Posts Tagged ‘Estado Liberal’

Igual que la irrupción de los nacionalismos y regionalismos se gesta en nuestro país durante el último tercio del siglo XIX. Cuyo auge  se impulsa por la aparición en escena de una próspera burguesía proveniente del desarrollo industrial de ciertas regiones: País Vasco, Cataluña, Asturias. La Revolución industrial, paralela al “Estado Liberal”, suscitó la cristalización de una nueva clase, el movimiento obrero. Quienes reivindicarán su derecho a participar en la vida política, al objeto de defender sus intereses en sede parlamentaria. Dando paso, tras la aprobación del sufragio universal, primeramente masculino y después también femenino, al Estado democrático de derecho. Corrientes fuertemente influenciadas por el pensamiento filosófico de Karl H. Marx (1818-1883). Siendo abanderadas en nuestra patria por Pablo Iglesias (1850-1925), el que fuera fundador, junto a otros, del PSOE.

Teorías que germinan en España gracias al importante desarrollo económico, social y cultural que aconteció bajo el reinado de Alfonso XIII de Borbón. No en vano esta etapa es calificada como la “Edad de Plata de las letras y las ciencias españolas”. Periodo que queda magistralmente descrito por Salvador de Madariaga: “Bajo Alfonso XIII, España llega a ser nación industrial, alcanza el mayor nivel de población desde época romana, retorna a adornar el mundo de la cultura, que casi había abandonado desde que con tanto esplendor brilló en el siglo XVI, vuelve a plena participación en la política internacional durante la guerra europea y al abrirse la cuestión de Marruecos; reconquista espiritualmente la América que había descubierto, poblado, civilizado y perdido, y, por último, ve grandes problemas sociales y nacionales surgir en su vida interior y estimular su pensamiento político.” (“España. Ensayo de historia contemporánea”).

Mostrándose como un elemento trascendental a valorar, para comprender nuestra política actual, el surgimiento de los partidos de masas, vinculados al referido colectivo: el proletariado.

Habiendo predominado hasta ese momento los partidos de notables o de cuadros. Categoría en la que se circunscribían las formaciones liberales de Cánovas y Sagasta. Cuyos miembros eran reclutados a razón de determinadas cualidades especiales: capacidad económica, prestigio social, influencia intelectual. Configurándose en una amalgama de intereses particulares, muy a tener en cuenta en cualquier decisión final a tomar. Esta fórmula subsiste únicamente hoy en día en Estados Unidos, donde sus principales partidos se erigen como inmensas confederaciones compuestas de dispares grupos locales. Donde en el voto de un cargo electo, ya pertenezca a la Cámara de Representantes o Senado,  prima muchas veces más el temor a rendir cuentas ante el ciudadano, de quien depende que renueve o no otra vez el escaño, que lo decretado por su propia organización. Manifiestamente desigual a lo que sucede habitualmente en nuestro territorio nacional, debido mayormente a las considerables disparidades entre ambos sistemas electorales.

Los partidos de masas, en pro de su subsistencia, intensificarán sus esfuerzos hacia la masiva captación de afiliados. La preponderancia que otorgan a la cantidad y no la calidad, se ha de explicar atendiendo a dos vertientes: por un lado la exigencia de cubrir carencias económicas mediante la aportación de cuotas por parte de sus afiliados, valiéndose además de su colaboración voluntaria en las variadas actividades de la organización; y por otra parte brindando al pueblo la oportunidad de acceder al poder sin restricción alguna. Entre los efectos adversos que este modelo ocasiona se englobarían la tendencia a la burocratización y a la profesionalización de sus dirigentes. Lo que desencadena su gradual distanciamiento de las bases. Significativo obstáculo para que no se de la obligatoria renovación en los cargos orgánicos, y por ende en los públicos, ya que de los orgánicos depende la elección de estos últimos.

Hacia finales del siglo XX los mencionados partidos de masas evolucionarán hacia el prototipo actual: “partidos atrapa-todo”. Denominados de esta forma porque su fin último es concitar el máximo número de apoyos en las urnas, para lo que diluyen su ideario y lo envuelven con axiomas universales, de fácil asimilación por el conjunto de la sociedad. Eludiendo identificarse excesivamente con segmento alguno, para no ser rechazados por el resto. Utilizando mensajes vagos, que sufren una constante transformación, atendiendo a los requerimientos de cada momento. Burocratizándose los partidos en demasía y transformándose sus dirigentes en absolutos profesionales de la política. Quienes ya no son individuos civiles que, en un momento determinado de su trayectoria laboral en el ámbito privado, optan por volcar sus conocimientos en la vida pública, sino sujetos que no conocen más oficio que la propia política.

Conduciendo, en su grado sumo, a organizaciones afectadas por el síndrome de regresión paranoide. Con una clara sintomatología. Fragmentación en diversos grupos, atrincherados en pequeños reinos que ya no comparten un proyecto común, sino únicamente el propio. Tendencia a la traición. Ahondamiento de las heridas, hasta convertirlas en insalvables. Promocionando a caudillos que se valen de cualquier atajo para sostenerse en su puesto, exclusiva forma de ganarse su sustento. En tanto en cuanto los demás callan por temor a ser sancionados y verse expulsados de los núcleos del poder. Avocando a los afiliados de valía a echarse a un lado, con tal de no ser arrollados por el turbulento vendaval. Amordazando normalmente a su máximo líder, el cual está abocado a ceder a sus caprichos en pro de no ser derrocado. Estado que conforma el paso previo para la refundación o extinción de la dolorida formación.

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Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923) es considerado el pintor de la luz y muy probablemente el de mayor proyección internacional. Se le atribuyen más de 2.200 creaciones. Un genio al que le tocó coexistir en la España del siglo XIX y XX. País que se propuso reflejar en los 14 paneles de gigantescas dimensiones que dibujó por encargo, concretamente entre 1913 y 1919,  para la Hispanic Society of America cita en Nueva York, destinados a adornar la biblioteca. Donde proyecta las dispares singularidades regionales con un vibrante esplendor y movimiento. Un auténtico tributo a su tierra y a sus gentes.

Fragmentos de nuestra historia que suponen el origen de irreversibles transformaciones, aderezadas por la incipiente esperanza de dejar atrás los regímenes absolutistas y dar la bienvenida a la Ilustración, con el abrazo consecuente al moderno Estado liberal. Sistema fundamentado en la independencia y división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Doctrina diseñada por el jurista y filósofo francés Montesquieu a mediados del siglo XVIII. Y si algo determina a esta fórmula, es que el pueblo es libre y soberano, estando representado en la Asamblea a través de sus diputados electos. Encargada de dictar las normas de igual aplicación para todos, universalistas, suscritas en la Constitución.

Sin embargo, nuestra patria, de claro temperamento pasional, tuvo un constitucionalismo anclado en la perenne inestabilidad. Que germina  en los albores del XIX, durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), alzamiento de las guerrillas ciudadanas en contra del invasor francés. Y nace con la aprobación de la primera Constitución, la de Cádiz en 1812. Coetánea con el movimiento del Romanticismo, entre cuyos máximos exponentes cabría destacar a Mariano José de Larra en las letras y al mítico Goya con sus figuras costumbristas esbozadas entre claroscuros.

No obstante, la consolidación de la democracia, únicamente llegaría con el refrendo de nuestra vigente carta Magna en 1978. Con anterioridad, las evanescentes excepciones sucumben ante abruptos periodos totalitarios.

Efímeros destellos como: el sexenio revolucionario (1868-1873), con la Constitución de 1869; la Primera República (1873-1874), con un proyecto de Constitución federal que no se llegó a promulgar; y la Segunda República, proclamada el 14 de Abril de 1931, dirigida por una norma suprema exigible jurídicamente que establecía las bases para la descentralización política, y que permitió la redacción de los Estatutos de Autonomía de Cataluña y el País Vasco. Aunque rápidamente, tras estallar la Guerra Civil (1936-1939) y con la posterior dictadura franquista (1939-1975), el sufragio universal resulta derogado.

Una España aquella, en clara alusión al célebre axioma pronunciado por José Ortega y Gasset (1883-1955), rehén de sus “circunstancias”. Insigne pensador liberal a quien Sorolla supo nítidamente retratar mediante su peculiar maestría.


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(Toma de la Bastilla, París, el 14 de Julio de 1789)

El Estado Constitucional viene impulsado pues por una nueva clase social: la burguesía. Quienes habían alcanzado un cierto status gracias a su propia valía y no a razón de título hereditario alguno. Erigiéndose en los auténticos propulsores de la Ilustración. Relegando así a la privilegiada nobleza, baluartes del absolutismo imperante hasta ese momento.

Corriente liberal que dará prioridad al individuo. Abogando por la separación de poderes, al manifestar que el control dispensado entre los distintos órganos (legislativo, ejecutivo y judicial) conlleva al equilibrio de los mismos. Otorgando igualmente el papel central a la ley y declarando a la Constitución como norma jurídica suprema. Carta Magna que recogerá una serie de derechos inalienables a todos los hombres. Bajo el auspicio de un principio innovador que afirma la igualdad entre los seres humanos. Documento que además plasmará las reglas organizativas fundamentales de los poderes públicos. Preceptos que buscaban erradicar las arbitrariedades precedentes, propias del Antiguo Régimen.

Precisamente será la debilidad de la burguesía española, la que ocasionará que en nuestra patria no se desarrollen plenamente tales tesis. Y allí donde sí gozó de preponderancia (País Vasco o Cataluña), debido al fuerte desarrollo industrial de dichos territorios, derivará hacia movimientos nacionalistas y regionalistas. Que se gestarán en gran medida, durante el último tercio del siglo XIX, a consecuencia de la falta de entendimiento entre las regiones periféricas y la Administración Central.

Siendo ese eterno choque entre los aires provenientes del Antiguo Régimen y los liberales los que acarreen una diversidad de efímeros periodos constitucionales, depuestos por continuos pronunciamientos. Aderezado con el caciquismo reinante y la desvirtuación constante de las disposiciones constitucionales, con una profusa vulneración del sufragio. Lo que no permitió tampoco una plena transformación de las estructuras sociales, económicas y políticas nacionales.

Inglaterra es mayormente considerada el paradigma de aquel incipiente Estado Liberal. Donde, tras la Gloriosa Revolución de 1688, se fue confiriendo gradualmente el máximo protagonismo al Parlamento, en detrimento del poder real. Fijando la creación de un gobierno o gabinete y la figura del Primer Ministro, a los que se les exige responsabilidad política. Asimismo con la aprobación del Acta de Establecimiento, en 1701, se fortalecerá la independencia judicial.

La singularidad del constitucionalismo británico estriba en que no existe un único escrito llamado Constitución, sino que se conservarán los textos históricos, que convivirán con otros nuevos, conformando las denominadas convenciones constitucionales. Perfiladas por la interpretación jurisdiccional. Modelo difícilmente extrapolable a otro país. Y que se ha desenvuelto sobresalientemente en el Reino Unido gracias a su fuerte tradición democrática y parlamentaria.

El teórico por antonomasia de la revolución inglesa será Locke (1632 – 1704). Quien sintetizará las aspiraciones burguesas, e influirá posteriormente en los postulados ensalzados por revolucionarios estadounidenses y franceses. Esgrimiendo como objetivo esencial de la política la búsqueda de la felicidad. Para lograr tal fin, los gobernantes han de proporcionar a los gobernados: la paz, la armonía y la seguridad necesaria en pro del pleno desarrollo individual. Ya que el hombre nace dotado de unos derechos inalienables que el Estado ha de proteger: a la vida, a la libertad y a la propiedad.

Incluso defendió la legitimidad de los administrados para derrocar un gobierno, si usa el poder otorgado por el pueblo de manera tiránica e injusta. Línea argumental a la que se supeditarán los revolucionarios norteamericanos para revelarse contra Gran Bretaña en 1776. Y de la misma manera los revolucionarios franceses para alzarse frente al absolutismo de Luis XVI en 1789.

(Thomas Jefferson)

Thomas Jefferson (1743 – 1826), Presidente de EEUU entre 1801 y 1809, esbozará los susodichos axiomas del erudito británico cuando redacte el borrador de la Declaración de Independencia”, aprobada el 4 de Julio de 1776. Suscrita después del malestar generalizado que provocó la subida de los impuestos sobre el té por parte del gobierno de Jorge III. Decisión tomada por el monarca sin previa consulta a las trece colonias dependientes de la corona británica, radicadas en la Costa Atlántica de América del Norte. Lo que fue interpretado por los colonos como un acto sumamente abusivo, motivo por el que la sublevación, a su parecer, estaba más que justificada. Postulados inconfundiblemente lockianos que quedan evidenciados en el siguiente fragmento: “(…) Todos los hombres han sido creados iguales (…)”. Quienes “(…) recibieron de su Creador ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; así, para asegurar esos derechos, se han instituido los gobiernos entre los hombres, derivándose sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; de tal manera que si cualquier forma de gobierno se hace destructiva para esos fines, es un derecho del pueblo alterarlo o abolirlo, e instituir un nuevo gobierno, basando su formación en tales principios, y organizando sus poderes de la mejor forma que a su juicio pueda lograr su seguridad y felicidad.(…)”

Línea argumental igualmente expuesta con anterioridad por un visionario jesuita español, El Padre Juan de Mariana (1536  – 1624) en su obra publicada en 1598: “De regie et regis institutione”. Donde excusaba la ejecución del soberano a mano de sus súbditos, siempre y cuando aquel dirigiese de modo despótico. Situando los derechos naturales del individuo por encima de los del Estado.

Tras varios años de guerra, y ayudado por Francia y España, EEUU se constituirá en un Estado Federal con la promulgación de la Constitución de 1787. Ampliada con las 10 primeras enmiendas de 1791, incorporando un listado de derechos naturales. Norma jurídica suprema que servirá de referente a las naciones de América Latina, a medida que vayan adquiriendo su independencia.

(Presentación de la “Declaración de la Independencia” en el Segundo Congreso Continental en Philadelphia, 1776)

También en la revolución francesa tendrán fuerte arraigo las ideas lockianas. Aunque aquí la ruptura con el Antiguo Régimen se hará de modo considerablemente traumático. El apoyo prestado a EEUU, en su lucha por la independencia, lastrará sus finanzas. Lo que unido a otra serie de condicionantes, desencadenará la caída de la monarquía absoluta ostentada por Luis XVI. Revolución que comenzó en 1789 y concluyó en 1799 con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte.

Correspondiendo a Montesquieu (1689 – 1755), uno de los pensadores políticos franceses más relevantes, el desarrollo de la teoría de la separación de poderes de Locke. Siendo esta la concepción supuestamente empleada actualmente. Si bien repleta, cada vez más, de múltiples condicionantes que favorecen paulatinamente el incremento desmesurado del aparato gubernamental.

Montesquieu concebía tres poderes primordiales: legislativo, encargado de la elaboración de las leyes; ejecutivo, con facultades preventivas, coactivas y sancionadoras; y judicial, que intervendría en caso de conflicto.

Pudiéndose leer en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional francesa, el 26 de Agosto de 1789: “Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de poderes establecida, no tiene Constitución.” La promulgación de la Constitución tendrá que esperar hasta 1791.

Tanto en Inglaterra, EEUU, como en Francia, el paso del Antiguo Régimen al nuevo Estado Liberal fue irreversible. Mas con diferencias sustanciales. En Inglaterra la conversión fue tranquila y paulatina, reforma ejecutada progresivamente sobre las instituciones del pasado. En EEUU se crea una sociedad nueva, a partir de la cultura jurídica inglesa, ya que en aquel territorio anteriormente no existía el feudalismo. En Francia la evolución se propiciará a costa de abundantes derramamientos de sangre.

Sin embargo, en España se suceden durante casi doscientos años reiterados avances y retrocesos. Siendo el periodo vigente, tras la aprobación de la Constitución de 1978, la etapa democrática hasta ahora más estable.

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(Montesquieu)

Frente al plato, entretanto rebañaba con el pan los últimos vestigios de tan exquisito manjar, retornaron a mi mente las quejas de Benito. El eterno maestro krausista del “Instituto de Educación Secundaria Manuel Bartolomé Cossío.” Su hondo penar  por una juventud obnubilada por las promesas de dinero y diversión sin esfuerzo que Golfi les planteaba. Y como ciertos políticos, ante el escalofriante dato de un 70% de fracaso escolar, no barajan como factible solución la de incentivar y desarrollar el vigente sistema educativo. Partidas que probablemente en los próximos presupuestos se verán significativamente mermadas. Mas al contrario, se inclinan por sugerir a los padres que no trabajen tanto, en pro de cubrir las deficiencias en materia cultural de los niños.

De seguir el consejo ¿cómo pagarán los progenitores las elevadas hipotecas suscritas años atrás con los bancos al no disponer de dos sueldos en el hogar? Y si no viviesen en régimen de propiedad sino de alquiler, tampoco cuadrarían sus cuentas. Pues si finalmente los Ayuntamientos elevan la contribución, lógicamente el casero repercutirá su desembolso en las mensualidades de los recibos que el inquilino ha de abonar. Sin contar el descalabro que el alza de los mencionados Impuestos de Bienes Inmuebles acarrearía al sector inmobiliario, al lanzar consecuentemente más oferta al mercado, de por sí colapsado. Numerosos inmuebles puestos a la venta por propietarios vencidos, incapacitados para hacer frente a tal magnitud de dispendios surgidos. Ralentizándose más si cabe las transmisiones, al encarecerse además las casas 2.000 € de media con la reciente subida pretendida por el Gobierno central del IVA.

Mientras en el resto de Europa adaptan el plan docente al concepto de familia actual. Cubriendo el horario escolar desde por la mañana hasta las 17:00. Con el objetivo de apoyar a aquellas parejas cuya jornada laboral se extiende a lo largo del día. Sin embargo, aquí en Matahambre hacemos justo lo contrario. Expulsando a los menores del comedor si sus tutores no pueden sufragar dicho gasto. Inclusive existe hasta quien se decante por retornar a los anacrónicos turnos partidos.

El “cheque bebé” lentamente va desapareciendo, la conciliación laboral y familiar continúa siendo una utopía. ¿Con esto qué persiguen? ¿Enclaustrar nuevamente a la mujer en los avernos de su morada en pro del demagógico y recurrente bien social? Epíteto, que cual cajón desastre se usa para avanzar en un sinuoso terreno abonado por un desproporcionado intervencionismo.

Cuando Golfi ostentaba el cargo de máximo regidor lo escuché decir una vez por “Radio Vecindad”, que aquí no requeríamos de nadie de fuera del lugar para nuestros problemas arreglar. Puesto que ya poseíamos la suficiente sapiencia para resolverlos por nosotros mismos. A tenor de una conferencia sobre derechos y libertades que Benito organizó en la Biblioteca municipal, invitando como ponente al más importante filósofo liberal del momento. Replicándole inmediatamente el docente al alcalde, después de quedarse espantado con las desafortunadas declaraciones radiadas: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.” Parafraseando a Albert Einstein, el que fuera cofundador del Partido Liberal Democrático Alemán y Premio Novel en 1921.

Mostrando esta actitud de Golfi un nulo compromiso con otra mítica frase esbozada por el físico artífice de la teoría de la relatividad: “La libertad política implica la libertad de expresar la opinión política que uno tenga, oralmente o por escrito, y un respeto tolerante hacia cualquier otra opinión individual.”

(Albert Einstein)

Cuanto más recuerdo aquel episodio, más lamento que poco a poco hayamos ido distorsionando el Estado Liberal ideado por Montesquieu a mediados del siglo XVIII. Sustentado en la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Concebido en pro de obtener el máximo equilibrio, y no conferir a un solo hombre o grupo, los designios de nuestra sociedad. Porque los humanos, somos seres terrenales, dotados de defectos y virtudes. Los Mesías o iluminados que todo afirman lograr, se esconden bajo el manto de una absurda quimera. Ya que es al pueblo unido al que le debemos los grandes cambios conquistados por la humanidad desde el comienzo de nuestra era, y a nadie más.

Cuando observo lo que ocurre en Matahambre no puedo dejar de pensar en aquel amargo presagio que Alexis de Toqueville esgrimió a mediados del siglo XIX: “Veo una masa inmensa de hombres parecidos e iguales (…) Por encima de esta masa se eleva un poder enorme y tutelar que se encarga de asegurar sus placeres y de velar por su destino: es (un poder) absoluto, detallista, regular, previsor y delicado. Parecería el poder de un padre, si como en el caso de éste, tuviera por objeto preparar a los hombres para cuando fueran mayores; pero al contrario, no hace nada más que mantenerlos irremediablemente en su infancia.(…)Convierte a las naciones en rebaños de animales tímidos e industriosos, dirigidos por el Gobierno, que es su pastor.”

(Alexis de Tocqueville)

Si mi abuela y mi tía Clara, levantaran la cabeza, de la impresión volverían rápidamente a desvanecerse en el aire. Y mi pobre prima Libertad, ¿qué opinará? Cada vez más triste y sola, encadenada a las murallas ideológicas fuertemente controladas de Matahambre. Asiéndose, como postrera esperanza, a las obras de sus autores liberales preferidos. Alentada por Benito y sus teorías krausistas, al cual mucho han criticado por enseñar a la juventud de este pueblo otro camino distinto, fundamentado en el propio raciocinio y no en las imposiciones de los que rigen los designios de este lugar. No obstante, quienes de él tanto han blasfemado por sostener diferentes creencias ¿conocen siquiera algo del krausismo y en qué consiste?

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