Feb 11 2010

Capítulo XXII: Supuesta relación entre partidocracia y corrupción


Morfeo e Iris, de Pierre-Narcisse Guérin (1811)

Libertad no albergaba la mínima duda con respecto a lo hipotéticamente acontecido en Matahambre. Sucesos protagonizados por “la banda de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como”. Y a pesar de la complejidad del problema, se mostraba someramente optimista con su pronta resolución. Convenciéndose de que el fin de esos tristemente habituales comportamientos, aunque fuertemente arraigados en los cimientos de la corporación local, ya estaba cerca. Pues resultaba inadmisible que en pleno siglo XXI se produjeran supuestos casos de: componendas en la facturación del consistorio, amaños en las licitaciones municipales o arbitrarias Modificaciones Puntuales del Planeamiento. Amén de una ristra de presuntas tropelías más. Quizás hasta ahora no existiesen pruebas concluyentes sobre tales hechos, pero, con toda probabilidad, en cualquier momento emergerían. Sólo era cuestión de tiempo.

Esa noche al irme a la cama, no pude apartar de mi cabeza la honda preocupación que me provocaba la degradante situación política en la que se encontraba inmersa Matahambre. Ni el sufrimiento que a mi prima le suscitaba y a los graves peligros que la exponían. Por lo que inevitablemente la vigilia se apoderó de mí. Después de múltiples e infructuosos intentos por dormir, me acordé del libro que Francisco le regaló a mi padre. Con la esperanza de que tras leer un rato, al igual que había logrado otras tantas veces, Morfeo me acogiera en sus brazos, transportándome lentamente hacia un plácido descanso.

La obra se titulaba: “El vituperado sistema electoral de la Restauración y sus similitudes con la partidocracia vigente”.

El texto partía de un análisis de la concepción de la soberanía popular y más concretamente acerca de su deriva a continuación de la aprobación de la Constitución Española, el 27 de Diciembre de 1978. Cuyo poder constituyente optó por otorgar a los partidos políticos un papel preponderante, a modo de resarcimiento por el ostracismo infligido durante el periodo franquista.

Transformándose esa idea originaria en el modelo partidocrático actual. Preguntándose el escritor si esta desvirtuada forma de proceder democrático, no tendría algo que ver con los teóricos casos de corrupción que afloran últimamente.

Partidocracia que, en cierta medida, se asemeja a la estructura turnista esbozada por Antonio Cánovas del Castillo en la Restauración. Etapa en la que la dirección del gobierno se repartió alternativamente entre dos organizaciones de corte liberal: la conservadora, liderada por el propio Antonio Cánovas del Castillo y la progresista de Práxedes Mateo Sagasta.

(Antonio Cánovas del Castillo)

Planteando asimismo Francisco distintos interrogantes:

•    ¿Representa el modelo electoral de hoy en día, basado en listas cerradas o bloqueadas, a la soberanía popular?

•    ¿O por el contrario encarna la supremacía de los partidos políticos, cada vez más profesionalizados, burocratizados y capitaneados por grupos minoritarios anquilosados en sus puestos, que obstaculizan la renovación de los cargos?

•    ¿No favorece esto que señalados sectores, que han hecho de la política su forma de vida, coloquen como candidatos a las diversas instituciones públicas, a aquellos que son afines exclusivamente a sus particulares intereses y no a los del pueblo? Sin tener en cuenta si posean o no los conocimientos y aptitudes suficientes para desempeñar las funciones que se derivaran de salir electos.

•    ¿No propicia también el caciquil clientelismo, como vía de mantenimiento de los descomunales aparatos partidistas, utilizados para hacerse con los escaños en las diversas administraciones?

•    ¿Y hasta dónde estarían dispuestos a llegar determinados cargos públicos, aupados por la “dedocracia” de las formaciones,  con tal de no perder su poltrona?

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Feb 06 2010

Artículo XII: Un nuevo episodio de presunta corrupción


La leña ardía lentamente, calentando cada rincón de la amplia estancia. Aquel viejo salón repleto de recuerdos de un pasado, tal vez austero en lo material, pero sumamente opulento en cuanto a lo que vivencias se refiere.

Aquella noche mi padre y yo conversamos sobre la noticia que copaba la portada del periódico local “El Pobrecito Hablador”. El vespertino rotativo se hacía eco de la detención de un nuevo alcalde. Según fuentes policiales a causa de un presunto enriquecimiento ilícito. Fortuna que hipotéticamente acumuló durante el ejercicio de su cargo como máximo regidor. Y al unísono exclamamos: “anda como supuestamente Golfi y el primer edil actual.” Preguntándonos ambos el origen de este lamentable tipo de sucesos. Para desgracia del contribuyente, ocasionalmente reproducidos en ciertos puntos de nuestra geografía nacional. Y fue cuando me percaté de la trascendencia de las enseñanzas de Benito y su código ético krausista. Valores que quiso insuflar, cual Francisco Giner de los Ríos, en sus alumnos: el respeto, la tolerancia, el diálogo, la humildad, solidaridad, lealtad, seriedad,…

Desafortunadamente Golfi, con sus mensajes viciados, había destruido la labor pedagógica que con tanto esmero Benito pretendió inculcar en la juventud de una época. Muchachos cuya principal aspiración, hoy en día, consistía o bien en trabajar en el Ayuntamiento, o en ser concejales por algún partido que les garantizara un número de salida en sus candidaturas a presentar.

Para ello no requerían estudiar, ni tan siquiera esforzarse, simplemente pertenecer a una amplia familia. Eso sí, se mostraba indispensable que sus miembros estuviesen inscritos en el censo electoral, detentando el consiguiente derecho a voto en esta circunscripción. Ansiando proclamarse ediles al objeto de pronto ofertarse al mejor postor. La manera más certera de medrar económicamente en un corto espacio de tiempo. Mientras el resto de formaciones políticas consienten, mirando hacia otro lado, afectadas mayormente por una virulenta cepa de regresión paranoide.

Organizaciones con una clara sintomatología. Fragmentación en diversos grupos, atrincherados en pequeños reinos que ya no comparten un proyecto común, sino únicamente el propio. Tendencia a la traición. Ahondamiento de las heridas, hasta convertirlas en insalvables. Promocionando a caudillos que se valen de cualquier atajo para sostenerse en su puesto, exclusiva forma de ganarse su sustento. En tanto en cuanto los demás callan por temor a ser sancionados y verse expulsados de los núcleos del poder. Avocando a los afiliados de valía a echarse a un lado, con tal de no ser arrollados por el turbulento vendaval. Amordazando normalmente a su máximo líder, el cual está obligado a ceder a sus caprichos en pro de no ser derrocado.

Padecimiento del que suelen contagiarse las variadas opciones: rojos, blancos o amarillos. Y que, parafraseando las palabras de mi prima Libertad, brota a consecuencia del modelo vigente de gobierno municipal: el strong-mayor. El cual convenientemente otros países han sustituido por el más óptimo city-manager.

Y es ahí, en  el escalafón inicial, donde se gesta el asalto al resto de estamentos. Porque es a los munícipes a los que se les exige el mayor esfuerzo a la hora de preparar unos comicios. Convocando mítines o entregando conjuntamente las papeletas a: ayuntamiento, cabildo o diputación, gobierno autonómico o central. ¿Y quién dice que no cuando te esperan casi a pie de urna para comprobar si votaste por quien tácitamente te encomendaron? Mas teniendo en cuenta que tu licencia de apertura o construcción aún está en proceso de aprobación, inclusive cabe la posibilidad de que te agilicen o retrasen el pago de lo facturado a la institución por tu minúsculo negocio regentado, o de que no te concedan aquella ayuda o prestación solicitada por ti o un pariente cercano, etc., etc.

Ya nadie se sorprende cuando uno de esos chavales, asegura que apoyó a Golfi no por ideas, sino a cambio de una cierta cantidad por colaborar en la campaña electoral. O incluso por la promesa de un empleo en el consistorio. ¿Dónde queda el voluntariado? ¿El defender las creencias, derechos o libertades? Hasta llegan a disculpar las hazañas del recién transfugado, porque total el hombre estaba necesitado. ¿Y qué pasa con el resto de los conciudadanos, no se supone que vivimos en sociedad? ¿Se puede justificar lo injustificable?

Es más, si Golfi y los suyos siguen apretando las tuercas a todo aquel que no se someta a su yugo, terminará por emigrar hasta el último empresario aquí anclado. Y después, sin ingresos en las arcas públicas vía tributación, ¿cómo podrán pagar a tanto colocado en la corporación? ¿Presenciaremos nuevamente otro de esos esperpénticos casos donde el personal debe esperar hasta cinco meses para ser remunerado?

¿No deberíamos plantearnos lo que mínimamente está bien o mal si verdaderamente estas deleznables situaciones deseamos erradicar? Lo primero sería no reírle las gracias a los que tan reprobablemente han actuado. No obstante, desde un principio, porque echarse las manos a la cabeza sólo cuando los hechos en los diarios son reflejados aparenta burda hipocresía. Amén de autoconvencernos de que esto no aqueja a un exclusivo lado del espectro ideológico. Puesto que creyendo eso nada se consigue, salvo beneficiar a otros sectores que hasta ahora han logrado camuflar sus hedores. Ya que es algo endémico que se ha de atajar de raíz. Es decir, proponiendo un cambio de estructuras y no de bastón de mando, si de modificar el rumbo de los acontecimientos estamos hablando.

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Jan 29 2010

Capítulo VI: Las facturas municipales


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El camión de limpieza del ayuntamiento lavaba lentamente las calles del pueblo. A esas horas el adoquinado de las aceras, a pesar de su opacidad, se mostraba sorpresivamente reluciente. El olor de los almendros impregnaba el aire. Cantando los gallos su perenne letanía anunciando que el nuevo día pronto comenzaría.

No paraba de pensar en Libertad y en cómo lo estaría pasando, tras la marcha de Luis. Es por ello que me propuse esa mañana acompañarla para desayunar. Mas previamente pasaría por el bar municipal a por churros y porras, que de seguro a ella le encantarían.

Desde la calle se escuchaba la música de fondo de “Radio Vecindad”, la emisora local. Y es que antes de iniciarse la tertulia política matutina, el programa “te rondará morena” deleitaba a sus oyentes con las mejores canciones del panorama nacional.  Concretamente en ese preciso instante sonaba el famoso tema de Pedro Guerra: “debajo del puente”. El cual nos habla de las dos realidades que conviven en un mismo lugar. Una aparente a ojos de todos. Y la otra subyacente, la que por su crudeza optamos normalmente por obviar.

Manuel limpiaba la barra vacía. Y es que tan temprano la única compañía factible era la amena conversación que tan alegremente compartía este entrañable hostelero con sus escasos madrugadores clientes. Le dije lo que quería y mientras esperé a que me lo preparase Soledad, la taciturna cocinera del bar municipal. Cuando de repente el cantinero se soltó a hablar:

-Estoy harto Pedrín, de tanta hipocresía. Si esto sigue así, yo también dentro de poco cerraré”.

Le pregunté por qué barajaba esa drástica decisión, a lo que me respondió:

-Te acuerdas de Miguel, el del taller de enfrente. Al igual que hizo con Luis, Golfi lo ha vetado. Y cómo siempre todos sus órdenes se han tragado. Por lo que en breve nos abandonará. Avocado a buscar en otro sitio su sustento.

Golfi pretendía que le comprara a él las tuercas y tornillos. Como no quiso, ya te supondrás lo que pasó. Asimismo sabes que este año empezó a reparar los coches del consistorio. Sin embargo, después de la moción de censura, colocando Golfi a su apadrinado de alcalde, la cosa cambió. O incrementaba el importe de lo facturado o de la lista de proveedores oficiales era tachado. Y sabes que cuando de estas cosas te hablan, te suelen coger a solas para no dejar pruebas de tremendo despropósito y desfachatez.

A mí como no les río las gracias, los recibos de lo que aquí han comido, tardan hasta un año en abonarme. Después se jactan en decir que pagan en 60 días. No obstante, el truco está en que el periodo que cuentan de cara a la galería es desde que se aprueba el gasto por Junta de Gobierno, pasando la autorización posteriormente a tesorería. Si bien desde que yo presento el cargo hasta el instante de pagarme, transcurren habitualmente varios meses. Ocasionado porque lo debido es por el máximo regidor retenido en intervención, alegando que no está conforme con el importe u otra tonta razón. Obligándote a desplazarte hasta su despacho, con el propósito de humillarte y recordarte de quién en el pueblo manda.

Y es que aquí no existe el libre mercado, el cual a otras circunscripciones numerosos beneficios ha llevado, aumentando la calidad de vida de sus ciudadanos. Este rincón español  se rige por el más puro intervencionismo. Cuando al primer edil se le confiere tanto poder, o bien está dotado de una inmensa benevolencia y ecuanimidad, o se dedica a controlar hasta la última nimiedad.

¿Cómo es posible que si yo quiero montar una fábrica, por poner un ejemplo, sea el alcalde quien me reciba y me transmita verbalmente la oportuna autorización? Lo coherente sería que el  departamento técnico y jurídico fuera el que revisara las instancias presentadas, informando si cumplen o no con el reglamento vigente. Golfi, no era abogado, ni arquitecto, y a parte de marrullerías, pocas cosas sabía. El que está ahora se mantiene en la misma corriente, fiel a su maestro protector, para más señas cómplice en sus fechorías y sentado en el sillón gracias a los transfugados. Amén de que fue el menos votado en los comicios pasados. Puesto que no resultaba apropiado que Golfi se presentase al estar condenado por prevaricación.

Hoy leí en el periódico que el tiempo estimado para abrir un negocio en España es de 47 días, necesitando rellenar 10 documentos. Frente a las 10 jornadas de Singapur, donde se requieren exclusivamente 4 impresos. Si analizamos lo que ocurre en Matahambre ni te cuento. Que si revisaran los expedientes consistoriales con grandes sorpresas se toparían.

La semana pasada tu prima Libertad me habló del sistema en EEUU implantado y como con ello la corrupción allí ha bajado. Eliminando la figura del strong-mayor actual, por la del city-manager. Es decir, ponen a un profesional al mando, y limitan la capacidad de decisión de los políticos. Evitando cambios continuos en las medidas a ejecutar. Por lo demás motivando la labor del funcionariado. Valorándose para cada vacante no sólo los datos académicos, sino los laborales y cualidades personales: don de gentes, trabajo en equipo, aptitud para la resolución de conflictos,…Donde se cubre exclusivamente el puesto necesitado y ni uno más. Ya que entienden que es el tejido empresarial el que genera riqueza y empleo, siendo ahí donde los ciudadanos han de ser contratados. Relegando con ello la abominable práctica política de estos lares: un puesto a cambio de un voto. Que a lo único que conduce es a subir los impuestos en pro de mantener tan colosal entramado, y que ahora queda evidenciado al no disponer de las entradas que anteriormente provenían de las licencias de construcción concedidas”.

Manuel me dio los churros y las porras. Con la bolsa en la mano caminé con paso firme, dirigiéndome a la casa de mi prima Libertad. Apesadumbrado por las desgracias de una comarca que cada vez retrocedía más en lo andado. Trágico hecho mayormente propiciado por las absurdas caciquerías de un grupo de desalmados.

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Jan 26 2010

Capítulo III: Moción de censura en Benidorm


El viento se colaba por los resquicios del tejado, recreando un ensordecedor sonido similar a un vendaval. Pero allí estaba él impertérrito, como cada noche junto al fuego. Sentado en su perenne silla de ruedas, a la que estaba atado desde hace ya una década o más, cual jaula de cristal que jamás podrá abandonar. Noche tras noche esperaba ansioso a que regresara de pastorear, para que le leyese las noticias aparecidas durante el día en los diferentes medios.

Y es que mi padre pertenece a una época ya pasada. Curtido por los miedos de la infancia, la hambruna de la guerra, por los odios fraticidas de una España dividida,…Desde muy joven se quedó huérfano, teniendo que trabajar a muy temprana edad con tal de subsistir. Sí, como tantos otros coetáneos de su mismo periodo, no sabe leer ni escribir. Si bien mantiene unos pensamientos claros y congruentes como ninguno, rebosantes en ciertos instantes de suma brillantez, propios de la experiencia y el sufrimiento de su niñez. Por lo que las tertulias políticas en mi casa se suceden con bastante asiduidad. Lo han adivinado, Pedro se llama él también.

Allí frente a la chimenea charlamos durante horas. Debatiendo intensamente sobre lo que el periódico elmundo.es publicaba en relación al pacto antitransfuguismo. Y nos reímos con grandes algaradas. Siempre me he preguntado la razón por la que sobre esta cuestión aún no se ha legislado. Limitándose a suscribir únicamente un mero documento de buenas intenciones, al que pisotean constantemente las distintas formaciones.

Es más, les cuento. El Ayuntamiento de mi pueblo, uno como tantos otros del territorio nacional, ya ha cambiado de manos en esta legislatura cuatro veces. Apoyando a varios tránsfugas representantes de los partidos que ahora mismo se tiran los trastos a la cabeza,  a razón de la hipotética moción de censura planteada en Benidorm. Incluso, me dijo mi tío Juan, un abogado del Estado jubilado, que el artículo 73.3 de la Ley 57/2003, de 16 de Diciembre, de medidas para la modernización del gobierno local, establece lo siguiente: “(…) Los derechos económicos y políticos de los miembros no adscritos no podrán ser superiores a los que les hubiesen correspondido de permanecer en el grupo de procedencia (…)” Cosa a la que han hecho igualmente caso omiso, endosándose el transfugado tres o cuatro puestos más.

El tránsfuga por lo normal es aquel individuo que un día te jura y te perjura que jamás te abandonará, para acto seguido desaparecer con el firme propósito de a otro alcalde proponer. No sin antes registrar la moción censurante, la cual suelen firmar en una notaría del extrarradio, por eso de mantener la intimidad y alevosía exigidas. Durante diez días hábiles, más los festivos que se encuentren entre ellos, se esconden en un paradero desconocido, ilocalizables para familiares y amigos. No vaya a ser que perturben su concentración excepcional, requerida para que en el pleno convocado transcurrido el plazo estipulado levanten la mano y no chafen el plan por un iluminado trazado. Y donde yo vivo de esto mucho sabemos, ostentando tan penoso récord, me atrevería a decir que del planeta entero. Amén de meritorias repúblicas bananeras en ejercicio.

Siendo ello de fácil comprobación, simplemente con pedir un acta a la Comisión Nacional del Pacto Antitransfuguismo. Si algún día los periodistas hicieran esto, lograrían publicar un jugoso artículo con el que a más de uno pondrían colorado, en cuanto a su hipocresía y tremenda desfachatez. Pensándose otra vez, el no esgrimir nada cuando ellos mismos presuntamente alientan y fomentan este tipo de actos. Cobijando bajo sus siglas a militantes que acceden a sus cargos públicos mediante tránsfugas ya declarados. Por lo que consecuentemente una vez estén debidamente informados y el hecho comprobado vía certificación de la Comisión, están obligados a expulsar a esos miembros con inmediatez. Y alguien me dirá, que el castigo pertinente provendrá de los Estatutos por los que se rija la organización afectada. No obstante, los mencionados textos “son como el chicle bazooka, que si lo estiras siempre te toca”. Es decir, que se interpretan dependiendo de la ocasión y del personaje en cuestión.

Aquí en Matahambre, hemos llegado a la conclusión de que como no salimos en los telediarios cualquier acto es permitido. Entre lo que en este pueblo hacen y lo que en las sedes nacionales dicen: “se parece como un huevo a una castaña”. Acordándose de nosotros sólo cuando se van a celebrar elecciones. Y mirando para otro lado cuando nos dirigimos a ellos para reclamar nuestros legítimos derechos e intereses. Obviando nuestras deficiencias y necesidades.

Ya bien entrada la madrugada optamos por irnos a dormir, a pesar de la amena conversación. Y allí tumbado en la cama, escuchaba nítidamente los intensos bramidos del aire que perturbaban mi sueño enormemente. Ruidos salidos de la lúgubre oscuridad que tocaban mi ventana como para que los dejara entrar. Quizás alaridos del más allá que presagiaban que algo andaba mal. Sin embargo, mi cansancio pudo más, apoderándose lentamente de mi ser consciente la inevitable somnolencia que nos acecha durante la nocturnidad.

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