Capítulo XXXIX: PSOE, del marxismo al pragmatismo liberal

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Categoría: Historias de un pueblo

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se articuló en torno a la figura del ferrolano, Pablo Iglesias Posse (1850-1925). Formación que vio la luz el 2 de mayo de 1879, en la celebérrima reunión de Casa Labra, situada en Madrid. Si bien, su constitución como partido nacional tuvo que esperar al congreso celebrado en Barcelona, del 23 al 25 de agosto de 1888. Auspiciado por los mismos promotores que configuraron pocos antes, del 12 al 14 de dicho mes, la organización sindical Unión General de Trabajadores (UGT). Y es que ambas formaciones nacen como sendas caras de una misma moneda, al objeto de cubrir la lucha obrera en todas sus vertientes: tanto la económica, mantenida con las empresas; como la política, en lo tocante a las administraciones públicas. Es más, hasta la pasada década de los ochenta los militantes del PSOE estaban obligados a adscribirse a UGT.

El PSOE mantendría su adhesión a la filosofía marxista desde sus inicios hasta 1979. Ideología que queda sintetizada mediante la siguiente frase de su eminente fundador, Pablo Iglesias Posse: «El Partido Socialista es la entera emancipación de la clase trabajadora: es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola (…)»[1]. Se oponían al orden económico burgués.

En 1905 lograrían hacerse con 30 actas de concejales en distintas corporaciones locales. El mismo Pablo Iglesias Posse accedió, como edil, al Ayuntamiento de Madrid. No obstante, los escasos resultados conseguidos hasta ese momento los abocó a cambiar de estrategia y buscar la confluencia con parte de ese sector burgués que previamente había sido demonizado, por representar el modelo social al que ellos aspiraban a transformar. Así el 17 de noviembre de 1909 se formalizó la Conjunción republicano-socialista, con la que en 1910 Pablo Iglesias Posse obtuvo un escaño como diputado.

En 1921 sufrieron la escisión de un grupo, quienes crearon el Partido Comunista de España, de ideología igualmente marxista. Y se convertirían con posterioridad en importantes protagonistas de la oposición al régimen de Franco. Además de intentar aglutinar a las diversas fuerzas, existentes en ese momento, en un único movimiento para derrocar al caudillo. Abogaron por desterrar cualquier halo de rencor y revancha, en pro de reforzar exclusivamente los lazos de unión alrededor de un mismo propósito. De lo que dan fe las ulteriores palabras, sacadas de una Declaración del Partido Comunista de España difundida en junio de 1956:

Nosotros entendemos que la mejor justicia para todos los que han caído y sufrido por la libertad consiste, precisamente, en que la libertad se establezca en España… Una política de venganza no serviría a España para salir de la situación en que se encuentra. Lo que España necesita es la paz civil, la reconciliación de sus hijos, la libertad[2].

Asimismo, el Partido Comunista de España promovió, a partir de 1950, la concreción de Comisiones Obreras.

Sin embargo, el papel del PSOE como resistencia a Franco resultó cuanto menos difuso. De lo que sí se tiene constancia es de la connivencia que mantuvo con la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1870-1930), acontecida desde su pronunciamiento, el 13 de septiembre de 1923, hasta su dimisión el 28 de enero de 1930. De quien diría Indalecio Prieto (1883-1962), uno de los máximos dirigentes del PSOE y líder del sector más moderado del mismo, que era un «Dictador sin muertos»[3] y que «ojalá todas las dictaduras fueran como la suya»[4]. Con una notable influencia en dicho gobierno en lo concerniente a legislación social, parte de la cual se recogió en el Código de Trabajo (1926). Incluso Primo de Rivera supuestamente llegó a albergar la idea de erigir un sistema turnista, similar al de la etapa anterior, con el PSOE. Presuntamente gracias a ello UGT tuvo un desarrollo exponencial. Mientras que la CNT, fundada en 1910 bajo el espíritu del anarquismo español, el otro gran sindicato obrero, fue fuertemente represaliado y sus fuerzas drásticamente mermadas. Igual fortuna sufrió el Partido Comunista de España.

El PSOE terminó por abdicar del marxismo inicial en 1979. En 1976 Felipe González fue reelegido su secretario general, durante su XXVII Congreso, donde la formación se definió como «un partido marxista»[5]. Sin embargo, diez años después, el mismo Felipe González, cuando ya era presidente del gobierno, aclararía: «El capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos» [6]. Y terminó por aprender, cuando no pudo cumplir su promesa electoral de crear 800.000 puestos de trabajo en su primera legislatura, que «los empleos los dan los empleadores, y no el Estado»[7]. Manifestación realizada a finales de diciembre de 2008.

De igual modo, se muestra revelador al respecto un fragmento de un artículo publicado en El Independiente, a comienzos de septiembre de 1988. Redactado por el ilustre escritor Antonio Gala:

A aquel marxismo inicial renunció nuestro socialismo en 1979. Ya no volvió a definirse en relación a él y desde entonces se produjo la inevitable defenestración de la ideología. Por ambición, adaptaciones y presiones se pasó a una tibia socialdemocracia, y luego a un tolerante liberalismo[8].

Además el PSOE se hará eco de la «Tercera Vía», al parecer, en su XXXV Congreso Federal. Donde resultaría electo como secretario general, el que fuera presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Movimiento al que se conocería, en nuestro territorio patrio, con el nombre de «Nueva Vía». Corriente promovida por los laboristas ingleses, bajo el liderato de Tony Blair, y los demócratas de Bill Clinton en Estados Unidos. Donde se sugiere un punto intermedio entre el liberalismo y la socialdemocracia. Con la intención de articular una nueva ideología tras el fracaso del programa económico socialista, lo que se evidenció con la caída del muro de Berlín acontecida el 9 de noviembre de 1989.

En aquel XXXV Congreso del PSOE, que tuvo lugar en Madrid en julio del 2000, el nuevo secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo un llamamiento a la «pasión por la libertad». Premisa que para él habría de imperar perennemente en el socialismo. Sin olvidar sus dos grandes eslóganes: «Talante» y el «cambio tranquilo»[9]. Así en el discurso de clausura de dicho congreso aclamó: «No practicaremos ni la crispación, ni la infamia, ni la injuria, no buscaremos la destrucción de nuestros adversarios. Porque ellos también son parte necesaria de esta sociedad» [10].

Una Historia de España que se reescribe cada día. Una historia que pone continuamente sobre el tamiz las dicciones y contradicciones de sus trascendentales protagonistas.

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[1] Frase de Pablo Iglesias. Akifrases. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://akifrases.com/frase/116098

[2] La política de Reconciliación Nacional. filosofía.org. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://www.filosofia.org/his/1960hp42.htm

[3] García Cárcel, R. (30 de julio de 2005). El dictador sin muertos. Cultural (Madrid), p. 17. ABC.

[4] Socialismo. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://ley.exam-10.com/literatura/6907/index.html?page=16

[5] 27º Congreso del PSOE Renovado – Felipe González es respaldado por la Plana Mayor de la Internacional Socialista. La Hemeroteca del Buitre. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://lahemerotecadelbuitre.com/piezas/el-psoe-renovado-de-felipe-gonzalez-celebra-su-primer-congreso-en-madrid-respaldado-por-la-plana-mayor-del-socialismo-internacional/

[6] Aumente, J. (15 de octubre de 1986). ¿Dónde, están los intelectuales ‘progresistas’ de hoy? El País.

[7] Felipe González: «Prometí crear 800.000 empleos y se destruyeron 800.000» (10 de diciembre de 2008). Publico.es.

[8] Prado, E. (19 de febrero de 2011).La democracia mermada. Una aproximación al socialismo reformista. La dialéctica urticante de Sofía. Editorial academia de Hispanismo. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://www.academiaeditorial.com/web/wp-content/uploads/2011/06/Prado-Democracia-mermada1.pdf

[9] Ortiz de Zárate, R. José Luis Rodriguez Zapatero. CIDOB. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/europa/espana/jose_luis_rodriguez_zapatero#3

[10] Rodríguez Zapatero, J.L. (23 de julio de 2000). Discurso de clausura del 35 Congreso. Obtenido el 27 de agosto de 2016, de: file:///C:/Users/Ibiza/Documents/Downloads/000000001404.pdf


Capítulo XXXVIII: El socialismo ha muerto

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Categoría: Historias de un pueblo

«El socialismo ha muerto», esta era la conclusión a la que llegaba Anthony Giddens a finales del siglo pasado[1]. Uno de los más eminentes sociólogos ingleses, después de Jhon Maynard Keynes (1883-1946). Y es que los axiomas keynesianos rigieron la gestión económica mundial durante largo tiempo. Postulados proclives al intervencionismo estatal mediante una fuerte política de inversiones públicas, al objeto de crear el pleno empleo y como sustituto en parte de la labor del mercado. Concretamente desde los años treinta hasta la década de los ochenta. Momento en el que se verían desplazados, en prácticamente todo el mundo, por el liberalismo. En coincidencia con el triunfo de los liberales tanto en Gran Bretaña, como en los Estados Unidos. Puesto que a la postre se ha demostrado el desmesurado inflacionismo que provocan las teorías keynesianas. Pensamiento explicado, de la manera más sencilla posible, por Margaret Thatcher. Quien empleó el ulterior razonamiento:

No olvidemos nunca esta verdad fundamental: el estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, sólo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos. No es correcto pensar que alguien lo pagará. Ese “alguien” eres “tú”. No hay “dinero público”, sólo hay “dinero de los contribuyentes”[2].

Giddens, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2002[3], es el autor ideológico de la «Tercera Vía». Corriente auspiciada por los laboristas ingleses, bajo el liderato de Tony Blair, y los demócratas de Bill Clinton en Estados Unidos. Donde se propone un punto intermedio entre el liberalismo y la socialdemocracia. Su propósito era articular una nueva ideología tras el fracaso del programa económico socialista, lo que se evidenció con la caída del muro de Berlín acontecida el 9 de noviembre de 1989. Filosofía motivada por la creencia de Guiddens de que «la política no es nada sin ideales»[4]. Definida por el ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, como una ideología que va «más allá de una vieja izquierda preocupada por el control estatal, los impuestos elevados y los intereses de los productores…»[5].

Y es que los preceptos marxistas se hilvanan desde una perspectiva económica. Surgen con la única pretensión de transformar la sociedad burguesa de su época. Para ello el filósofo alemán de origen judío, Karl Marx (1818-1883), estudiaría la economía política inglesa de Adam Smith (1723-1790). El que fuera considerado el padre de la misma, quien aseveraba que el mercado competitivo era el mecanismo más eficiente de asignación de recursos. Eso sí, cuyos beneficios sólo se alcanzarían en una sociedad bien gobernada. Donde la clave del bienestar social radicaría en el crecimiento económico que se potencia a través de la división del trabajo. Reclamaba la mínima interferencia del Estado en la economía.

Ideario regido por tres leyes:

• «Ley de iniciativa».- Es cuando, tras detectar una necesidad en la sociedad, se brinda un servicio o se fabrica un producto con el objetivo de satisfacerla.

• «Ley de competencia».- Después de que alguien tome la primera iniciativa, otros comienzan a competir manufacturando lo mismo, u ofertando igual servicio.

• «Ley de mercado».- Integrada por la oferta y la demanda. Si en el mercado hay más oferta que demanda, se genera un proceso de depuración, en el que se mantiene el que tenga mejor relación calidad/precio.

Marx abogaba por la supremacía del proletariado y el control del Estado por este. Sociedad en la que se expropiarían los medios de producción a los particulares, que pasarían a formar parte de la colectividad. La planificación de los recursos recaía en el gobierno.

La agencia de planificación central sería la encargada de determinar qué producir, cómo hacerlo y para quién. Punto que constituye su primordial error, puesto que es imposible procesar la plenitud de datos existentes, al objeto de dictar una certera resolución. Por lo que se muestra más eficiente para coordinar la actividad económica el propio mercado.

Conclusión a la que igualmente llegaría la extinta Unión Soviética, al poner en práctica el proceso radical de reforma económica denominado Perestroika. Unión Soviética que se disolvió en 1991. El nuevo estado ruso renunciaría a cualquier identificación con el marxismo, luego de contemplar:

La desmedida burocracia surgida, en pro de canalizar la infinidad de información y controlar a las empresas estatales.

La aparición de un vasto mercado negro, que trataba de bordear la injerencia de la agencia de planificación central.

La indisciplina financiera desencadenada, al no tenerse en cuenta la relación coste-beneficio, ya que se primaba exclusivamente el cumplir unos objetivos de cantidad. Con lo que los gestores solicitaban cada vez mayores aportes monetarios para acometer el plan prefijado. Ninguna empresa se daba por quebrada. Ya que aunque deficitarias, sus directivos siempre esbozaban que su misión era trascendental o de «interés general», vago término en el que todo cabe.

Karl Marx defendió una única postura y llegó a decir que: «El significado de paz es la ausencia de oposición al socialismo»[6]. Idea que fue llevada a los extremos con la revolución rusa de Lenin. Donde una élite revolucionaria, supeditada a una férrea disciplina de partido, acaparó el poder. Cuyas órdenes no se podían cuestionar, lo que desembocó en las sangrientas purgas de Stalin. Estado que debía gobernarse bajo un régimen de monopolio político, exclusiva forma, para ellos, de convertir a la sociedad burguesa en la «dictadura del proletariado»[7].

Un punto que todos perseguirán será crear el hombre nuevo, capaz de servir fielmente a la causa revolucionaria. Proceso meridianamente descrito por Ernesto Che Guevara en un artículo publicado el 12 de marzo de 1965:

Para construir el comunismo (…) hay que hacer al hombre nuevo. (…)

(…) Es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela. (…)

(…) La educación directa (…) se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparato de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. (…)

(…) En este periodo de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. (…)

(…) Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores. (…)

(…) La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud (…)[8].

Y es que los grandes males de la sociedad habitualmente no nacieron de seres malvados, ni malintencionados, sino que brotaron como resultado de las premisas planteadas por sujetos adscritos a los más nobles ideales. En opinión del eminente filósofo liberal Karl Popper (1902-1994). Quien negó de manera tajante la posibilidad de un pensamiento único: «El acuerdo del Occidente en torno a una sola idea, a una sola creencia, a una sola religión, sería el fin de Occidente, su capitulación, su rendimiento incondicional a la idea totalitaria»[9]. Defensor a ultranza de la tolerancia:

Creo que tenga razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón[10].Safe Creative #1004186048749

 


NOTAS:

[1] Kruse H. (8 de abril de 2016). Anthony Giddens y la tercera vía (primera parte). Informadorpublico.com.

[2] García Alonso, A. (23 de abril de 2013). Las mejores frases de Margaret Thatcher. Teinteresa.es.

[3] Anthony Giddens, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2002. Fundación Princesa de Asturias. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/2002-anthony-giddens.html?especifica=0

[4] Kruse H. (8 de abril de 2016). Anthony Giddens y la tercera vía (primera parte). Informadorpublico.com.

[5] Blázquez, B. (2005). Recensión. Tony Blair. El precio del poder. Philip Stephens. Barcelona, 2005. Ed. Quarto. Revista de estudios regionales, nº 74, pp. 199-213. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://www.redalyc.org/html/755/75507408/

[6] Frase de Karl Marx. Akifrases. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://akifrases.com/frase/148907

[7] La dictadura del proletariado. Claseshistoria.com. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://www.claseshistoria.com/movimientossociales/marxismodictadurap.htm

[8] Che Guevara (1965). El socialismo y el hombre en Cuba. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm

[9] Blank, C. Popper, centinela de la libertad. Liberalismo.org. Obtenido el 23 de agosto de 2016, de: https://www.liberalismo.org/articulo/285/241/popper/centinela/libertad/

[10] LOGÓI. Revista de Filosofía, nº 8, p. 58 (2005). Universidad Catolica Andres Bello.


Enrique Fuentes Quintana alerta sobre la vorágine económica

Categoría: Historia de la política española

Discurso de Enrique Fuentes Quintana, vicepresidente segundo para Asuntos Económicos bajo la presidencia de Adolfo Suárez. Gabinete constituido tras las elecciones del 15 de junio de 1977. Alocución dirigida a los españoles, donde alertaba sobre la difícil situación económica por la que atravesaba el país. Además instaba a la ciudadanía a acometer grandes sacrificios, única vía factible para salir de tan turbulento contexto.

Enrique Fuentes Quintana fue uno de los más prestigiosos economistas españoles de la segunda mitad del siglo XX. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1989. Entre sus logros políticos se encuentran la modernización de la Hacienda Española y su equiparación al modelo establecido en el resto del mundo occidental. Así como la ejecución del Programa de Saneamiento y Reforma Económica convenido por los distintos partidos en los denominados Pactos de la Moncloa, al objeto de contener una desmesurada inflación que llegaba al 47 %.

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Capítulo XXXVII: Irrupción de los partidos de masas

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Categoría: Historias de un pueblo

La Revolución Industrial se gesta en nuestro país durante el último tercio del siglo XIX, al mismo tiempo que la irrupción de los nacionalismos y regionalismos. Su auge se ve impulsado por la aparición en escena de una próspera burguesía, proveniente del desarrollo industrial de ciertas regiones: País Vasco, Cataluña, Asturias.

La Revolución Industrial, paralela al Estado Liberal, suscitó la cristalización de una nueva clase, el movimiento obrero. Quienes reivindicarán su derecho a participar en la vida política, en pro de defender sus intereses en sede parlamentaria. Lo que dio paso, tras la aprobación del sufragio universal, primero masculino y después también femenino, al Estado democrático de derecho. Corrientes fuertemente influenciadas por el pensamiento filosófico de Karl H. Marx (1818-1883). En nuestra patria tales ideas fueron abanderadas por Pablo Iglesias Posse (1850-1925), el que fuera fundador, junto a otros, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Teorías que germinan en España gracias al importante desarrollo económico, social y cultural que aconteció bajo el reinado de Alfonso XIII de Borbón. No en vano esta etapa es calificada como la Edad de Plata de las letras y las ciencias españolas. Periodo que queda magistralmente descrito por Salvador de Madariaga (1886-1978):

Bajo Alfonso XIII, España llega a ser nación industrial, alcanza el mayor nivel de población desde época romana, retorna a adornar el mundo de la cultura, que casi había abandonado desde que con tanto esplendor brilló en el siglo XVI, vuelve a plena participación en la política internacional durante la guerra europea y al abrirse la cuestión de Marruecos; reconquista espiritualmente la América que había descubierto, poblado, civilizado y perdido, y, por último, ve grandes problemas sociales y nacionales surgir en su vida interior y estimular su pensamiento político[1].

Ergo, se muestra como un elemento trascendental a valorar, para comprender nuestra política actual, el surgimiento de los «partidos de masas». Formaciones vinculadas al colectivo del proletariado que aparecen en aquel instante.

Hasta ese momento habían predominado los «partidos de notables o de cuadros». Categoría en la que se circunscribían las formaciones liberales de Cánovas (1828-1897) y Sagasta (1825-1903). Cuyos miembros eran reclutados a razón de determinadas cualidades especiales: capacidad económica, prestigio social, influencia intelectual. Por lo que se configuraban como una amalgama de intereses particulares, muy a tener en cuenta en cualquier decisión final a tomar. Esta fórmula subsiste únicamente hoy en día en Estados Unidos, donde sus principales partidos se erigen como inmensas confederaciones compuestas de dispares grupos locales. Donde en el voto de un cargo electo, ya pertenezca a la Cámara de Representantes o Senado, prima muchas veces más el temor a rendir cuentas ante el ciudadano, de quien depende que renueve o no otra vez el escaño, que lo decretado por su propia organización. Muy distinto a lo que sucede habitualmente en nuestro territorio nacional, debido mayormente a las considerables disparidades entre ambos sistemas electorales.

Los «partidos de masas», en pro su subsistencia, intensificarán sus esfuerzos hacia la masiva captación de afiliados. La preponderancia que otorgan a la cantidad y no la calidad se ha de explicar en base a dos vertientes: por un lado la exigencia de cubrir carencias económicas mediante la aportación de cuotas por parte de sus afiliados, además de valerse de su colaboración voluntaria en las variadas actividades de la organización; y por otra parte, brindando al pueblo la oportunidad de acceder al poder sin restricción alguna. Entre los efectos adversos que este modelo produce se englobarían la tendencia a la burocratización y a la profesionalización de sus dirigentes. Lo que desencadena su gradual distanciamiento de las bases. Significativo obstáculo para que no se dé la obligatoria renovación en los cargos orgánicos, y por ende en los públicos, ya que de los orgánicos depende la elección de estos últimos.

Hacia finales del siglo XX los mencionados partidos de masas evolucionarán hacia el prototipo actual, «partidos atrapa-todo». Denominados de esta forma porque su fin último es concitar el máximo número de apoyos en las urnas. Objetivo que pretenden lograr mediante la difuminación de su ideario, que envuelven con axiomas universales, de fácil asimilación por el conjunto de la sociedad. Así eluden identificarse excesivamente con segmento alguno, para no ser rechazados por el resto. Utilizan mensajes vagos, que sufren una constante transformación, en atención a los requerimientos de cada ocasión. Los partidos se burocratizan en demasía y sus dirigentes se transforman en absolutos profesionales de la política. Dejan de ser individuos civiles que en un momento determinado de su trayectoria laboral, en el ámbito privado, optan por volcar sus conocimientos en la vida pública. Y pasan a convertirse en sujetos que no conocen más oficio que la propia política.

Esto, en grado sumo, deriva en organizaciones afectadas por el «síndrome de regresión paranoide». Afección que presenta una clara sintomatología. Fragmentación en diversos grupos, atrincherados en pequeños reinos que ya no comparten un proyecto común, sino únicamente el propio. Tendencia a la traición. Ahondamiento de las heridas, hasta convertirlas en insalvables. Promoción de caudillos que se valen de cualquier atajo para sostenerse en su puesto, exclusiva forma de ganarse su sustento. Mientras, los demás callan por temor a ser sancionados y ser expulsados de los núcleos de poder. Lo que provoca que los afiliados de valía se echen a un lado, con tal de no ser arrollados por el turbulento vendaval. Y por último, su máximo líder se encuentra amordazado por los poderosos caudillos, obligado a ceder a sus caprichos en pro de no ser derrocado. Estado que conforma el paso previo para la refundación o extinción de la dolorida formación.

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NOTAS:

[1] Seco Serrano, C. (1998). Estudios sobre el reinado de Alfonso XIII, pp. 67-68. Madrid: Real Academia de la Historia


El pensamiento liberal de Ronald Reagan

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Categoría: Destacados liberales

En 1981 Ronald Reagan se convirtió en el cuadragésimo inquilino del despacho oval, puesto que ocupó hasta 1989. Su mandato se caracterizó por propiciar el fin de la Guerra Fría y porque constituyó una de las etapas de mayor prosperidad económica para los estadounidenses.

En el ámbito exterior, memorable fue su discurso pronunciado el 12 de junio de 1987 ante la Puerta de Brandemburgo: “Hoy yo digo: mientras la puerta esté cerrada, mientras se permita esta herida de muro, no es sólo la cuestión alemana que permanece abierta, sino la cuestión de la libertad de toda la humanidad. Pero no he venido aquí a lamentarme. Puesto que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza, incluso a la sombra de este muro, un mensaje de triunfo. (…) Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorvachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorvachov, derribe este muro!”. Y tras estas palabras, el 9 de noviembre de 1989, el muro se abrió.

En cuanto a la situación que se encontró al iniciar su primera legislatura, queda nítidamente definida en un pasaje extraído de la alocución pronunciada en el acto de su investidura como Presidente: “Estos Estados Unidos se enfrentan a una aflicción económica de grandes proporciones. Sufrimos la más larga y una de las peores inflaciones sostenidas de nuestra historia nacional. Distorsiona nuestras decisiones económicas, penaliza el ahorro y quiebra a los esforzados jóvenes y a los jubilados por igual. Amenaza con destrozar las vidas de millones de nuestra gente.”

Durante su gobierno se generó un fuerte flujo emprendedor, y con especial intensidad en la industria tecnológica, con lo que consecuentemente descendió el alto índice de paro. Quizás su gran acierto fue rodearse de los mejores intelectuales del momento. Uno de ellos fue Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía en 1976, liberal adscrito a la Escuela de Chicago.

Las líneas de actuación implementadas se centraron en reducir los impuestos y en desregular ciertos sectores productivos. Con su decisión de restringir la emisión de dinero por parte de la Reserva Federal se consiguió frenar la inflación. Y es que además no sólo Reagan había leído a Friedrich A. Hayek, en cuanto a las teorías planteadas sobre este aspecto, sino que igualmente eran comprendidas y compartidas por Paul Volcker, Gobernador de la Reserva Federal en aquel entonces. Lo que posibilitó que la medida adoptada se desarrollara positivamente y produjera resultados tan favorables como los que obtuvieron.

La visión liberal de Ronald Reagan era de una claridad manifiesta y queda sintetizada en esta frase suya: “El crecimiento, la prosperidad y el bienestar se generan desde abajo, no desde el Estado. Sólo cuando se deja que el espíritu humano invente y cree, sólo cuando los individuos pueden tomar decisiones libremente y obtienen recompensa personal cuando tienen éxito, sólo entonces las sociedades están económicamente vivas y son dinámicas y libres.”

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