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(Montesquieu)

Frente al plato, entretanto rebañaba con el pan los últimos vestigios de tan exquisito manjar, retornaron a mi mente las quejas de Benito. El eterno maestro krausista del “Instituto de Educación Secundaria Manuel Bartolomé Cossío.” Su hondo penar  por una juventud obnubilada por las promesas de dinero y diversión sin esfuerzo que Golfi les planteaba. Y como ciertos políticos, ante el escalofriante dato de un 70% de fracaso escolar, no barajan como factible solución la de incentivar y desarrollar el vigente sistema educativo. Partidas que probablemente en los próximos presupuestos se verán significativamente mermadas. Mas al contrario, se inclinan por sugerir a los padres que no trabajen tanto, en pro de cubrir las deficiencias en materia cultural de los niños.

De seguir el consejo ¿cómo pagarán los progenitores las elevadas hipotecas suscritas años atrás con los bancos al no disponer de dos sueldos en el hogar? Y si no viviesen en régimen de propiedad sino de alquiler, tampoco cuadrarían sus cuentas. Pues si finalmente los Ayuntamientos elevan la contribución, lógicamente el casero repercutirá su desembolso en las mensualidades de los recibos que el inquilino ha de abonar. Sin contar el descalabro que el alza de los mencionados Impuestos de Bienes Inmuebles acarrearía al sector inmobiliario, al lanzar consecuentemente más oferta al mercado, de por sí colapsado. Numerosos inmuebles puestos a la venta por propietarios vencidos, incapacitados para hacer frente a tal magnitud de dispendios surgidos. Ralentizándose más si cabe las transmisiones, al encarecerse además las casas 2.000 € de media con la reciente subida pretendida por el Gobierno central del IVA.

Mientras en el resto de Europa adaptan el plan docente al concepto de familia actual. Cubriendo el horario escolar desde por la mañana hasta las 17:00. Con el objetivo de apoyar a aquellas parejas cuya jornada laboral se extiende a lo largo del día. Sin embargo, aquí en Matahambre hacemos justo lo contrario. Expulsando a los menores del comedor si sus tutores no pueden sufragar dicho gasto. Inclusive existe hasta quien se decante por retornar a los anacrónicos turnos partidos.

El “cheque bebé” lentamente va desapareciendo, la conciliación laboral y familiar continúa siendo una utopía. ¿Con esto qué persiguen? ¿Enclaustrar nuevamente a la mujer en los avernos de su morada en pro del demagógico y recurrente bien social? Epíteto, que cual cajón desastre se usa para avanzar en un sinuoso terreno abonado por un desproporcionado intervencionismo.

Cuando Golfi ostentaba el cargo de máximo regidor lo escuché decir una vez por “Radio Vecindad”, que aquí no requeríamos de nadie de fuera del lugar para nuestros problemas arreglar. Puesto que ya poseíamos la suficiente sapiencia para resolverlos por nosotros mismos. A tenor de una conferencia sobre derechos y libertades que Benito organizó en la Biblioteca municipal, invitando como ponente al más importante filósofo liberal del momento. Replicándole inmediatamente el docente al alcalde, después de quedarse espantado con las desafortunadas declaraciones radiadas: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.” Parafraseando a Albert Einstein, el que fuera cofundador del Partido Liberal Democrático Alemán y Premio Novel en 1921.

Mostrando esta actitud de Golfi un nulo compromiso con otra mítica frase esbozada por el físico artífice de la teoría de la relatividad: “La libertad política implica la libertad de expresar la opinión política que uno tenga, oralmente o por escrito, y un respeto tolerante hacia cualquier otra opinión individual.”

(Albert Einstein)

Cuanto más recuerdo aquel episodio, más lamento que poco a poco hayamos ido distorsionando el Estado Liberal ideado por Montesquieu a mediados del siglo XVIII. Sustentado en la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Concebido en pro de obtener el máximo equilibrio, y no conferir a un solo hombre o grupo, los designios de nuestra sociedad. Porque los humanos, somos seres terrenales, dotados de defectos y virtudes. Los Mesías o iluminados que todo afirman lograr, se esconden bajo el manto de una absurda quimera. Ya que es al pueblo unido al que le debemos los grandes cambios conquistados por la humanidad desde el comienzo de nuestra era, y a nadie más.

Cuando observo lo que ocurre en Matahambre no puedo dejar de pensar en aquel amargo presagio que Alexis de Toqueville esgrimió a mediados del siglo XIX: “Veo una masa inmensa de hombres parecidos e iguales (…) Por encima de esta masa se eleva un poder enorme y tutelar que se encarga de asegurar sus placeres y de velar por su destino: es (un poder) absoluto, detallista, regular, previsor y delicado. Parecería el poder de un padre, si como en el caso de éste, tuviera por objeto preparar a los hombres para cuando fueran mayores; pero al contrario, no hace nada más que mantenerlos irremediablemente en su infancia.(…)Convierte a las naciones en rebaños de animales tímidos e industriosos, dirigidos por el Gobierno, que es su pastor.”

(Alexis de Tocqueville)

Si mi abuela y mi tía Clara, levantaran la cabeza, de la impresión volverían rápidamente a desvanecerse en el aire. Y mi pobre prima Libertad, ¿qué opinará? Cada vez más triste y sola, encadenada a las murallas ideológicas fuertemente controladas de Matahambre. Asiéndose, como postrera esperanza, a las obras de sus autores liberales preferidos. Alentada por Benito y sus teorías krausistas, al cual mucho han criticado por enseñar a la juventud de este pueblo otro camino distinto, fundamentado en el propio raciocinio y no en las imposiciones de los que rigen los designios de este lugar. No obstante, quienes de él tanto han blasfemado por sostener diferentes creencias ¿conocen siquiera algo del krausismo y en qué consiste?

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La algarada juvenil comenzaba a escucharse. Era el inicio del recreo. Nítidamente se percibían los juegos y las risas de los muchachos que se divertían en el patio del centro educativo colindante a la casa de mi prima Libertad. Disfrutando ajenos de la honda aflicción que poco a poco se apoderaba de las almas de los que residían en Matahambre.

Recogí la mesa. Tornando Libertad a su sillón y sus libros. Cual espíritu errante se volvió a sumergir en sus más profundos recuerdos. Albergando la incipiente esperanza de encontrar un pasaje escrito que le mostrara el modo de expiar su pena. Cerré la puerta y la dejé allí. En aquella casa solariega de paredes blancas, salpicada de coloridas flores que cubrían casi por completo su fachada. Aunque hoy algo era diferente en el ambiente. Depositados en la acera multitud de pétalos que anunciaban que el otoño ya estaba aquí, y con él las interminables tardes de lluvia con sus nubes grises.

A escasos metros me topé con Benito, el director del “Instituto de Educación Secundaria Manuel Bartolomé Cossío”. El que fuera mi maestro y el causante del interés de Libertad por la literatura liberal. De pie ante la entrada del centro educativo, limpiaba la placa que presidía la institución y en la que se podía leer: “Debes afirmar la verdad sólo porque y en cuanto la conoces, no porque otro la conozca: sin el propio examen no debes afirmar ni negar cosa alguna”. Fragmento extraído de los postulados del filósofo alemán Friedrich Krause (1781-1832). Declarándose Benito un consumado krausista.

Buenos días le dije, a lo que me respondió contrariado: “serán para ti”. Fue entonces, tras semejante contestación, cuando le inquirí por lo que le pasaba. Iniciando el sempiterno docente un encendido alegato:

“- ¿Sabías Pedrín que en este pueblo el 70% de los adolescentes abandonan la escuela antes de terminar cuarto de la ESO? Se marchan sin un mínimo título bajo el brazo. Su única aspiración estriba en que por medio de Golfi en el Ayuntamiento sean contratados.

Con casi 18 años son empleados en la corporación, dedicándolos a labores varias. Nadie les exige, ni les anima a que con sus estudios prosigan. Trabajan unos meses y otros están en el paro, viviendo de la correspondiente prestación. Cuando pasan de los 25 se encuentran en la calle, sin profesión, ni oficio y es más sin futuro, ni beneficio. Carne de cañón cuando llega una crisis como por la que actualmente atravesamos.

Y es que a veces pareciera que nadie comprende que los organismos públicos se mantienen  de los impuestos que abonan las personas físicas o jurídicas. Si no existe actividad empresarial escasos recursos se podrán ingresar en las arcas municipales. Con lo que consecuentemente el consistorio se verá obligado a reducir plantilla y servicios. Mermando nuestra calidad de vida local.

Mas llegados a este punto. Algunos políticos iluminados optan por subir los ya de por sí elevados impuestos, gravando abusivamente las propiedades que tantos años nos ha costado pagar. Pequeño patrimonio que uno espera algún día legar a sus hijos y que a este paso dejaremos inevitablemente por el camino. Provocando con ello que se pongan más viviendas a la venta, lo que altera el libre mercado. Ocasionando rápidamente una mayor caída de precios al existir más oferta de la que se demanda. Disipándose en un instante los frutos de décadas de ardua labor, de sacrificios: sin años de vacaciones, sin fines de semana de cine, sin cenas románticas, o utilizando la misma ropa temporada tras temporada. Lo que previamente se cuantificaba en 300.000 en este momento ya no vale ni 100.000€.

Aún así Golfi y los suyos prometen colocar en el Ayuntamiento a todo aquel que su apoyo les quiera dar. Gastos que sufragarán incrementando la tributación, con especial incidencia en el Impuesto de Bienes Inmuebles. Aplastando más las posibilidades del sufrido contribuyente. Invirtiendo en viajes y agasajos. Y quitando de las partidas dedicadas a educación. Que cuanto menos sepa el pueblo más fácil resultará su engaño. Y para cuando esos jóvenes de hoy, que disponen de un sueldo en el bolsillo cada mes para en diversos menesteres gastar, alcancen los 25 y se den cuenta del camelo, ya será demasiado tarde. Quedándoles a partir de ahí una larga vida por delante repleta de penurias y lamentos.

¿Y Golfi dónde estará? Riéndose en tierras lejanas de la enorme fortuna que logró en una comarca donde él se quedaba el pan, a cambio de regalar exiguas migajas esporádicamente a determinados vecinos. Mientras en Matahambre lloraremos de lo mucho que hemos perdido.”

Ya era la hora de almorzar y caminé calle abajo hacia mi casa. Meditando sobre las amargas palabras de Benito, el maestro krausista. Sin tampoco olvidar la historia de Miguel o Manuel ó inclusive la de Luis y su amada Libertad. Ni tan siquiera la de la taciturna Soledad.

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