Capítulo LIII: La consolidación de una ficticia democracia

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Categoría: Historias de un pueblo

El gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, aparte de la consecución del endurecimiento de las penas contra los promotores del 23-F, tuvo otros reseñables logros. Y todo a pesar de la difícil situación nacional que le tocó afrontar, sin olvidarnos de la grave descomposición que sufría su partido. Pues Adolfo Suárez no sólo había dimitido de la presidencia del gobierno, sino también de su propia formación, la cual perdería con su marcha su principal nexo de unión.

Uno de los éxitos del último gabinete de la UCD sería nuestro ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Culminando con lo apuntado por Suárez durante su discurso de investidura en las Cortes del 30 de Marzo de 1979: “(…) Unión de Centro Democrático – es conocido de todos – es partidaria de la adhesión de España a la Alianza Atlántica por coherencia con su vocación europea y occidental. Pero entiende que nuestro ingreso en la OTAN debe plantearse, en su caso, teniendo en cuenta los condicionamientos que derivan de nuestras peculiaridades y de nuestras exigencias de seguridad, así como la necesidad de un amplio respaldo parlamentario. A esta Cámara corresponderá en su día debatir el tema, analizando con rigor e imaginación las condiciones y modalidades de esa eventual adhesión en la forma en que resulte más favorable para nuestros intereses políticos y estratégicos. Porque, en verdad, son múltiples los factores de tipo económico, militar y político que tienen que ser adecuadamente sopesados y muy variadas las soluciones posibles a que puede llegarse en cada uno de estos terrenos. (…)” Si inicialmente el PSOE enarbolaría la bandera opositora a la integración, utilizándola como arma arrojadiza durante la contienda electoral de Octubre de 1982, al llegar al poder cambiaría radicalmente su postura. El 17 de Noviembre de 1985 Felipe González aseveraría en el periódico “El País”: “Creo que los intereses de España se defienden mejor permaneciendo en la Alianza. Nuestra anterior valoración sobre la Alianza y sobre su funcionamiento no era correcta (…) En la Alianza, de verdad, están los países que tienen mayor ejercicio de la soberanía popular del mundo, mayor nivel de desarrollo económico, de democracia, de libertades y de respeto a los derechos humanos y mayor nivel de paz”. Incluso convocaría un referéndum, el 12 de Marzo de 1986, apoyando la permanencia y que se saldaría con un favorable resultado. El escrutinio otorgaría: un 52% de votos afirmativos, 39% en contra, 6% de papeletas en blanco y un 40% de abstenciones.

Asimismo Leopoldo Calvo Sotelo y su equipo serían los encargados de preparar las bases para la entrada en la actual Unión Europea, que se haría efectiva en 1986. Denominada en aquel entonces Comunidad Económica Europea (CEE), para pasar a llamarse posteriormente Comunidad Europea (CE) y desde 1993 Unión Europea.

Por otro lado negociarían con el PSOE el cierre del mapa autonómico, quedando conformado por las diecisiete Comunidades Autónomas hoy en día existentes. Ya bajo el gobierno socialista se aprobarían los Estatutos de Autonomía restantes. Y es que a pesar de la dura oposición ejercida por Felipe González, Leopoldo Calvo Sotelo afirmaría en Noviembre de 2006: “Echo de menos todos los días a Felipe González. El PSOE era entonces un partido de Estado y con sentido de la responsabilidad.” En cuanto a la cuestión autonómica se pronunciaría de la ulterior manera: “Sí, sin vacilaciones ni reservas mentales ni de ningún otro orden, a las autonomías (…) Pero no, claramente no, a un entendimiento ligero de las autonomías como disolución de una patria común forjada por la historia.”

Además promulgaría la controvertida ley del divorcio, lo que dividiría aún más a la ya maltrecha UCD. Organización afectada por claros síntomas de regresión paranoide”. Fragmentación en diversos grupos, atrincherados en pequeños reinos que ya no comparten un proyecto común, sino únicamente el propio. Tendencia a la traición. Ahondamiento de las heridas, hasta convertirlas en insalvables. Imagen que fue percibida nítidamente por los ciudadanos.

En Noviembre de 1981 el líder del sector socialdemócrata, Fernández Ordóñez, abandonaría la UCD. Al arrancar 1982 varios diputados se adherirían a Alianza Popular. En Marzo otros 10 del ala socialdemócrata se aglutinarían en torno al Partido de Acción Democrática, que recalaría finalmente en el PSOE. El 29 de Julio de 1982 Adolfo Suárez fundaría el Centro Democrático y Social (CDS). Después le seguirían un grupo de democristianos creando el Partido Demócrata Popular, que concurrirá en coalición con Alianza Popular a la contienda de 1982. La originaria Alianza Popular desembocaría en 1989, luego de su refundación, en el vigente Partido Popular, donde acabarían integrándose la mayoría de los democristianos, entre los que se encontraban políticos tan conocidos del panorama actual como: Jaime Mayor Oreja o Javier Arenas. En Agosto Leopoldo Calvo Sotelo ante tan dantesco panorama determinará la disolución de las Cámaras y convocará elecciones.

El 28 de Octubre de 1982 se celebrarían los comicios generales. Los grandes derrotados serían: la UCD que pasaría de los 168 escaños de 1979 a 11,  disolviéndose el 18 de Febrero de 1983;  y el PCE que se quedaría con exclusivamente 4 de los 23 diputados de 1979. Sin embargo, el PSOE de los 121 parlamentarios de 1979 ascendería hasta 202. Nutriéndose  de la mitad de los votos comunistas y el 30% centrista. Coalición Popular, donde estaba integrada la originaria Alianza Popular, rebautizada en 1979 como Coalición Democrática y que convergerá postreramente, en 1989, luego de su refundación, en el vigente Partido Popular, se haría con otro 40% del electorado de UCD y conquistaría 107 escaños, número muy superior a los 10 obtenidos con anterioridad. Configurándose a partir de ese momento como primera fuerza opositora.

Periodo que concluiría con la consolidación de una ficticia democracia, cuyas fallas iniciales, producidas en pro de poder suturar las pasadas heridas, se han ido agrandando paulatinamente. Concluyendo en un sistema muy similar en sus usos y costumbres al de la Restauración. Donde se muestra urgente ejecutar la proclama de Maura: “La Revolución desde arriba” : “(…) España entera necesita una revolución en el gobierno radicalmente, rápidamente, brutalmente; tan brutalmente que baste para que los que estén distraídos se enteren, para que nadie pueda ser indiferente y tengan que pelear hasta aquellos mismos que asisten con resolución de permanecer alejados (…)

(…) No; más que nunca es ahora necesario restablecer aquella ya casi olvidada, de tiempo que ha que fue perdida, confianza entre gobernantes y gobernados; y ya no hay más que un camino, que es la revolución audaz, la revolución temeraria desde el Gobierno, porque la temeridad es, no obra de nuestro albedrío, sino imposición histórica de los ajenos desaciertos. Nunca habría sido fácil la revolución desde el Gobierno, nunca habría sido recomendable, si hubiera podido dividirse la facultad y esparcirse la obra en el curso del tiempo; pero cada día que pasa, (…), es mucho más escabrosa, mucho más difícil, y el éxito feliz mucho más incierto; y no está lejano el día en que ya no quede ni ese remedio (…)”.

Porque, parafraseando a Adolfo Suárez cuando pronunció en las Cortes, el 9 de Junio de 1976, aquellos famosos versos del célebre poeta liberal de la Generación del 98, Antonio Machado:

“Está el hoy abierto al mañana.
Mañana, al infinito.
Hombres de España: ni el pasado ha muerto
ni está el mañana,
ni el ayer escrito.”

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Capítulo LII: El aciago 23-F

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El candidato escogido por la UCD y sugerido por Adolfo Suárez para sustituirlo en la presidencia del gobierno fue Leopoldo Calvo Sotelo (1926-2008). Quien se educó en el centro liberal de Madrid, Colegio Estudio, devoto aplicador de las teorías de Francisco Giner de los Ríos y de su Institución Libre de Enseñanza. Leopoldo era poseedor de una vasta cultura. Hablaba perfectamente inglés, francés, italiano, alemán y portugués. Su formación la concluyó como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en 1951 y en 1960 se doctoró.

Proveniente del mundo de la empresa arrancó su incursión política como procurador en Cortes por el tercio sindical, puesto en el que permaneció cuatro años. En 1975 fue nombrado ministro de Comercio dentro del gabinete de Carlos Arias Navarro. Primer Gobierno conformado bajo el reinado de Juan Carlos I, en el que se encontraban igualmente Suárez y Fraga entre otros. Después Suárez, bajo su mandato como máximo jefe del Ejecutivo, lo designó ministro de Obras Públicas en 1976. Cargo del que dimitió para organizar la contienda electoral de 1977 por la UCD. Asimismo, desempeñó las funciones de portavoz del Congreso del grupo parlamentario de UCD entre 1977 y 1978. De 1978 a 1979 fue ministro para las relaciones con la Comunidad Económica Europea. Y antes de tomar posesión como presidente ostentó la vicepresidencia del Gobierno para Asuntos Económicos (1980-81).

Nuevamente el artículo 99 de la Constitución Española resultó de gran trascendencia en una investidura. Concretamente su apartado tercero, donde se expone:

Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.

Ya que al solo contar Leopoldo Calvo Sotelo con el apoyo de la UCD, quien no albergaba mayoría absoluta en el hemiciclo, hubo que repetir la votación del viernes 20 de febrero el lunes 23. Fecha sumamente aciaga para nuestra historia, donde pareciera que una vez más los aires de libertad serían acallados por el tan común, en nuestro pasado constitucional, pronunciamiento.

El día 23, a las 18:22, el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, irrumpió en la Cámara con un grupo de guardias civiles armados. Instó a los parlamentarios a que se tirasen al suelo, en tanto bramaba aquella mítica frase: «¡Quieto todo el mundo!». Imágenes que quedaron grabadas para la posteridad por las cámaras de Televisión Española.

Automáticamente el general Gutiérrez Mellado (1912-1995), vicepresidente primero para Asuntos de la Seguridad y Defensa Nacional del Gobierno, se levantó de su escaño y conminó a los asaltantes a deponer las armas. En apelación a la posición que le confería ser el militar de mayor rango allí presente. Como respuesta, al objeto de reducirlo, Tejero disparó al aire, lo que fue seguido por una ráfaga de metralla[1]. Mientras, otros asaltantes forcejeaban infructuosamente con el casi septuagenario y gallardo mando[2]. En cuanto al resto acataron las prescripciones de Tejero, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo fueron los únicos diputados que se mantuvieron sentados[3].

Suárez presuntamente manifestó, previamente a su dimisión: «La clase dirigente de este país ya no me soporta. Los poderes fácticos me han ganado la batalla». Y es que para un sector del Ejército era considerado como un traidor, tras decretar la legalización del Partido Comunista. Turbulento contexto al que se sumaba: el recrudecimiento de la crisis económica; la organización territorial con la inauguración del Estado de las Autonomías, algunos incluso vaticinaban la fractura de España como nación; más la difícil adaptación de determinados sujetos al régimen democrático. Fue evidente la inquina de los militares en aquel 23-F al dirigirse a él. El cabo Burgos le increpó: «¿Tú que te crees el más guapito?». A las 19:10 Suárez se puso en pie y solicitó hablar con el principal organizador de tan tremendo dislate. Por lo que Tejero ordenó su reclusión en una habitación aparte, donde permaneció aislado durante diecisiete interminables horas[4].

El desmantelamiento del golpe no sólo se debió a la postura contraria de la mayoría de la sociedad civil y política, que concebían como irreversible el Estado democrático, sino también a las gestiones del monarca. Así como a la dirección que había llevado al frente de su cartera Gutiérrez Mellado, la cual buscaba reorganizar el Ejército y constreñirlo a lo meramente castrense. Quien relegó a puestos de menor importancia a aquellos que se reputaban menos afectos al sistema democrático. Determinante se mostró su política de nombramientos, oficiales que se reafirmaron durante el 23-F en su deber constitucional. Como fue el caso de los generales: Gabeiras, primer jefe del Estado Mayor; Quintana Lacaci, gobernador militar de Madrid; Aramburu Topete, director general de la Guardia Civil y Sáenz de Santamaría, que dirigía la Policía Nacional[5].

Al acto de indisciplina de Tejero lo acompañó el de Jaime Milans del Boch, que sacó en Valencia los carros de combate a la calle. No obstante, se logró aplacar la pretensión de otro conato disidente que tramaba copar la sede de Radiotelevisión Española en Madrid. Entretanto, Su Majestad sería el encargado de requerir uno a uno a los mandos militares nacionales que garantizaran su fidelidad al régimen constitucional.

Poco antes de las diez de la noche intervino, a través de Radio Nacional y Radio Exterior, Jordi Pujol. Presidente de la Generalidad de Cataluña que llamó a la tranquilidad[6].

Sobre la medianoche llegó al Congreso el general Alfonso Armada, quien se ofreció para presidir un gobierno de concentración entre las distintas facciones políticas. Tejero le espetó: «Yo no he asaltado el congreso para esto», pues él esperaba un gabinete netamente militar en el que apareciera Milans[7]. Probablemente las discrepancias fueron un detonante más del fracaso del pronunciamiento. La estocada final la aportó el Rey, con su aparición en televisión a la una de la madrugada. Ataviado con el uniforme de Capitán General de los Ejércitos declaró:

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum[8].

En la jornada posterior al golpe Santiago Carrillo afirmaría: «Hoy somos todos monárquicos»[9].

Días después, Leopoldo Calvo Sotelo, el que sería Presidente de la Nación hasta diciembre de 1982, manifestó: «Es momento para proclamar nuestra fe en el orden constitucional y declarar paladinamente que hoy un auténtico grito de “¡Viva España!” no encierra una verdad distinta que la de “¡Viva la Constitución! y “¡Viva la democracia”».

En febrero de 1982 se juzgó a treinta y dos de los implicados en la trama golpista. Primero por el tribunal militar, para luego trasladarse la causa al Supremo en pro de endurecer las penas. Milans del Bosch, Alfonso Armada y Antonio Tejero Molina fueron condenados a treinta años de prisión. Acierto que se le atribuye al ejecutivo de Leopoldo Calvo Sotelo y que él explicó de la ulterior manera: «Creo que mi Gobierno cumplió el objetivo de hacer justicia civil y de devolver a los españoles la fe quebrantada en la monarquía parlamentaria»[10].

Al 23-F hay que sumar tres conspiraciones golpistas, que no llegaron a ejecutarse al ser antes abortadas, auspiciadas durante la vigente etapa democrática. La Operación Galaxia, prevista para el 17 de noviembre de 1978, con la intención de paralizar los procesos de reforma democrática iniciados. Contaba también entre sus protagonistas con Antonio Tejero[11]. La desarticulada igualmente por el gabinete de Leopoldo Calvo Sotelo, dispuesta para el 27 de octubre de 1982, la víspera de las elecciones generales[12]. Y la última, que se sepa, al parecer estaba ideada para el 2 de junio de 1985, ya bajo el gobierno socialista. Jornada coincidente con la efeméride del Día de las Fuerzas Armadas, a celebrar ese año en la Coruña[13].

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NOTAS

[1] El 23-F, en directo (35 años después) (2016, 24 de febrero). El País.

[2] Calleja, M. (2011, 21 de febrero). «Tejero nos pidió perdón en la puerta». ABC

[3] Fabelo, N. (2016, 19 de febrero). Un 23-F de hace 35 años. RTVE.

[4] Morán, G. (2009). Adolfo Suárez. Ambición y destino, pp. 272 -300. Barcelona, DEBATE.

[5] Tussel, J. El 23-F. ARTEHISTORIA. La página del Arte y la Cultura en Español. Obtenido el 22 de enero de 2017, de: https://www.artehistoria.com/v2/contextos/7473.htm

[6] NOTICIEROS TELEVISA. El intento de Golpe de Estado de 1981 (2014, 2 de junio). Televisa.news. Obtenido el 22 de enero de 2017, de: https://noticieros.televisa.com/mundo/2014-06-02/intento-golpe-estado-1981/

[7] Pareja Olcina, M. (2013). El periódico Mediterráneo durante la transición española (1975-1982), p. 145. Castellón: Publicacions de la Universitat Jaume I.

[8] Juan Carlos I, el rey que guió la transición democrática en España. REUTERS ESPAÑA. Obtenido el 22 de enero de 2017, de: https://es.reuters.com/article/topNews/idESKBN0ED0WA20140602

[9] Los altos y bajos en la monarquía de Juan Carlos I. BBC Mundo. Obtenido el 22 de enero de 2017, de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140602_rey_juan_carlos_luces_y_sombras_vp

[10] EFE. La política, a través del prisma de Calvo Sotelo (2008, 3 de mayo). El Mundo.

[11] Quiénes fueron y dónde acabaron los golpistas del 23-F. Diariocritico. Obtenido el 22 de enero de 2017, de: https://www.diariocritico.com/noticia/254907/noticias/quienes-fueron-y-donde-acabaron-los-golpistas-del-23-f.html

[12] Fallece el ex coronel Crespo Cuspinera, condenado en la causa por el 27-O (1986, 5 de marzo). El País.

[13] García, R. (2014, 3 de junio). El magnicidio fallido de Juan Carlos I en A Coruña. La Voz de Galicia.


Capítulo LI: La dimisión de Adolfo Suárez

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Una vez aprobada la Constitución española de 1978 se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones generales para el 1 de marzo de 1979. La UCD se proclamó como fuerza más votada, aunque sin mayoría absoluta, se hizo con 168 escaños de los 350 que componen el Congreso. El PSOE logró 121 y el PCE 23. La formación liderada por Fraga, Coalición Democrática, obtuvo 9 escaños. Grupo en el que estaba integrada la originaria Alianza Popular, redefinida para los comicios de 1982 como Coalición Popular y que desembocó en 1989, luego de su refundación, en el vigente Partido Popular. El resto de escaños se repartieron fundamentalmente entre formaciones regionalistas[1]. A partir de ahí se inició el vía crucis de Adolfo Suárez.

En el discurso de investidura, del viernes 30 de marzo de 1979, el presidente anunció el fin de la etapa del consenso y el camino hacia la consolidación de la democracia. Fase en la que habría de desarrollarse plenamente tanto la necesaria labor ejecutiva del gobierno, como la fiscalizadora de la oposición. Destaca, por su trascendencia, el siguiente pasaje, donde expuso clarividentemente los peligros que nos acechaban:

Creo que es impropio decir que, ganada ya la libertad, es preciso plantearse nuevos objetivos. La libertad nunca se alcanza plenamente. Es preciso afianzarla, promoverla y extenderla a nuevas parcelas, y así como hay quien teme y recela que son posibles retrocesos de la libertad porque siempre están predispuestos a confundir el ejercicio de la autoridad con el retorno del autoritarismo, algunos pensamos que frente a la tentación dirigista en áreas impropias de la correcta formulación de una sociedad libre, frente a la abdicación de la capacidad de autodefensa de la sociedad en áreas de un paternalismo providente que considera al pueblo en perpetua situación de minoría de edad, se requiere la potenciación de la capacidad auto organizativa de los entes sociales, la transferencia de funciones, la descentralización de competencias y el ejercicio pluralista del poder y de la responsabilidad. Y a todo ello, lógicamente, hay que aplicar la necesaria atención en la próxima etapa, no sólo, para cerrar o erradicar situaciones anacrónicas, sino para evitar desviaciones que habría que lamentar[2].

Vaticinios que en cierta medida se manifestaron con posterioridad a través del gradual aumento del ansia intervencionista gubernamental, lejos de los exigidos parámetros por la moderna gobernanza. Concepto donde la garantización de la cohesión social no solo depende de la gestión gubernamental nacional, sino de su capacidad de coordinación con entidades públicas y privadas, estatales y transestatales. Lo que obliga a los dirigentes de cada Estado a compartir su autoridad, dentro de las propias fronteras, con otros estamentos. En materias tales como inmigración, seguridad, economía, medio ambiente…

No obstante, la jornada estuvo precedida por una controvertida interpretación del artículo 99 de la Constitución española. Precepto que recoge en su apartado segundo: «El candidato propuesto (…) expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara». Pues se pretendió ratificar en el cargo a Adolfo Suárez antes de que diera a conocer en el Congreso su programa. Lo que provocó una enorme algarada entre sus señorías, al estimar que se trataba de omitir el debate. Finalmente obtuvo el apoyo para su investidura de los 168 diputados de su partido, los de Fraga, los cinco del Partido Andalucista, uno del navarro y otro del aragonés. Los ocho parlamentarios de Convergencia i Unió (CIU) se abstuvieron[3].

El 3 abril de ese mismo año tuvieron lugar los comicios municipales, los primeros de la democracia. UCD consiguió 29.000 concejales. Si bien los socialistas solamente lograron 12.000, gracias a los acuerdos suscritos con los comunistas, que sacaron 3.600 actas edilicias, se hicieron con importantes cotas de poder en las principales ciudades españolas. Y reseñable fue la alcaldía de Madrid, al frente de la cual se situó el profesor Enrique Tierno Galván. Fundador del Partido Socialista Popular (PSP), que se integró en el PSOE en abril de 1978. Donde militaron igualmente, entre otros conocidos políticos, José Bono, Presidente de Castilla la Mancha (1983-2004), Ministro de Defensa (2004-2006) y Presidente del Congreso de los Diputados (2008-2011). Enrique Tierno Galván se mantuvo como máximo regidor madrileño desde ese instante hasta su fallecimiento en 1986.

Además del fuerte recrudecimiento del terrorismo, 1980 se convirtió en el año más sangriento de la historia de la banda terrorista ETA con 124 víctimas, el gobierno tuvo que lidiar con el agravamiento de la crisis económica y con las demandas autonómicas. La conflictividad de la cuestión autonómica se acrecentó en comunidades donde hasta ese momento tal punto no se mostraba prioritario y se fue posicionando en un marcado nivel reivindicatorio.

Ahora bien, los mayores pesares para Suárez provinieron de su propia organización. La Unión de Centro Democrático (UCD), que apareció en 1977 bajo la fórmula de coalición electoral y se transformó en partido político el 4 de agosto de 1977. Compuesta por democristianos, liberales, socialdemócratas, así como por otras figuras independientes. Formación en la que comenzó a irrumpir una idea a propuesta al parecer de los democristianos, la mayoría natural, que pasaba por la unión con el partido de Fraga. Sector enfrentado con los socialdemócratas, a tenor de dispares posturas políticas, como ocurrió, por ejemplo, en lo tocante a la polémica ley del divorcio.

La conformación del gabinete inicial pretendió aunar a las distintas facciones. Se erigió un gobierno con predominio del vicepresidente y amigo de Suárez, Fernando Abril Martorell. En febrero de 1980 los barones de la UCD se rebelaron contra él en una Comisión Permanente del partido y elevaron sus quejas a Suárez, lo que provocó finalmente su salida. El 2 de mayo se renovó el ejecutivo, sin inclusión ya de socialdemócratas. Esto fue aprovechado por los socialistas para presentar una moción de censura, que no prosperó; pero, dañó irreversiblemente la imagen del presidente y contribuyó a minar su moral. A aquel momento se atribuye su célebre reflexión: «He perdido la batalla en la calle, he perdido la batalla en la prensa y ahora he perdido la batalla en mi propio partido»[4]. El PSOE se situó, a partir de las encuestas del verano, por delante de la UCD en intención de voto. La proyección de Felipe González ante los ciudadanos aumentó sustancialmente, quienes comenzaban a verlo como una seria alternativa.

Desde octubre los democristianos insistieron en su propósito de caminar hacia una mayoría natural e hicieron prevalecer su hegemonía en el Congreso. Herrero de Miñón resultó elegido como portavoz del grupo parlamentario de la UCD. Tras derrotar al candidato oficialista, Santiago Rodríguez Miranda, que solo tuvo 45 votos. Lo que significaba la pérdida de autoridad del presidente dentro de la organización, extremo que reconoció años más tarde de esta manera: «Fue un varapalo absoluto, una prueba clara de que mi autoridad como presidente del partido había sufrido una grave erosión. Ni siquiera me fueron comunicados los acuerdos alcanzados por algunos dirigentes del partido la noche anterior»[5]. En diciembre los democristianos firmaron un manifiesto en el que exigían la «necesidad de reequilibrar el partido». Turbulento contexto al que se sumó el artículo, con inclinaciones golpistas, editado el 17 de diciembre en el diario El Alcázar y titulado: «Análisis político del momento militar». Rubricado por un grupo de militares y civiles bajo el apelativo de «Almendros»[6].

Frente a esta asfixiante situación Suárez concibió como única salida la dimisión. Dimisión que hizo pública el jueves 29 de enero de 1981, mediante una intervención en TVE en horario de máxima audiencia. Alocución entre la que sobresalen los ulteriores fragmentos que vislumbran su tormento:

…hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia. (…)

(…) Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación. (…)

(…) He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. (…) Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España[7].

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[1] Elecciones Generales 1 de marzo de 1979. Historiaelectoral.com. Obtenido el 9 de enero de 2017, de: https://www.historiaelectoral.com/e1979.html

[2] Adolfo Suárez (1979, 30 de marzo). Cita extraída de su Discurso de investidura. Discursos. La historia a través del discurso de sus líderes. Obtenido el 9 de enero de 2017, de: https://www.beersandpolitics.com/discursos/adolfo-suarez/discurso-de-investidura/402

[3] Diario de sesiones del Congreso de los Diputados (1979), nº 3. Congreso de los Diputados. Obtenido el 9 de enero de 2017, de: https://www.congreso.es/public_oficiales/L1/CONG/DS/PL/PL_003.PDF

[4] Cita extraída de Morán, G. (2009). Adolfo Suárez. Ambición y destino, pp. 238-239. Barcelona: DEBATE

[5] Cita extraída de Morán, G. (2009). Adolfo Suárez. Ambición y destino, p. 247. Barcelona: DEBATE

[6] Morán, G. (2009). Adolfo Suárez. Ambición y destino, p. 248. Barcelona: DEBATE

[7] Discurso de dimisión de Adolfo Suárez (1981, 29 de enero). RTVE. Obtenido el 9 de enero de 2017, de: https://www.rtve.es/contenidos/documentos/discurso_suarez_dimision.pdf