuando en esta última una jovencísima Victoria Abril.

Y es que ella eligió el nombre de Libertad  para su hija, tras conmoverse leyendo un artículo del autor. En el que se mencionaba a un aeroplano, el cual con este término también era llamado. Cuya misión estribaba en aterrizar cuanto antes en nuestro país. Solicitando el literato a través de las palabras impresas la colaboración de los españoles para lograr tan noble causa. Quedando intensamente prendada de una frase que este ilustre personaje pronunció en dicha ardiente soflama: «¿Tienes derecho, egoísta –me decía una voz interior- a permanecer impasible viendo la anormalidad en que vive tu país, como si fueses un hombre sin patria?…»

Preparé la mesa, depositando los churros y porras en una reluciente fuente que encontré en la alacena de la vieja cocina. En unas blancas tazas serví el chocolate caliente. Sentándonos a las 09:00 en la mesa para desayunar. Mas Libertad continuaba ausente. Su cuerpo presente; sin embargo, su espíritu se había quedado en la estación. Anclada en el segundo en el que su amado Luis le dijo adiós. Permaneciendo, cual espectro, de pie junto al andén, triste y sola. Así como Matahambre cada vez más vacío y frío.

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Capítulo VI: Las facturas municipales

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El camión de limpieza del ayuntamiento lavaba lentamente las calles del pueblo. A esas horas el adoquinado de las aceras, a pesar de su opacidad, se mostraba sorpresivamente reluciente. El olor de los almendros impregnaba el aire. Cantando los gallos su perenne letanía anunciando que el nuevo día pronto comenzaría.

No paraba de pensar en Libertad y en cómo lo estaría pasando, tras la marcha de Luis. Es por ello que me propuse esa mañana acompañarla para desayunar. Mas previamente pasaría por el bar de la calle principal a por churros y porras, que de seguro a ella le encantarían.

Desde fuera se escuchaba la música de fondo de Radio Vecindad, la emisora local. Y es que antes de iniciarse la tertulia política matutina, el programa Te rondará morena deleitaba a sus oyentes con las mejores canciones del panorama nacional. Justo en ese preciso instante sonaba el famoso tema de Pedro Guerra: “debajo del puente”. El cual nos habla de las dos realidades que conviven en un mismo lugar. Una aparente a ojos de todos. Y la otra subyacente, la que por su crudeza optamos normalmente por obviar.

Manuel limpiaba la barra vacía. Puesto que tan temprano la única compañía factible era la amena conversación que tan alegremente compartía este entrañable hostelero con sus escasos madrugadores clientes. Le dije lo que quería y mientras esperé a que me lo preparase Soledad, la taciturna cocinera del entrañable bar. Cuando de repente el cantinero se soltó a hablar:

— Estoy harto Pedrín, de tanta hipocresía. Si esto sigue así, yo también dentro de poco cerraré.

Le pregunté por qué barajaba esa drástica decisión, a lo que me respondió:

— Te acuerdas de Miguel, el del supermercado de enfrente. Al igual que hizo con Luis, Golfi lo ha vetado. Y como siempre todos sus órdenes se han tragado. Por lo que en breve nos abandonará. Abocado a buscar en otro sitio su sustento.

»Golfi pretendía que le comprara a él el pan. Como no quiso, ya te supondrás lo que pasó. Asimismo, sabes que este año empezó a suministrar víveres a las residencias municipales. Sin embargo, después de la moción de censura, colocando Golfi a su apadrinado de alcalde, la cosa cambió. O incrementaba el importe de lo facturado o de la lista de proveedores oficiales era tachado. Y sabes que cuando de estas cosas te hablan, te suelen coger a solas para no dejar pruebas de tremendo despropósito y desfachatez.

»A mí como no les río las gracias, los recibos de lo que aquí han comido, tardan hasta un año en abonarme. Después se jactan en decir que pagan en 60 días. No obstante, el truco está en que el periodo que cuentan de cara a la galería es desde que se aprueba el gasto por Junta de Gobierno, pasando la autorización posteriormente a tesorería. Si bien, desde que yo presento el cargo hasta el instante de pagarme, transcurren habitualmente varios meses. Ocasionado porque lo debido es por el máximo regidor retenido en intervención, alegando que no está conforme con el importe u otra tonta razón. Obligándote a desplazarte hasta su despacho, con el propósito de humillarte y recordarte de quién en el pueblo manda.

»Y es que aquí no existe el libre mercado, el cual a otras circunscripciones numerosos beneficios ha llevado, aumentando la calidad de vida de sus ciudadanos. Este rincón español se rige por el más puro intervencionismo. Cuando al primer edil se le confiere tanto poder, o bien está dotado de una inmensa benevolencia y ecuanimidad, o se dedica a controlar hasta la última nimiedad.

»¿Cómo es posible que si yo quiero montar una fábrica, por poner un ejemplo, sea el alcalde quien me reciba y me transmita verbalmente la oportuna autorización? Lo coherente sería que el  departamento técnico y jurídico fuera el que revisara las instancias presentadas, informando si cumplen o no con el reglamento vigente. Golfi, no era abogado, ni arquitecto, y a parte de marrullerías, pocas cosas sabía. El que está ahora se mantiene en la misma corriente, fiel a su maestro protector, para más señas cómplice en sus fechorías y sentado en el sillón gracias a los transfugados. Amén de que fue el menos votado en los comicios pasados. Puesto que no resultaba apropiado que Golfi se presentase al estar siendo ya investigado por presunta corrupción.

»Hoy leí en el periódico que el tiempo estimado para abrir un negocio en España es de 47 días, necesitando rellenar 10 documentos. Frente a las 10 jornadas de Singapur, donde se requieren exclusivamente 4 impresos. Si analizamos lo que ocurre en Matahambre ni te cuento. Que si revisaran los expedientes consistoriales con grandes sorpresas se toparían.

»La semana pasada tu prima Libertad me habló del sistema en Estados Unidos implantado y como con ello la corrupción allí ha bajado. Eliminando la figura del strong-mayor actual, por la del city-manager. Es decir, ponen a un profesional al mando, y limitan la capacidad de decisión de los políticos. Evitando cambios continuos en las medidas a ejecutar. Por lo demás motivando la labor del funcionariado. Valorándose para cada vacante no sólo los datos académicos, sino los laborales y cualidades personales: don de gentes, trabajo en equipo, aptitud para la resolución de conflictos,…Donde se cubre exclusivamente el puesto necesitado y ni uno más. Ya que entienden que es el tejido empresarial el que genera riqueza y empleo, siendo ahí donde los ciudadanos han de ser contratados. Relegando con ello la abominable práctica política de estos lares: un puesto a cambio de un voto. Que a lo único que conduce es a subir los impuestos en pro de mantener tan colosal entramado, y que ahora queda evidenciado al no disponer de las entradas que anteriormente provenían de las licencias de construcción concedidas.

Manuel me dio los churros y las porras. Con la bolsa en la mano caminé con paso firme, dirigiéndome a la casa de mi prima Libertad. Apesadumbrado por las desgracias de una comarca que cada vez retrocedía más en lo andado. Trágico hecho mayormente propiciado por las absurdas cacicadas de un grupo de desalmados.

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Capítulo V: Una economía con pies de barro

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La estación estaba en silencio. Alcanzando sólo a escuchar el repiqueteo de la lluvia al caer sobre el suelo. Libertad permanecía de pie, ausente, incapaz de articular palabra. Quizás albergando aún la esperanza de que aquello fuese un sueño del que pronto se despertaría. Pero no, Luis nos dijo adiós ese mismo domingo, en una tarde gris de Septiembre. Quedando Matahambre tras su marcha cada vez más triste, vacío y frío.

Ya en el coche, mientras nos dirigíamos hacia la casa de mi padre, pues esa noche teníamos cena familiar, irrumpió a llorar desconsoladamente. Culpándose de lo ocurrido y preguntándose si no podía comportarse como los demás. Era tan simple como callarse y mirar para otro lado. Transformarse en un ser carente de empatía, ajeno a las injusticias y capaz de relegar al olvido la verdad. Total a quién le podría importar la cruda realidad.

El olor de las migas llegaba hasta la puerta. Servidas en una reluciente cacerola colocada sobre la mesa. Durante gran parte de la velada nos limitamos a contemplarlas cabizbajos, atados con los lazos de nuestros profundos pensamientos a las sillas. Mirando con ojos aguados tan legendario plato de nuestra gastronomía tradicional. Era como si un ángel hubiese pasado en esos momentos. O así lo define al menos la creencia popular a este insólito hecho acaecido en el seno de la familia Gutiérrez, caracterizada por su habitual locuacidad. Llevándose con él los ruidos y quejidos de este mundo terrenal.

Fue mi tío Juan, el abogado jubilado del Estado, padre de Libertad, el que fuera esposo de la única y difunta hermana de mi padre, Clara se llamaba, quien se aventuró a romper el hielo. Conversando al respecto de la situación de la economía nacional.

Y es que España ya se acerca al 20% de paro. Hay quien vaticina  incluso que superará el 22% en no demasiado tiempo. Por si esto fuera poco, aseveran que será a partir del 2013 cuando factiblemente comencemos a crecer a un ritmo del 2%. Lo que significaría que atendiendo a lo ocurrido en otras épocas, será en ese instante, y no antes, cuando se empiecen a crear nuevos empleos. Restando por delante un duro periodo de no saber lo que va a pasar, dominado por la incertidumbre de si a ti también te podrá tocar. Verte con una carta de despido en la mano después de tantos años trabajados.

Ostentando nuestro Estado el pésimo record de poseer el mayor número de “mileuristas”. Puesto que el 63% de la población activa cobra menos de 1000€. Cuando el promedio en los países europeos como Francia, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda se mantiene en el 15%. Si bien ya auguran los entendidos que dichos contratados a “ochocientosuristas” pronto serán degradados.

Una economía cual barco que pareciera que navega desorientado. No transmitiendo su timoneo la seguridad y confianza requeridas. Propiedades indispensables para reactivarla mediante el empuje de la actividad empresarial y el consumo. Pilares fundamentales sobre los que se sustenta la riqueza en cualquier lugar del mundo. Y es que si resulta más fácil abrir un negocio en Zimbabue que en España, escasa credibilidad al inversor emitimos. Lo que merma nuestra competitividad y capacidad de reacción ante un eventual ciclón como el que atravesamos hoy.

Los rumores se disparan, informando los medios de comunicación de múltiples versiones provenientes del Ejecutivo. Supuestas divisiones internas filtradas que se apresuran a desmentir acto seguido de ser publicadas. Abandono de la política de legendarios ex-ministros. Aderezándolo además con dispares opiniones de las reformas que pretenden implantar.

Si bien la futura subida de impuestos es lo que al ciudadano de a pie más le preocupa. Primero porque van a tocar los indirectos, es decir los menos equitativos. Cuyo desembolso se hará no atendiendo a la capacidad de tributación de cada cual. A nadie le preguntan cuando va a pagar una barra de pan, si su nómina es de 1000 ó 3000€.  Por lo tanto con un alza de dos puntos del IVA de seguro que nuestro bolsillo, ya de por sí exiguo, se resentirá. Amén de las nefastas consecuencias que al sector comercial esta medida le podrá acarrear, y más tal como está.

Y de los hidrocarburos tampoco nos olvidamos. A veces pareciera que desconocemos que los medios de locomoción se mueven con combustibles. Imprescindibles para transportar las mercancías también de primera necesidad. Con lo que la cesta de la compra inevitablemente se encarecerá unos cuentos céntimos más.

Por otro lado el Banco Central Europeo amaga en el 2010 con incrementar el  Euribor, mayormente debido al buen funcionamiento de otros países que se encuentran dentro de la zona euro. Buscando con ello evitar que se repita un nuevo ciclo de inflación, recesión, deflación. Si este hecho se llegase a producir, aquel que tenga una hipoteca firmada se encontrará inmerso una vez más en una renovada pesadilla como la de años atrás. Ya que la diferencia entre los sueldos que se perciben y la cantidad del recibo a abonar a la entidad  financiera correspondiente, consumará la peor fatalidad, que muchos finalmente pierdan su vivienda habitual.

Por cierto, ¿quién era el que afirmaba que el IRPF no se tocaría? Quizás no el gobierno central. ¿Pero y los regionales? ¿Estamos verdaderamente convencidos de que no lo harán, mostrando déficits tan elevados como los actuales?

Si el recuerdo de Luis nos hizo meditar, lo comentado comiendo aún lo empeoró más. Nuevamente esa noche al irme a la cama transité entre la vigilia y las lúgubres imágenes que se escondían en los recovecos de mi subconsciente, arropadas por la efímera somnolencia que se apoderaba de mí en la sepulcral nocturnidad. Silbándome al oído de que algo pésimo aún quedaba por llegar.

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