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Ensayo sobre la obra de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923)

“La relación de Sorolla con los liberales de su época”, aborda la sincronía que tuvo el celebérrimo pintor español con las principales figuras del liberalismo de su época.

Ya la puedes descargar o comprar en formato impreso en el siguiente enlace:

http://ibizamelian.com/mis-obras/

Recuerda que igualmente se encuentra a tu disposición la novela “Historias de un pueblo”:

Que Adolfo Suárez estaba tocado por las musas del carisma y del liderazgo, eso nadie lo duda. Características de las que resultan ungidos escasos políticos. Su perseverancia y auto-motivación le hicieron labrarse un futuro desde el primer escalón. Hay quien le achacó incluso un exceso de ambición. Mas su progreso provenía de su propio esfuerzo y trabajo. Lo contrario de la posición alcanzada por otros, gracias a su nacimiento en el seno de una influyente familia. No obstante, lamentablemente, esta cualidad es denostada incluso en nuestra época. Inculcándose el conformismo y la autocomplacencia. Venerándose como una virtud la mediocridad. Y todo para que el poder siga perennemente atrapado entre las mismas manos. Erigiéndose en poderosa semilla que se traspasa de generación a generación. Y cuando alguien logra rebañar algunas migajas de efímero éxito, alguien sin apellido, ni condición, se le recrimina por su exceso de ambición, al osar penetrar en un coto para él absolutamente vetado.

Su capacidad de persuasión, de comunicación, así como sus grandes dotes para las relaciones públicas, le permitieron abrirse puertas en un mundo hostil y arbitrario. A lo que hay que unir su mágica clarividencia, percibiendo antes que los demás lo que acontecería en el futuro más inmediato. Enfocando sus esfuerzos a la consecución de objetivos. Lo que sumado a su magistral aptitud para concitar a las más numerosas y divergentes fuerzas en torno suyo, lo convierten en un referente del panorama político nacional. Baluarte del centro-reformista y liberal.

Incardinado en un proyecto humanista de la sociedad. Manifestando: “Pienso que toda acción política se ha de fundamentar en el valor de la persona, de su dignidad y libertad. Pero, entiendo a la persona no como un yo aislado de los demás y de su propio entorno, sino como un ser racional y sociable que sólo se desarrolla en la comunidad.” Conllevando “una ordenación de la vida colectiva que tenga como principio el respeto a la dignidad del ser humano.” Porque como aseverara  el filósofo griego Aristóteles (384 a.C – 322 a.C): “El ser humano es un ser social por naturaleza.”

Imbuido por el pensamiento de José Ortega y Gasset (1883-1955) se da cuenta, desde un primer momento, que sólo a través del centro era posible alcanzar la Tercera España, aquella infinidad de veces aclamada por Salvador de Madariaga (1886-1978). Porque para él: “El centro es el lugar de concordia y esperanza.” Explicándolo del ulterior modo: “Frente al eterno dilema “derecha-izquierda”, intuí que la España del equilibrio y la moderación, la España del centro, debía asumir el protagonismo y la responsabilidad del cambio político.” Y es que parafraseando nuevamente a Aristóteles: “La virtud está en el punto medio.”

Al igual que su inspirador ideológico, estaba poseído por un poderoso espíritu regeneracionista. Avisando, desde 1989, de la irrupción, en nuestro sistema, de: “algunas deficiencias o desviaciones que urge suplir o rectificar para cortar por lo sano los efectos regresivos que se han empezado a producir.” Proponiéndose como fin un continuo reformismo. Ya que para él nuestro Estado Democrático y Social de Derecho, definido así por el artículo primero de nuestra Carta Magna, concretamente en su párrafo inicial: “(…) es una creación de la razón y una construcción de la voluntad que entre todos, día a día, hay que arraigar y perfeccionar.”

Defensor de un proyecto claramente liberal, de la “flexibilización y liberalización de la economía, en el convencimiento de que proteccionismo e intervencionismo sólo pueden tener efectos negativos.” Aspirando a: “Una sociedad de hombres libres, protagonistas de su destino individual y colectivo.” Según sus palabras: “(…) a nosotros, y a aquellos que están con nosotros, nos preocupa más que las personas sean libres que su felicidad; preferimos que se equivoquen al escoger a que no puedan hacerlo; porque pensamos que, a menos que elijan , no podrán ser felices o infelices en ningún sentido en el que valga la pena una condición u otra; el concepto mismo de “valer la pena” presupone la elección de fines, un sistema de preferencias libre: y que esto se destruya es lo que nos sacude con frío terror, peor que el más injusto de los sufrimientos, porque este último al menos permite y deja abierta la posibilidad de su conocimiento – de juicio libre- que permite condenarlo.” Afirmando: “No puede hablarse de política democrática si no se fundamenta en la libertad y se orienta continuamente a la libertad.”

Porque como escribiera Miguel de Cervantes en su célebre obra “Don Quijote de la Mancha”: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; y con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre.”

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Carlos Alberto Montaner es un escritor y periodista cubano. Fundador desde el exilio y presidente de la Unión Liberal Cubana, quienes defienden la instauración de la democracia en Cuba. Ha sido también docente de la prestigiosa Universidad Francisco Marroquín, centro de enseñanza fundamentado en los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables. Ligado a la Internacional Liberal, asociación auspiciada por el pensador español con más vocación europeísta, Salvador de Madariaga. Contabilizándose en millones de personas, las que hasta ahora han podido disfrutar de la multitud de artículos publicados en la prensa.


El 09 de Diciembre de 1931 el Presidente de las Cortes promulgaría la Constitución por la que se regiría la Segunda República. Donde se recogía una extensa variedad de derechos individuales, políticos y sociales. Decretando la soberanía popular y el sufragio universal, tanto masculino, como, por primera vez, femenino, para los mayores de 23 años. Se declaraba la división de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Presidente de la República y Gobierno) y Judicial.

La Administración de justicia se organizaba en base a: la independencia de los jueces, la unidad de fuero, gratuidad para los ciudadanos que carecieran de los recursos económicos suficientes y participación popular en la configuración de Jurados. Creándose el Tribunal de Garantías Constitucionales, fuertemente criticado por disponer de una composición demasiado politizada. El cual resolvía sobre: recursos de inconstitucionalidad; de amparo; cuestiones de inconstitucionalidad de las leyes: sobre la responsabilidad criminal del Presidente de la República, del Presidente del Gobierno y de los ministros, así como de los magistrados del Tribunal Supremo. Por último también se encargaría de dirimir en torno a las controversias suscitadas por conflictos de competencias entre el Estado y las regiones autónomas.

La organización territorial se adscribiría a un modelo que se calificó como Estado integral, a medio camino entre el unitario y el federal. Aspecto influenciador en la ulterior Constitución de 1978. Y su economía se supeditaba a un sistema mixto, siguiendo la estela de los postulados keynesianos.

Los órganos constitucionales serían los siguientes:

  • Las Cortes. A semejanza de la Constitución de 1812: unicamerales. Suprimiéndose el Senado, al estimarse anacrónico y no auténticamente representante del pueblo español, así como un elemento que inevitablemente retardaría cualquier decisión.
  • El Presidente de la República. Encargado junto con el Presidente del Gobierno de la dirección política del Estado. Elegido por seis años por los propios parlamentarios y un número igual de compromisarios, escogidos mediante sufragio universal, directo y secreto. Una vez concluido su mandato, no le sería factible acceder al mismo cargo hasta transcurridos otros seis años. Entre sus funciones se encontraban designar y separar de su puesto al Presidente del Gobierno. Igualmente, y a propuesta de este último, nombrar a los ministros. La promulgación de las leyes, ostentando también la facultad de ejercer el veto suspensivo sobre las mismas. Siendo su figura política y jurídicamente responsable ante el Congreso. Correspondiendo al Tribunal de Garantías Constitucionales instruir cualquier causa, con indicios de criminalidad, abierta contra él, previa acusación de las Cortes.

El Presidente de la República podía además disolver el Congreso hasta dos veces en su mandato, en cuyo caso, a los diputados entrantes se les permitiría analizar la conveniencia de tal determinación y dictaminar, si así lo deliberasen, su destitución. Hecho que sucedió en 1936 sobre la persona de Niceto Alcalá Zamora (1877-1949).

  • El Gobierno. Compuesto por el Presidente o Jefe de Gobierno y los ministros. Dedicados básicamente a la alta dirección y gestión de los servicios públicos. En cuanto a su poder normativo se ceñiría a: elaborar los proyectos de ley que posteriormente se someterían al debate y dictamen parlamentario, dictar decretos y la potestad reglamentaria. Requiriendo el gobierno de una doble confianza, la concedida por el Presidente de la República y la proveniente de las Cortes. Quedando evidenciada la inestabilidad política de la época, al tener en cuenta que desde el 14 de Abril de 1931 al 18 de Julio de 1936 se sucedieron diecinueve gobiernos. La media de duración sería de poco más de tres meses. Inclusive alguno se mantuvo únicamente cuatro o cinco semanas en el poder.

Este convulso periodo, donde chocaron frontalmente dos ideologías: la liberal y la marxista, estuvo liderado por lo general por representantes públicos de gran talla, quienes quizás obviaron, que ante todo, el fin último de la política es garantizar la cohesión social. Objetivo que debe primar sobre cualquier decisión gubernamental, en pro de evitar la fractura, como postreramente aconteció. Resultando sumamente irresponsable muchas de las diatribas lanzadas desde los escaños del Congreso. Las cuales fueron utilizadas en la calle para justificar todo tipo de particulares actitudes. Y por ende para enfrentar a la población.

La Segunda República fue una iniciativa en gran medida de los intelectuales, al frente de los cuales se situaría la generación del 14, capitaneada por José Ortega y Gasset (1883-1955). Quien viendo el cariz que tomaban las cosas, al parecer decepcionado, decidiría disolver la Agrupación al Servicio de la República en 1932. A través de un manifiesto, publicado en el periódico Luz el 29 de Octubre, “dejando en libertad a sus hombres para retirarse de la lucha política o para reagruparse bajo nuevas banderas y hacia nuevos combates”. Cuyos miembros se repartieron entre el Grupo Republicano Independiente, el Frente Popular o la Falange Española.

Un contexto eminentemente conflictivo. Repleto de abruptas contiendas protagonizadas por las dos eternas Españas. Impidiendo la fraternal reconciliación bajo la bandera de la tercera: la de la libertad, la integración y el progreso.

Y en cierta medida pareciera que los puntos candentes de aquel momento, volviesen a surgir en esta era: la controvertida constitucionalidad del polémico Estatuto catalán, la presunta politización del Tribunal Constitucional, los recelos a tenor del reparto competencial,…Incluso la Gran Depresión mundial que azotaba al mundo en aquel instante, bien pudiera pensarse que se reproduce ahora igualmente. Dificultando la recuperación en España su crisis político-social, lo que provocaría un retraimiento de la inversión del capital privado, el cual terminaría por buscar refugio en países más estabilizados.

Como nota anecdótica, supuestamente existe hasta una coincidencia en la obligación de retirar los crucifijos de las escuelas. Disposición dictada el 16 de Enero de 1932, mediante Orden del Director General de Primera Enseñanza.

El grado de desencanto fue tal, que Salvador de Madariaga (1886-1978) llegaría a definir a la Segunda República como el “trágico disparate”. Incluso Unamuno (1864-1936) apoyaría inicialmente a los rebeldes, cuya sublevación y fallido intento de Golpe de Estado desencadenaría la cruenta Guerra Civil. Queriendo ver en los militares la autoridad regeneracionista necesaria para encauzar la deriva nacional. Rectificando rápidamente su actitud y arrepintiéndose públicamente el 12 de Octubre de 1936, en el acto de apertura del curso académico de la Universidad de Salamanca, ante los improperios lanzados por el  general José Millán-Astray: “Se ha hablado aquí  de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis”

(Miguel de Unamuno)

Para acto seguido, luego de los encendidos ataques del militar,  continuar: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España”.

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Dicen que para poder comprender el presente, y evitar errores en el futuro, primero hemos de conocer perfectamente el pasado. Es por ello que hoy queremos mostrarles un interesante debate de una de las etapas quizás más trascendentales de nuestra historia: La Transición. Analizando la figuras de dos de sus principales personajes: el expresidente Adolfo Suárez y el Rey.

El programa “Debates en Libertad”, de Libertaddigital.tv, aborda lo acontecido durante aquel turbulento periodo, a través de las opiniones del escritor Abel Hernández y su libro: Suarez y el Rey. Que explica la relación personal y política entre ambos. Obra galardonada con el Premio Espasa de Ensayo 2009. Contando también el autor en su haber con la condecoración Nacional de Historia.

No menos didácticas resultan las aclaraciones del escritor y periodista Antonio Alférez. Quien ha colaborado para diversos medios de comunicación como el ABC, El País o Diario 16.

Con sorprendentes revelaciones del igualmente periodista Juan Picatoste. Quien grabara el mensaje del Rey del 23-F y trabajara para el gobierno de Adolfo Suárez, como Director General de Relaciones Informativas. Y una de las poquísimas personas que estaban presentes cuando el exmandatario pronunciara su discurso de dimisión.

Abordando Antonio Recarte, economista del Estado y escritor, así como presidente del medio de comunicación emisor del programa, las vicisitudes de la extinta UCD. Mientras Luis Herrero manifiesta su percepción particular sobre el líder carismático.

Un documento a considerar. Con alusiones a Sabino Fernández Campos, tristemente fallecido el 26 de Octubre del 2009. Quien fuera Secretario General y Jefe de la Casa Real por muchos años. Y con revelaciones tales como la correspondencia que Adolfo Suárez mantuviera con Salvador de Madariaga por largo tiempo y su preferencia por una ideología liberal muy europeísta.

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