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En 1981 Ronald Reagan se convirtió en el cuadragésimo inquilino del despacho oval, puesto que ocupó hasta 1989. Su mandato se caracterizó por propiciar el fin de la Guerra Fría y porque constituyó una de las etapas de mayor prosperidad económica para los estadounidenses.

En el ámbito exterior, memorable fue su discurso pronunciado el 12 de junio de 1987 ante la Puerta de Brandemburgo: “Hoy yo digo: mientras la puerta esté cerrada, mientras se permita esta herida de muro, no es sólo la cuestión alemana que permanece abierta, sino la cuestión de la libertad de toda la humanidad. Pero no he venido aquí a lamentarme. Puesto que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza, incluso a la sombra de este muro, un mensaje de triunfo. (…) Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorvachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorvachov, derribe este muro!”. Y tras estas palabras, el 9 de noviembre de 1989, el muro se abrió.

En cuanto a la situación que se encontró al iniciar su primera legislatura, queda nítidamente definida en un pasaje extraído de la alocución pronunciada en el acto de su investidura como Presidente: “Estos Estados Unidos se enfrentan a una aflicción económica de grandes proporciones. Sufrimos la más larga y una de las peores inflaciones sostenidas de nuestra historia nacional. Distorsiona nuestras decisiones económicas, penaliza el ahorro y quiebra a los esforzados jóvenes y a los jubilados por igual. Amenaza con destrozar las vidas de millones de nuestra gente.”

Durante su gobierno se generó un fuerte flujo emprendedor, y con especial intensidad en la industria tecnológica, con lo que consecuentemente descendió el alto índice de paro. Quizás su gran acierto fue rodearse de los mejores intelectuales del momento. Uno de ellos fue Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía en 1976, liberal adscrito a la Escuela de Chicago.

Las líneas de actuación implementadas se centraron en reducir los impuestos y en desregular ciertos sectores productivos. Con su decisión de restringir la emisión de dinero por parte de la Reserva Federal se consiguió frenar la inflación. Y es que además no sólo Reagan había leído a Friedrich A. Hayek, en cuanto a las teorías planteadas sobre este aspecto, sino que igualmente eran comprendidas y compartidas por Paul Volcker, Gobernador de la Reserva Federal en aquel entonces. Lo que posibilitó que la medida adoptada se desarrollara positivamente y produjera resultados tan favorables como los que obtuvieron.

La visión liberal de Ronald Reagan era de una claridad manifiesta y queda sintetizada en esta frase suya: “El crecimiento, la prosperidad y el bienestar se generan desde abajo, no desde el Estado. Sólo cuando se deja que el espíritu humano invente y cree, sólo cuando los individuos pueden tomar decisiones libremente y obtienen recompensa personal cuando tienen éxito, sólo entonces las sociedades están económicamente vivas y son dinámicas y libres.”

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Mucho hemos comentado sobre ilustres liberales: José Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Unamuno, Benito Pérez Galdós, el Premio Novel José Echegaray y Eizaguirre, Francisco Giner de los Ríos; y de su relación con el celebérrimo pintor valenciano, Joaquín Sorolla (1863-1923). Sin embargo, no hemos profundizado suficientemente en un periodo que marcó la existencia de un país y de una época: La Restauración. Y que con sus errores y aciertos, contribuyeron al despegue económico e intelectual nacional.

Régimen parlamentario sustentado en dos partidos políticos de corte liberal: el conservador de Antonio Cánovas del Castillo, y el progresista de Práxedes Mateo Sagasta. Consistente en la alternancia de ambas formaciones en el poder. Así Cánovas presidiría los siguientes gobiernos: 1875-1881; 1884-1885; 1890-1892; 1895-1897. Sagasta: 1881-1884; 1885-1890; 1892-1895; 1897-1902. Y el último estaría dirigido por el conservador Silvela, entre 1902 y 1903.

Siendo Cánovas quien ideó el denominado sistema de bipartidismo o turnismo, con el que se buscaba alcanzar la mayor estabilidad político-social. No obstante, tal intención quedaría desvirtuada al emplearse asiduamente mecanismos de fraude electoral: el encasillado o el pucherazo, en pro de erigir una elite política, que se apoyó en todo momento en el caciquismo.

El Jefe de Gabinete convocaba las elecciones, aunque anteriormente el Rey elaboraba una lista, preservando la mayoría para sus afines y ciertos puestos para la oposición, de tal modo que quedasen siempre en inferioridad.  La candidatura confeccionada era filtrada a los gobernadores civiles que debían conseguir su aprobación en las urnas.

Los caciques locales manipulaban censos electorales, incluyendo en él personas ya fallecidas, y excluyendo a otras vivas. Ejercían una política eminentemente clientelar, basada en lograr votos a cambio de favores: trabajos en el ayuntamiento, agilización en trámites burocráticos,…El lema que esgrimían resulta sumamente aclaratorio en cuanto a estos comportamientos: “para los enemigos la ley, para los amigos el favor”.

Una vez acabado este periodo comenzaría la que se considera la fase de madurez artística de Sorolla y que arranca en 1903 conSol de la Tarde”. Por lo que estimamos que si aspiramos a entender mejor a Sorolla y su obra, hay que situarlo en su contexto.

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José Ortega y Gasset fue uno de los más importantes filósofos liberales del siglo XX. Nació el 09 de Mayo de 1883 en Madrid, en el seno de una acomodada familia perteneciente a la alta burguesía. Se crió en un ambiente culto, muy relacionado con el mundo de la política y el periodismo. Y aunque con una longeva vida a cuestas, ya que falleció el 18 de Octubre de 1955, sustentada en una prolífica labor intelectual, no conoció el reconocimiento patrio. Cumpliéndose una vez más el sabio refranero popular, al señalar que: “nadie es profeta en su tierra”.

Hace tiempo un dirigente español se definía como un verso suelto dentro de su organización, y quizás fuera eso lo que le pasó a nuestro más ilustre liberal durante la época en la que subsistió. La cual no era otra, utilizando su propia designación, que la de la España de la incompetencia y el favoritismo; la del odio a los mejores, derivando en la carencia de capacitados gobernantes. Palabras lanzadas tal vez fruto de la impotencia y la desilusión.

Participó activamente de la actividad pública, llegando a ser diputado por la provincia de León, cargo que ostentó por el periodo de un año. Publicó multitud de artículos que servirían de fuente de inspiración para otros. En los que destaca su estilo clarificador, su elegancia y belleza literaria. Su firme propósito era intentar que su mensaje fuera asimilado por toda la población, independientemente de sus conocimientos sobre la materia o preparación.

Al irrumpir la Guerra Civil se ve abocado al exilio. Deambuló por París, los Países Bajos y Argentina, para finalmente establecer su residencia en Lisboa. Y aunque desde 1945 hasta el día de su fallecimiento la alternase con estancias en nuestra nación, fue fuera de nuestro territorio donde le confirieron los honores requeridos para un pensador de su estatus, mayormente en Alemania.

Su ideología liberal estaba circunscrita a la perspectiva civil. Contrario a cualquier tipo de radicalismo. Abogaba por la libertad individual, por un Estado pequeño y laico, que estimulara la reflexión y la diversidad de opiniones. Huye de la verdad absoluta, haciendo célebre su frase: “yo soy yo y mi circunstancia” .Refiriéndose a que nuestra visión condiciona nuestra propia realidad, que puede llegar a ser incluso contraria a la de los demás.

En 1978 su hija, Soledad Ortega Spottorno, crearía la Fundación José Ortega y Gasset. Institución que ha llegado a convertirse en uno de los Think Tanks españoles más acreditados. Dedicado a la difusión cultural, el debate, la formación y la investigación, dentro de las Ciencias Sociales y las Humanidades. Acogiendo habitualmente a primerísimas figuras internacionales en distintas disciplinas: política, económica, académica, empresarial.

Un excelso legado aportado por un gran maestro, adelantado a su tiempo, que sufrió la incomprensión, envidias y ataques. Tácticas puestas en práctica por personas cuya mediocridad les impedía vencerlo en el terreno de las ideas, empleando por ello la execrable vía del desprestigio.

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La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra (Museo de las Cortes de Cádiz)


No sólo Frédéric, nuestro querido Juez de paz,  posee notables antepasados. Sino que también D. Pascual, el cura centenario de Matahambre, asevera que desciende del controvertido pensador liberal español: Blanco White (1775-1841). Mas si atendemos a sus sermones dominicales, algo de los perspicaces razonamientos de aquel erudito sevillano pudiéramos descifrar en ellos.

(Blanco White)

Su padre, William White, un católico irlandés, huyó de Inglaterra en 1745, para  instalarse en nuestro país, concretamente en la ciudad de Sevilla. Recalando aquí al intentar escapar de la persecución a la que fue sometido a manos de los protestantes ingleses. Y paradojas de la vida, su hijo Blanco White, muchos años después, tuvo que exiliarse de nuestra patria ante los ataques que ciertos sectores de la época le infligieron. Estableciendo su residencia, hasta su muerte, en suelo británico.

Un espíritu contrariado que anhelaba fervorosamente alcanzar una paz interior que nunca encontró. Defendía la razón sobre todas las cosas y la tolerancia como una de las grandes virtudes humanas. Poseedor de un alma sensible y espiritual, que lo llevó a ejercer primero de cura, bajo el catolicismo en España y después como sacerdote anglicano en Inglaterra. Renunciando igualmente a éste último dogma al final de sus días. No obstante, si por alguna faceta lo hemos de recordar es a través de sus escritos, en donde pretendía plasmar la visión política, económica y social de esta España nuestra.

Abogó porque las Cortes Constituyentes, erigidas tras la Batalla de Bailén y el abandono de José Bonaparte del Trono Español, elaboraran un texto constitucional fundamentado en: una Monarquía Parlamentaria, un Estado laico y bicameral. Esbozando la necesidad de compatibilizar entre el cargo de Ministro y la condición de Diputado. Prerrogativas recogidas en cualquier carta magna actual. Decantándose por el prototipo liberal inglés para mirar al futuro y dejar atrás el absolutismo de regimenes anteriores. Un sistema integrador donde nadie quedase excluido, evitando así cualquier tentativa de rebelión futura.

Sin embargo, el modelo por el que se optó para aprobar la primera Constitución española, la de 1812, fue el francés. Este texto, extremadamente rígido, ha sido el más extenso de nuestra historia, con 384 artículos. Con una forma de gobierno de Monarquía Moderada, con Cortes monocamerales. Asimismo contemplaba que el cargo de Diputado era incompatible con el de Ministro. En su artículo 12 se acordaba además la confesionalidad del Estado y la unidad religiosa: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.”

Resultando el arquetipo galo de difícil desarrollo aquí. Mayormente por nuestra propia idiosincrasia,  por el eterno enfrentamiento entre dos bandos: uno minoritario e ilustrado; y el otro poseedor de ancestrales privilegios que sometían al pueblo, gracias a las supersticiones, fanatismos y el gran analfabetismo reinante, convirtiendo a las frágiles almas en simples reos. Postulados que quedaron demostrados al ser derogado por Fernando VII el mencionado documento, el 4 de Mayo de 1814. Retrotrayendo a los que ya vitoreaban aires de libertad al punto de inicio.

(Edición contemporánea de la Constitución de 1812)

Blanco White fue criticado por ambos bandos. Sobre todo por la mala interpretación que se hizo de uno de sus razonamientos. Publicados en el periódico “El Español”. Rotativo por él editado y que contó con una enorme difusión. Sus adversarios lo culparon de instigar a las colonias de ultramar a la independencia. Aunque su alegato verdaderamente se sustentaba en constituir una entidad de comunidades autónomas iguales entre sí, con idénticos derechos y obligaciones, y unidas por la misma monarquía.

White dedicó su vida a buscar el brebaje que curase a España del mal que la afligía. Pero, como constante durante prácticamente dos siglos, los liberales han sido víctimas de sus adversarios y también de aquellos a los que querían proteger. Postreramente aplastados por el choque de dos lados opuestos. Quienes se muestran incapaces de encontrar la fórmula para apartar lo que los desune y abonar aquello en lo que coinciden. Realidad a la que tampoco escapa este pequeño pueblo castellano-manchego.


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