Posts Tagged ‘José Ortega y Gasset’

La presente obra se adentra en los axiomas de la  filosofía liberal. Pasando desde sus postulados, a su significado aplicado a un buen gobierno, ejemplos prácticos, iniciativas a tomar, así como un somero estudio de la obra de distintos autores liberales. Un inicial acercamiento a un controvertido movimiento mayormente incomprendido.

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Recuerda que igualmente se encuentra a tu disposición la novela “Historias de un pueblo”:

Y el ensayo sobre la obra de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923) “La relación de Sorolla con los liberales de su época”:

“Historias de un pueblo”, nació con vocación de hallar una respuesta para determinada pregunta que me hacía insistentemente: ¿por qué nuestra situación democrática vigente se ha desvirtuado considerablemente? Una reflexión que me llevó, de la mano de las vicisitudes de unos personajes, acaecidas en un hipotético pueblo español, Matahambre, a abordar los principales problemas que corroen los cimientos de nuestro Estado y que comienzan por el primer escalón, los Ayuntamientos.

Interpelándome además sobre cómo podremos proseguir sosteniendo el inmenso aparato gubernamental nacional. Haciendo un punto y aparte en cuanto al diagnóstico de nuestro régimen electoral se refiere, el cual ha derivado en una abyecta partidocracia. Recordando los valores de aquel incipiente “Estado liberal de derecho”: la necesaria separación de poderes; el anhelo liberal que aspiraba a mostrar un sistema jurídico ordenado, que favoreciera la seguridad y posibilitara que su destinatario supiera a qué atenerse en cada momento.

Destacando el pensamiento de grandes autores y políticos liberales nacionales. Deslizándome por la concepción de las dos Españas, en palabras de Ortega y Gasset: Una “que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida”. Y otra “España vital, sincera, honrada, la cual estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia.” Mas decantándome por la Tercera España, denominada así por Salvador de Madariaga, la de la libertad, la integración y el progreso. Narrando los dispares episodios de nuestro reciente pasado constitucional. Instando finalmente a ejecutar cuanto antes la proclama de Antonio Maura, destacado político regeneracionista de la Restauración, “La Revolución desde arriba”.

Sin más, espero que disfruten, tanto como yo al escribir esta novela, de su lectura. Y quizás, quién sabe, nuestras humildes deliberaciones nos conduzcan a construir un pensamiento colectivo que contribuya, aún incipientemente, a la mejora de nuestra sociedad. Pues hay quien asevera que las utopías del ayer, siempre son las realidades del mañana.

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Adolfo Suárez luego de su dimisión como Presidente del Gobierno, el 29 de Enero de 1981, y su renuncia igualmente a la dirección de la UCD, que terminaría por disolverse el 18 de Febrero de 1983, fundaría, el 29 de Julio de 1982, el Centro Democrático y Social (CDS). Organización declarada como de centro-reformista y liberal, sujeta a un proyecto humanista de la sociedad. El 31 de Julio de 1982 presentaría su propuesta en una nutrida rueda de prensa, aspirando a recuperar el electorado de centro que hasta ese momento se decantaba por la UCD.

Si bien las encuestas comenzaban a indicar el progresivo acercamiento del referido voto centrista hacia el PSOE, quien ya se había percatado de lo decisivo que resultaba ese segmento para pelear por la mayoría absoluta. En pro de alcanzar tal objetivo intentaría moderar considerablemente su mensaje. Renunciando en 1979 a la defensa del marxismo. Llegando incluso a manifestar su líder, Felipe González, en 1986: “El capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos.” Hasta llegar al enunciado de Anthony Giddens, a finales del siglo pasado: “El socialismo ha muerto”, creando una nueva base ideológica denominada “Tercera Vía”, que propone un punto intermedio entre el liberalismo y la socialdemocracia. Corriente auspiciada por los laboristas ingleses, bajo el liderato de Tony Blair, y los demócratas de Bill Clinton en Estados Unidos. Y de la que se haría eco el PSOE en su XXXV Congreso Federal, del que saldría investido como secretario general, el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Movimiento que aquí se conocería con el nombre de “Nueva Vía”. En el susodicho Congreso, celebrado en Julio del 2000, Zapatero haría un llamamiento a la “pasión por la libertad”, premisa que para él habría de imperar perennemente en el socialismo. Aunque algunos intuyen atisbar actualmente un cierto retrotraimiento en su ideario y una ostensible inclinación de posturas.

No obstante, lo pretendido por Suárez no se produjo. Primeramente por la Ley Orgánica, aprobada el 19 de Junio de 1985, concerniente al Régimen Electoral General (LOREG), que vino a reemplazar al Real Decreto-Ley del 18 de Marzo de 1977, empleado hasta ese momento. Fomentando el bipartidismo y la preponderancia de los partidos mayoritarios. Donde la fórmula electoral utilizada para repartir los escaños, a tenor de los votos conseguidos, es la regla D’Hondt, que robustece a las principales organizaciones. No prefiriendo otras como la de Lagüe o el método Danés que se muestran sustancialmente benevolentes con las fuerzas minoritarias. Y es que ya lo pronosticaría José Ortega y Gasset en “La Rebelión de las Masas”: “(…) La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y grado, dependen de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral, todo lo demás es secundario.” Mostrándose evidente, que mediante el sistema vigente, las minorías quedan condenadas al ostracismo y sin voz que las represente.

Así en las elecciones generales del 28 de Octubre de 1982 el CDS lograría exclusivamente 2 diputados, uno por Madrid, el propio Adolfo Suárez, y otro por Ávila, Agustín Rodríguez Sahagún, ex ministro de UCD. Casualmente en Ávila habían nacido los dos el mismo año, en 1932. En las municipales de 1983 el CDS sacó 658 concejales y 172 alcaldes.

Sin embargo, en las generales del 22 de Junio de 1986 se harían con 19 escaños. Y eso a pesar de que un nuevo movimiento trató de erigirse como máximo garante del centro, el Partido Reformista. Encabezado por Miguel Roca i Junyent, por lo que también fue denominada como “Operación Roca”, en clara alusión a su cabeza de lista.  Mas, con sólo 194.538 votos, no consiguieron representación alguna.

En el plebiscito de Junio de 1987, que sería municipal y europeo. El CDS se consolidaría como la tercera fuerza política con 681 alcaldías. Colocando en Estrasburgo a siete parlamentarios de renombre, entre los que se encontraban el célebre escritor y divulgador científico catalán Eduardo Punsent.

Evolución de los escaños obtenidos por el PSOE en las elecciones generales de España (1977-2008)

En 1988 el partido de Adolfo Suárez se adscribiría a la Internacional Liberal”. Creada en 1947 en Oxford, donde se reunieron los Partidos Liberales de Europa, nombrando como Presidente a Salvador de Madariaga y redactando un Manifiesto que describe su marco doctrinario:

“Nosotros, liberales de 19 países, reunidos en Oxford, en una época de desorden, pobreza, hambre y temor provocados por dos guerras mundiales;

Persuadidos de que esta situación del mundo es, en gran parte, debida al abandono de los principios liberales;

Expresamos nuestras convicciones en esta Declaración: (…)

(…)El Estado es solamente el instrumento de la comunidad. No debe arrogarse ningún poder que entre en conflicto con los derechos fundamentales de los ciudadanos y con los requisitos esenciales de una vida creadora y responsable. Estos requisitos son:

- Libertad de la persona, garantizada por una administración de la ley y de la justicia independiente;

- Libertad de conciencia y de creencias;

- Libertad de palabra y de Prensa;

- Libertad de asociación y de no asociación;

- Libre elección de profesión;

- Oportunidad para una educación plena y pluriforme, según las capacidades individuales, con independencia del origen o de las riquezas;

- Derecho a la propiedad privada y a la iniciativa individual;

- Libertad de elección de los consumidores y oportunidad para la explotación total de las riquezas del suelo y de la industria humana;

- Seguridad frente a los riesgos de enfermedad, desempleo, incapacidad profesional y edad;

- Igualdad de derechos del hombre y de la mujer.

4. Estos derechos y estos requisitos sólo están garantizados en una auténtica democracia. La democracia auténtica es inseparable de la libertad política y se fundamenta en el consenso consciente, libre e ilustrado de la mayoría, expresado a través del sufragio libre y secreto, respetando al mismo tiempo las libertades y las opiniones de las minorías.(…)”

El 12 de Octubre de 1989, en una sesión organizada en París, Adolfo Suárez transmitiría su reconocimiento “por la confianza que habéis depositado en mí al elegirme para presidir la Internacional Liberal.” Concluyendo: “En un momento en el que el comunismo pierde credibilidad, en el que el socialismo abandona y mistifica sus planteamientos y en que los conservadores quedan relegados a la insolidaridad, el liberalismo de progreso es una clara opción de futuro que puede emerger con fuerza. Nuestros antecesores –los padres fundadores norteamericanos, los republicanos franceses, los constituyentes españoles de Cádiz, los grandes liberales ingleses del siglo XIX, los alemanes de 1848, los independentistas americanos y de otros constituyentes – han señalado con frecuencia que el camino hacia la utopía es el camino de la libertad; no de la utopía estática, sino de la utopía que se puede alcanzar, la que tenemos que conseguir: una sociedad liberal y democrática, (…), justa y solidaria.”

Por otro lado Fraga estimaría que había llegado a su techo electoral. De los 107 diputados de 1982, pasaría a 105. La Alianza Popular de Fraga nacida el 9 de Octubre de 1976, gracias a la unión de distintas asociaciones políticas, rebautizada en 1979 como Coalición Democrática y en 1982 como Coalición Popular, presentía que debía modificar su ideario para llegar a un mayor número de españoles. Si en su VI Congreso, acaecido en Barcelona, del 27 al 30 de Enero de 1984, bajo la presidencia de Fraga y la secretaría general de Jorge Vestrynge, la organización en el artículo 2 de sus Estatutos se nomina como demócrata y liberal-conservadora. Pronto irá virando su postura al objeto de prescindir del aspecto conservador, no compartido por una porción de la sociedad que lo asociaba a una de “las dos Españas”, lo que le imposibilitaba convertirse en alternativa de gobierno.

Evolución de los escaños obtenidos por Alianza Popular (1977), Coalición Democrática (1979), Coalición Popular (1982-1989) y por el Partido Popular (1989–2008) en las elecciones generales de España

Así en su IX Congreso, que tuvo lugar en Madrid, del 20 al 22 de Enero de 1989, reputado como el de la refundación, bajo el lema: “Avanzar en Libertad”,  se aprobó la transformación en una única organización, calificada como Partido Popular. La formación estaba sumida en una crisis identitaria, luego de la renuncia de Hernández Mancha y su fallida y criticada moción de censura contra Felipe González. Afirmándose en un párrafo de la ponencia política: “(…) La necesidad de convertir Alianza Popular en un partido de ancha base (…) centrado en la defensa de la persona, de su dignidad, responsabilidad y libertad, y de las instituciones que lo protegen, frente al estatismo dirigista e interventor, que implica al fin todo socialismo, por reconvertido que esté ideológicamente.” José María Aznar sería escogido para representar al recién alumbrado PP en los comicios generales de ese año.

En las elecciones del 29 de Octubre de 1989 el CDS se quedaría con sólo 14 parlamentarios, de los 19 sacados en 1986. No obstante, el refundado Partido Popular, con José María Aznar como candidato, subiría a 107, recuperando los 2 perdidos en 1986 y colocándose ya en la senda alcista.

De lo que se concluye que la debacle del CDS, no sólo dependió de la ley electoral, sino también de: un PSOE preocupado en conservar el 30% de los votos centristas arrebatados a la UCD en los comicios de 1982; un PP, liderado por José María Aznar, empeñado en reubicar el partido en el centro, desplazando inevitablemente al CDS. A lo que hay que sumar una serie de maniobras políticas acometidas por el CDS y no entendidas por los votantes suaristas. Como fue la alianza con los fraguistas para hacerse con la presidencia de la Comunidad Autónoma Canaria el 30 de Julio de 1987. Donde su candidato Fernández Fernández Martín, doctor en medicina, la perderá el 28 de Diciembre de 1988 a causa de una cuestión de confianza, recayendo, a pesar de todo, en su compañero de filas y abogado Lorenzo Olarte, que fundaría finalmente el Centro Canario Nacionalista (CCN) y acabaría formando parte de Coalición Canaria hasta que la abandone en 2005. Más el pacto, en 1989, entre los 20 ediles del PP y los 8 del CDS, para llevar a cabo una moción de censura contra el PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, otorgando el bastón de mando, el 20 de Junio, a Agustín Rodríguez Sahagún del CDS. Desbancando al heredero del querido profesor Enrique Tierno Galván, Juan Barranco Gallardo. Agustín Rodríguez Sahagún permanecerá en el puesto aproximadamente dos años, hasta Abril de 1991, renunciando a presentarse nuevamente por motivos de salud. Falleciendo el 13 de Octubre de ese mismo año vencido por el cáncer.

En Febrero de 1990, las tensiones afloran en el III Congreso del CDS celebrado en Torremolinos. Principalmente por la pérdida de posiciones y el no entendimiento de los militantes acerca de las maniobras políticas llevadas a cabo, concibiendo que se podía transmitir a la sociedad no una postura claramente centrada, sino otra escorada a uno u otro lado. Lo que podría conducir a los electores a optar por el voto útil, es decir, por el de las formaciones mayoritarias. Negando el apoyo al CDS por una percepción de falta de definición. En las elecciones municipales y autonómicas del 26 de Mayo de 1991, perderían más de la mitad de los votantes. Al día siguiente Adolfo Suárez presentaría su dimisión como Presidente del CDS. El 8 de Septiembre cesaría en la “Internacional Liberal” y el 29 de Octubre dejaría la vida política y su escaño en el Parlamento.

Mientras el PP, y una vez nombrado Aznar, abanderando un proyecto liberal, como su Presidente, en el X Congreso de la formación en Sevilla, del 31 de Marzo al 1 de Abril de 1990, bajo el título “Centrados con la libertad”, comenzaría su carrera para convertirse en herederos del centro político nacional. Logrando ya, en las elecciones generales del 6 de Junio de 1993, 141 escaños, frente a los 159 del PSOE. En el XII Congreso, acaecido en Madrid del 19 al 21 de Enero de 1996, el lema escogido será “Gana el Centro”. Sirviendo de presagio a la victoria en las elecciones generales del 3 de Marzo de ese año, en las que el PP lograría 156 diputados, quedándose el PSOE con 141.

Los actuales Estatutos del PP, aprobados en el XVI Congreso de la formación, que tuvo lugar en Valencia del 20 al 22 de Junio de 2008, bajo la presidencia de Mariano Rajoy, describen a la organización, en su artículo 2, del ulterior modo: “El Partido Popular se define como una formación política de centro reformista al servicio de los intereses generales de España, que tiene a la persona como eje de su acción política y el progreso social como uno de sus objetivos. Con clara vocación europea e inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia (…).” Mas presuntamente algunos de los sectores liberales comienzan a sentirse, dentro del partido, “como un verso suelto”.

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Que Adolfo Suárez estaba tocado por las musas del carisma y del liderazgo, eso nadie lo duda. Características de las que resultan ungidos escasos políticos. Su perseverancia y auto-motivación le hicieron labrarse un futuro desde el primer escalón. Hay quien le achacó incluso un exceso de ambición. Mas su progreso provenía de su propio esfuerzo y trabajo. Lo contrario de la posición alcanzada por otros, gracias a su nacimiento en el seno de una influyente familia. No obstante, lamentablemente, esta cualidad es denostada incluso en nuestra época. Inculcándose el conformismo y la autocomplacencia. Venerándose como una virtud la mediocridad. Y todo para que el poder siga perennemente atrapado entre las mismas manos. Erigiéndose en poderosa semilla que se traspasa de generación a generación. Y cuando alguien logra rebañar algunas migajas de efímero éxito, alguien sin apellido, ni condición, se le recrimina por su exceso de ambición, al osar penetrar en un coto para él absolutamente vetado.

Su capacidad de persuasión, de comunicación, así como sus grandes dotes para las relaciones públicas, le permitieron abrirse puertas en un mundo hostil y arbitrario. A lo que hay que unir su mágica clarividencia, percibiendo antes que los demás lo que acontecería en el futuro más inmediato. Enfocando sus esfuerzos a la consecución de objetivos. Lo que sumado a su magistral aptitud para concitar a las más numerosas y divergentes fuerzas en torno suyo, lo convierten en un referente del panorama político nacional. Baluarte del centro-reformista y liberal.

Incardinado en un proyecto humanista de la sociedad. Manifestando: “Pienso que toda acción política se ha de fundamentar en el valor de la persona, de su dignidad y libertad. Pero, entiendo a la persona no como un yo aislado de los demás y de su propio entorno, sino como un ser racional y sociable que sólo se desarrolla en la comunidad.” Conllevando “una ordenación de la vida colectiva que tenga como principio el respeto a la dignidad del ser humano.” Porque como aseverara  el filósofo griego Aristóteles (384 a.C – 322 a.C): “El ser humano es un ser social por naturaleza.”

Imbuido por el pensamiento de José Ortega y Gasset (1883-1955) se da cuenta, desde un primer momento, que sólo a través del centro era posible alcanzar la Tercera España, aquella infinidad de veces aclamada por Salvador de Madariaga (1886-1978). Porque para él: “El centro es el lugar de concordia y esperanza.” Explicándolo del ulterior modo: “Frente al eterno dilema “derecha-izquierda”, intuí que la España del equilibrio y la moderación, la España del centro, debía asumir el protagonismo y la responsabilidad del cambio político.” Y es que parafraseando nuevamente a Aristóteles: “La virtud está en el punto medio.”

Al igual que su inspirador ideológico, estaba poseído por un poderoso espíritu regeneracionista. Avisando, desde 1989, de la irrupción, en nuestro sistema, de: “algunas deficiencias o desviaciones que urge suplir o rectificar para cortar por lo sano los efectos regresivos que se han empezado a producir.” Proponiéndose como fin un continuo reformismo. Ya que para él nuestro Estado Democrático y Social de Derecho, definido así por el artículo primero de nuestra Carta Magna, concretamente en su párrafo inicial: “(…) es una creación de la razón y una construcción de la voluntad que entre todos, día a día, hay que arraigar y perfeccionar.”

Defensor de un proyecto claramente liberal, de la “flexibilización y liberalización de la economía, en el convencimiento de que proteccionismo e intervencionismo sólo pueden tener efectos negativos.” Aspirando a: “Una sociedad de hombres libres, protagonistas de su destino individual y colectivo.” Según sus palabras: “(…) a nosotros, y a aquellos que están con nosotros, nos preocupa más que las personas sean libres que su felicidad; preferimos que se equivoquen al escoger a que no puedan hacerlo; porque pensamos que, a menos que elijan , no podrán ser felices o infelices en ningún sentido en el que valga la pena una condición u otra; el concepto mismo de “valer la pena” presupone la elección de fines, un sistema de preferencias libre: y que esto se destruya es lo que nos sacude con frío terror, peor que el más injusto de los sufrimientos, porque este último al menos permite y deja abierta la posibilidad de su conocimiento – de juicio libre- que permite condenarlo.” Afirmando: “No puede hablarse de política democrática si no se fundamenta en la libertad y se orienta continuamente a la libertad.”

Porque como escribiera Miguel de Cervantes en su célebre obra “Don Quijote de la Mancha”: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; y con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre.”

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El 09 de Diciembre de 1931 el Presidente de las Cortes promulgaría la Constitución por la que se regiría la Segunda República. Donde se recogía una extensa variedad de derechos individuales, políticos y sociales. Decretando la soberanía popular y el sufragio universal, tanto masculino, como, por primera vez, femenino, para los mayores de 23 años. Se declaraba la división de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Presidente de la República y Gobierno) y Judicial.

La Administración de justicia se organizaba en base a: la independencia de los jueces, la unidad de fuero, gratuidad para los ciudadanos que carecieran de los recursos económicos suficientes y participación popular en la configuración de Jurados. Creándose el Tribunal de Garantías Constitucionales, fuertemente criticado por disponer de una composición demasiado politizada. El cual resolvía sobre: recursos de inconstitucionalidad; de amparo; cuestiones de inconstitucionalidad de las leyes: sobre la responsabilidad criminal del Presidente de la República, del Presidente del Gobierno y de los ministros, así como de los magistrados del Tribunal Supremo. Por último también se encargaría de dirimir en torno a las controversias suscitadas por conflictos de competencias entre el Estado y las regiones autónomas.

La organización territorial se adscribiría a un modelo que se calificó como Estado integral, a medio camino entre el unitario y el federal. Aspecto influenciador en la ulterior Constitución de 1978. Y su economía se supeditaba a un sistema mixto, siguiendo la estela de los postulados keynesianos.

Los órganos constitucionales serían los siguientes:

  • Las Cortes. A semejanza de la Constitución de 1812: unicamerales. Suprimiéndose el Senado, al estimarse anacrónico y no auténticamente representante del pueblo español, así como un elemento que inevitablemente retardaría cualquier decisión.
  • El Presidente de la República. Encargado junto con el Presidente del Gobierno de la dirección política del Estado. Elegido por seis años por los propios parlamentarios y un número igual de compromisarios, escogidos mediante sufragio universal, directo y secreto. Una vez concluido su mandato, no le sería factible acceder al mismo cargo hasta transcurridos otros seis años. Entre sus funciones se encontraban designar y separar de su puesto al Presidente del Gobierno. Igualmente, y a propuesta de este último, nombrar a los ministros. La promulgación de las leyes, ostentando también la facultad de ejercer el veto suspensivo sobre las mismas. Siendo su figura política y jurídicamente responsable ante el Congreso. Correspondiendo al Tribunal de Garantías Constitucionales instruir cualquier causa, con indicios de criminalidad, abierta contra él, previa acusación de las Cortes.

El Presidente de la República podía además disolver el Congreso hasta dos veces en su mandato, en cuyo caso, a los diputados entrantes se les permitiría analizar la conveniencia de tal determinación y dictaminar, si así lo deliberasen, su destitución. Hecho que sucedió en 1936 sobre la persona de Niceto Alcalá Zamora (1877-1949).

  • El Gobierno. Compuesto por el Presidente o Jefe de Gobierno y los ministros. Dedicados básicamente a la alta dirección y gestión de los servicios públicos. En cuanto a su poder normativo se ceñiría a: elaborar los proyectos de ley que posteriormente se someterían al debate y dictamen parlamentario, dictar decretos y la potestad reglamentaria. Requiriendo el gobierno de una doble confianza, la concedida por el Presidente de la República y la proveniente de las Cortes. Quedando evidenciada la inestabilidad política de la época, al tener en cuenta que desde el 14 de Abril de 1931 al 18 de Julio de 1936 se sucedieron diecinueve gobiernos. La media de duración sería de poco más de tres meses. Inclusive alguno se mantuvo únicamente cuatro o cinco semanas en el poder.

Este convulso periodo, donde chocaron frontalmente dos ideologías: la liberal y la marxista, estuvo liderado por lo general por representantes públicos de gran talla, quienes quizás obviaron, que ante todo, el fin último de la política es garantizar la cohesión social. Objetivo que debe primar sobre cualquier decisión gubernamental, en pro de evitar la fractura, como postreramente aconteció. Resultando sumamente irresponsable muchas de las diatribas lanzadas desde los escaños del Congreso. Las cuales fueron utilizadas en la calle para justificar todo tipo de particulares actitudes. Y por ende para enfrentar a la población.

La Segunda República fue una iniciativa en gran medida de los intelectuales, al frente de los cuales se situaría la generación del 14, capitaneada por José Ortega y Gasset (1883-1955). Quien viendo el cariz que tomaban las cosas, al parecer decepcionado, decidiría disolver la Agrupación al Servicio de la República en 1932. A través de un manifiesto, publicado en el periódico Luz el 29 de Octubre, “dejando en libertad a sus hombres para retirarse de la lucha política o para reagruparse bajo nuevas banderas y hacia nuevos combates”. Cuyos miembros se repartieron entre el Grupo Republicano Independiente, el Frente Popular o la Falange Española.

Un contexto eminentemente conflictivo. Repleto de abruptas contiendas protagonizadas por las dos eternas Españas. Impidiendo la fraternal reconciliación bajo la bandera de la tercera: la de la libertad, la integración y el progreso.

Y en cierta medida pareciera que los puntos candentes de aquel momento, volviesen a surgir en esta era: la controvertida constitucionalidad del polémico Estatuto catalán, la presunta politización del Tribunal Constitucional, los recelos a tenor del reparto competencial,…Incluso la Gran Depresión mundial que azotaba al mundo en aquel instante, bien pudiera pensarse que se reproduce ahora igualmente. Dificultando la recuperación en España su crisis político-social, lo que provocaría un retraimiento de la inversión del capital privado, el cual terminaría por buscar refugio en países más estabilizados.

Como nota anecdótica, supuestamente existe hasta una coincidencia en la obligación de retirar los crucifijos de las escuelas. Disposición dictada el 16 de Enero de 1932, mediante Orden del Director General de Primera Enseñanza.

El grado de desencanto fue tal, que Salvador de Madariaga (1886-1978) llegaría a definir a la Segunda República como el “trágico disparate”. Incluso Unamuno (1864-1936) apoyaría inicialmente a los rebeldes, cuya sublevación y fallido intento de Golpe de Estado desencadenaría la cruenta Guerra Civil. Queriendo ver en los militares la autoridad regeneracionista necesaria para encauzar la deriva nacional. Rectificando rápidamente su actitud y arrepintiéndose públicamente el 12 de Octubre de 1936, en el acto de apertura del curso académico de la Universidad de Salamanca, ante los improperios lanzados por el  general José Millán-Astray: “Se ha hablado aquí  de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis”

(Miguel de Unamuno)

Para acto seguido, luego de los encendidos ataques del militar,  continuar: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España”.

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