Jan 27 2010

Capítulo IV: El pueblo lentamente se quedaba vacío


La tetera comenzó a silbar, avisándome de que el té estaba listo. Mi cabeza daba vueltas tras la pesarosa noche. La cual estuvo repleta de sueños que se intercalaban fugazmente entre enigmáticas sombras y susurros. No podría precisar con exactitud las imágenes que en mi mente recreé, aunque soy consciente de que me alertaban de un inminente y nefasto augurio.

Me serví una taza de la caliente infusión, sentándome en la mesa ensimismado en mis pensamientos. Intentando una y otra vez descifrar qué me intentaban decir la multitud de aparentes presagios que se dirigían hacia mí. Cuando de repente tocaron en la puerta. Mi padre aún estaba dormido, por lo que me apresuré en abrirla para que no se despertara por ese ruido. Era Luis, mi eterno amigo. Me saludó con un rostro sumamente compungido. Y me preguntó si podía desayunar conmigo.

Le noté que no sabía como empezar. Su mirada era ausente, sin posarla en un sitio fijo. Sin embargo, lentamente las palabras brotaron de su boca, cual río deseoso de desembocar pronto en el mar. Y lo soltó. La próxima semana partiría de Matahambre, dejando en el pueblo a sus familiares y seres más queridos. Tornándose vocablo a vocablo aquella conversación en una triste y amarga despedida.

Luis estudió Empresariales. Y recién salido de la Universidad, montó su pequeño negocio en la calle principal: “Gestoría la Verdad”. Al principio todo fue bien, ganando lo suficiente para mantenerse él y mi prima Libertad. Por cierto, no os la he presentado. Es la hija de mi tío Juan, el abogado jubilado del Estado. Es concejal. La novia de Luis desde que eran niños. Perteneciente a esa especie de políticos idealistas que anhelan las cosas arreglar y que tarde o temprano acaban enormemente decepcionados, arruinados y apartados. Desilusionados de un sistema que fomenta intensamente la mediocridad.

La cuestión es que hace años mantuvo un fuerte enfrentamiento con el Alcalde anterior, para más señas hoy condenado por prevaricación. Quien desató sobre ella y sus allegados la furia de los más oscuros resortes del poder. El ex-regidor quería eliminarla fuese como fuese del panorama municipal, ya que su presencia le resultaba tremendamente molesta. Principalmente porque hipotéticamente podría desentrañar sus corruptelas y entramados, e instigar a la población para que modificasen su opinión sobre tan siniestro señor. Sujeto que se mostraba ante los vecinos como padre benevolente y protector, disponiendo a su antojo de la corporación local a cambio de unas cuantas migajas de pan.

Golfi, se llamaba el ex-primer edil. En sus tiempos mozos fue camarero. No pasando sus estudios del graduado escolar. Aunque, durante sus 8 años en el cargo, supo amasar una enorme fortuna, invirtiéndola rápidamente en lejanos países. Él justificaba que su capital provenía de su maestría empresarial al frente de un pequeño local de venta de tuercas y tornillos. Opinando Luis y Libertad que si eso fuese cierto, harían bien en declararlo Doctor Honoris Causa en Ingeniería Financiera. Incluso nominarlo para el premio Novel quizás, por ser capaz de obtener la máxima rentabilidad a un producto con tan escaso margen de beneficio.

Cuando “Gestoría la Verdad” inició su actividad, lo hizo gestionando ya una importante cartera de clientes. Los cuales se convirtieron con el tiempo en los auténticos publicistas de la sociedad y más concretamente de su director. Pregonando por doquier sus bondades como buen profesional y mejor persona. Estimando por encima de todo su loable honestidad.

No obstante, cuanto más se recrudecían las disputas entre Golfi y Libertad, más presiones recibían los clientes de “Gestoría la Verdad” para que desistieran de su apoyo a la entidad, amén de sufrir dilataciones en sus futuros trámites burocráticos, o bien cualquier sanción o penalización. El objetivo era dejar a la ilusa concejal sin pan que echarse a la boca, en pro de abocarla a emigrar. Empujándola sutilmente a que buscara en otras tierras la paz, tranquilidad y el bienestar de los suyos. Cualquier acto valía con tal de que continuara Matahambre en las garras de los que siempre habían manejado sus hilos. Y finalmente esto que tanto ansiaban parcialmente lo habían conseguido. Luis se marchaba a Mallorca para trabajar en la administración de un hotel en la ciudad de Palma, la capital insular, ante la imposibilidad de aquí encontrar puesto alguno para él. Ya que Golfi en la comarca lo había vetado, mediante coacciones y amenazas tanto en el ámbito público, como privado.

Rendido y con la triste pena enquistada en el corazón, me decía adiós entre sollozos y quejidos. Encomendándome encarecidamente cuidar de su amada Libertad, su bien más preciado en este mundo. La brillante luz que ilumina su camino, por la que merece la pena luchar hasta el final, cumpliendo así su destino.

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Jan 25 2010

Capítulo II: Una más de caciques


Una crisis galopante. Destrucción de empleo sin parangón. El déficit corroe lentamente las arcas institucionales. Y las mentiras no paran de proliferar. Aunque algunos se auto-convencen una y otra vez de que los ciudadanos son tontos y como tal con las típicas marrullerías siempre serán capaces de engañar.

Si alguien osase levantar la voz, disponen de un remedio infalible. O bien lo amedrentan con su integridad física personal, o ponen en marcha multitud de resortes: presionar para que despidan a un familiar, inspecciones varias,… Eso sí, sin dejar rastro, ni prueba, que para algo valdrá mantener tan robusta corte de satélites asesores. Y es que aquella frase que esgrimían durante la Restauración los caciques locales, tal vez no diste demasiado de la época actual: “para los enemigos la ley, para los amigos el favor”.

En este ambiente se mueve mi pueblo, al que año tras año degradan un poco más. Donde los condenados por la justicia, manejan los resortes de una deleznable política clientelar. Aupando a sus apadrinados al poder público y organizacional, en pro de continuar sosteniendo su entramado particular. Al que se suman allegados y ajenos,  buscando lograr para sí toda clase de favores. El egoísmo en estado sumo: nada importa las penurias que pasen el resto de conciudadanos, si en algo ellos salen beneficiados. Una especie de “Sodoma y Gomorra” renacida cual ave Fénix de la España más profunda y cañí.

La Administración lo controla todo, hasta la decisión más insignificante. No dejando nada al azar y arrinconando completamente la libertad individual.

Por cierto, ahora caigo en la cuenta, de que llevamos un largo rato conversando, mas no me he presentado. Me llamo Pedro Gutiérrez, pero mis amigos me llaman Pedrín. Vivo en una pequeña circunscripción de la Comunidad Castellano Manchega. Donde el ocre de las llanuras se confunde con el azul turquesa del cielo. Hermoso rincón de nuestro territorio patrio, mayormente caracterizado por su desbordante hospitalidad.

Soy un joven pastor de ovejas, orgulloso como ninguno de su profesión y raíces. Para más reseñas elaboro un queso excepcional, que conste que no es publicidad, sólo pura realidad, jajajajaja. Más adelante, si así lo desean, los invitaré a un pedazo de este riquísimo manjar para que lo puedan comprobar. Ya sé lo que me van a contestar: que no tengo abuela. Sin embargo, es la verdad, puesto que por más que lo intente estoy incapacitado para la falsedad. Mis amigos se ríen de mí porque aseguran que no sé poner cara de póquer, resultándome por ello harto difícil encontrar pareja para jugar a las cartas en el bar municipal.

Bueno, que nos perdemos. El lugar donde resido recibe el nombre de Matahambre, si bien, paradójicamente, aquí nadie mata el hambre. Es uno de esos lares donde a pesar de encontrarse inmerso en pleno siglo XXI, concretos y supuestos ilustres señores aún muestran comportamientos propios del XIX.

A partir de ahora, si me lo permiten, les voy a narrar las venturas y desventuras de este pueblo. Vaticinando, en este preciso instante, que con él muchos de ustedes incluso lleguerán a sentirse especialmente identificados.

Os dejo por hoy, que mis ovejas a estas horas han de estar pensando que las quiero abandonar. Y nada más lejos, estimándolas soberanamente por su franca autenticidad. Cosa que, con los tiempos que corren, no me arriesgaría a aseverar de los demás.

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Jan 20 2010

Capítulo I: Las fiestas patronales


El intenso calor, a pesar de su molestia, servía para relajar la desmesurada tensión en el ambiente, la desconfianza y recelos se palpaban por doquier. La voz de fondo predominante era la del párroco, eso sí, los cuchicheos daban lugar a un homogéneo murmullo, cual acompañamiento coral. Como siempre, las fiestas patronales no estaban presididas por la virgen a la que se veneraba, sino por disputas y múltiples rencores. Porque al fin y al cabo, lo queramos reconocer o no, lamentablemente aún existen lares donde se gesta lentamente otro renovado Puerto Hurraco.

A la salida de la eucaristía la banda comenzó a tocar los tradicionales pasodobles. Y tras ellos aprendices y veteranos, con su corte de alcahuetes respectivos. Sujetos que cantarán mil loas o se arrastrarán por el fango, con tal de lograr para sí la dádiva prometida.

Resulta, según se mire, bastante gracioso o triste. Si el que te empleaba antaño, ahora ya no estaba, de omnipotente prohombre cubierto de máximas virtudes pasaba a criatura monstruosa a la que se le atribuyen todo tipo de males. El poder de transformación que conferían los lisonjeros superaba a cualquier leyenda mitológica.

Gracias a supuestos intereses, los enemigos de ayer eran casi hermanos hoy. Aunque para mantener en cierto grado las apariencias, procuraban no dejarse ver juntos en demasía. Olvidando injurias vertidas en otros tiempos contra propios y extraños, contestadas en aquel momento a modo de promesas eternas, consistentes básicamente en jamás otorgar el perdón. Esa clásica ristra de estridentes grandilocuencias que se lanzan al viento y que la brisa erosiona con suma facilidad. Hay quien cuenta incluso que en estas historias siempre cohabita un padrino, y como tal es mentado reiterativamente por sus favorecidos.

Y allí estaban ellos en el centro de la plaza con exagerados y falsos abrazos. Hipocresía en estado puro. Con conversaciones huecas y vacías, repletas de subliminales mensajes. Quedando delatados inevitablemente por su lenguaje no verbal. Mientras hablaban del tiempo se frotaban las manos, relamiéndose ya por los pingües beneficios. Se tocaban la oreja o nariz, trasladándole por consiguiente al receptor la emisión de una burda mentira más. Total, entre tantas, de seguro que pasaba desapercibida.

Poco a poco se fue yendo la gente. Y allí de pié, pensé en lo que hace años me dijo un buen señor: “para lograr abrirse paso en un sitio, se ha de conocer primero lo que hay alrededor del camino”. Y ahora afirmo que este lugar tiene todavía mucho que enseñar y mostrar. Una historia subyacente repleta de: odios, desilusiones y confabulaciones.

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