Ejemplos de políticas liberales exitosas
A veces uno no concibe por qué se denosta tanto a los liberales, culpabilizándolos de cada uno de los males que nos azotan. Para unos están ubicados en la derecha y otros dicen que en la izquierda. ¿Pero qué tiene que ver esto con la filosofía liberal? ¿Sabemos lo que implica realmente?
Al liberalismo le debemos la concepción actual del Estado moderno. Los principios básicos de una sociedad liberal son: Paz, Justicia y Libertad, fundamentados en una serie de rasgos característicos:
• El ser humano es propietario de sí mismo y del resultado de su actividad.
• El futuro de cada sujeto lo elije él mismo, acorde a sus habilidades y esfuerzo, no estando predeterminado por imposición, nacimiento o localización. Teniendo todos, a priori, iguales oportunidades.
• La tolerancia.
• La libertad de pensamiento.
• La crítica a cualquier despotismo, ya sea: religioso, cultural o político.
• Defiende la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
• Es la Asamblea, representante de la soberanía del pueblo, la que dicta las normas.
• Establece como elemento esencial a la Constitución, de carácter universalista.
• El orden social está regido por el derecho privado y penal. Pues entiende que el equilibrio espontáneo del mercado se alcanza por la reciprocidad o beneficio mutuo de los particulares.
• Admite que hay ciertos servicios que por diversas razones las fuerzas espontáneas del mercado pueden no producirlos o hacerlo de modo inadecuado. A tenor de lo cual es conveniente poner a disposición del gobierno una cantidad de recursos claramente circunscritos, con los que pueda prestar tales servicios a los ciudadanos en general. También aboga por un mínimo de seguridad para aquel que dentro del mercado quede por debajo de un determinado nivel.
• El justo precio o salario se formaría en un contexto carente de fraude, violencia o privilegios.
No obstante, como ha pasado desde que el hombre es hombre, las cosas se han ido deteriorando progresivamente, siendo propiciado normalmente por individuos de nula virtud. El Derecho Público ha ido ganándole terreno poco a poco al privado y penal, sustituyendo las reglas de conducta por las de organización, y transformando a las sociedades liberales en casi totalitarias. Terminándose por aceptar que la Asamblea legisle sobre cualquier objeto y no sobre códigos aplicables al conjunto, supeditados en muchos casos a la contradicción y a la arbitrariedad. Encontrándonos hoy por hoy con una Administración que nos atrapa en su complicada burocracia, movida por unas normas de difícil comprensión y asimilación, convirtiéndose en obstáculo para la expansión del libre mercado.
De un tiempo a esta parte leemos continuamente en los diferentes medios de comunicación múltiples noticias sobre presuntos escándalos municipales. Sean finalmente ciertas o no, hechos que deberán ser aclarados exclusivamente por la justicia, cuento menos suscitan la duda y desconfianza en el contribuyente. Si a esto unimos la alta morosidad de las administraciones locales, lastrando la viabilidad de infinidad de PYMES, podríamos afirmar que la gestión de nuestros Ayuntamientos es una cuestión que necesitamos mejorar.
España, junto a Francia, Italia o Portugal, poseen unas de las tasas más altas de corrupción dentro de los países de la OCDE. ¿Y qué es lo que nos puede diferenciar con aquellos Estados que ostentan un menor grado, como pudieran ser los nórdicos o anglosajones? Para muchos analistas la raíz de este mal hay que buscarla en la organización clientelar que se genera alrededor de sus dirigentes. Cuando en una ciudad europea entre 100.000 y 5000.000 habitantes, incluyendo el máximo regidor pueden haber dos o tres personas cuyo sueldo está supeditado a que cierto partido se alce con la victoria; aquí sería imposible determinar el número de simpatizantes que entrarían a trabajar en la corporación en cuestión, u otras afines, después de que su formación se haga con el bastón de mando. Perdiéndose así la perspectiva del proyecto común, para dar paso a la supervivencia de los individuos. Desembocando ello en supuestos actos indebidos en pro de sostener este entramado.
Si partimos de la teoría liberal, donde el principal cometido del ente local se circunscribiría a posibilitar la competitividad de las fuerzas espontáneas del mercado, atrayendo al inversor para instaurarse en la zona, lo que generaría riqueza y empleo; lo coherente sería dar estabilidad a las instituciones a través de los mejores profesionales. ¿Y cómo lo han logrado otros? Pues pasando de la fórmula imperante en nuestro territorio: strong-mayor, de corte presidencialista; a la del city-manager.
El city-manager se fundamenta en contratar un administrador para la localidad, de probada solvencia y perfectamente conocedor de los procedimientos reglamentarios, seleccionado como gerente municipal para conducir todos los planes emprendidos por la institución y ratificados en el Consejo Plenario. Su cargo tendrá una duración distinta al electoral, evitando así cualquier vinculación política. Quedando ceñidas las funciones de los concejales, electos por el pueblo en las urnas, a la legislativa mediante su manifestación en el Pleno, donde avalarán o retirarán el apoyo de las acciones efectuadas por el city-manager. Y acotando la figura del Alcalde al otorgarle escasa capacidad ejecutiva.
De este modo: se culminarían los proyectos, normalmente paralizados por cambios de gobiernos o incapacidad por desconocimiento de los propios ediles; se agilizaría la tramitación de cualquier expediente, reduciendo la carga burocrática, simplificando los procesos; adelgazaríamos el capítulo uno destinado a personal, contando únicamente con los sujetos más preparados e idóneas acorde a las distintas labores, y no conforme a su afiliación ideológica;…En definitiva ganaríamos en transparencia y eficacia.
A veces uno descubre iniciativas ante las que hay que quitarse el sombrero y sólo verter alabanzas hacia ellas. En tanto en cuanto facilitan la democratización, igualdad de oportunidades, desarrollo e incremento del PIB de los países más desfavorecidos.
Una de ellas es la Universidad Virtual Africana (AVU). Cuyos orígenes se remontan a 1997, auspiciada por el Banco Mundial. Hoy por hoy es una organización intergubernamental panafricana con sede en Nairobi y 53 centros en 27 Estados. Su misión es formar no sólo al máximo número de alumnos, habiendo gestionado en once años 40.000 matrículas, lo que se traduce en todo un logro; sino también capacitar con un alto grado al personal docente. Basándose en las nuevas tecnologías a través del e-learning, allí donde Internet es una realidad, o bien mediante el tradicional estudio a distancia. Desde luego un excelente plan ejecutado en un continente que cuenta con la tasa más baja de licenciados en enseñanza superior, mucho menor que en Europa, Estados Unidos, América o Asia. Su rector, Bakary Diallo, tiene claro la trascendencia que supone el conocimiento para la sociedad, a su modo de ver: “la gente que es ignorante tiene más posibilidades de crear conflictos, de ser pobre, de ponerse enferma.” No cabe duda de que es un estupendo propósito que contribuye a situar a los africanos en el lugar que les corresponde dentro del contexto global y por ende a mejorar su calidad de vida.
Otra es Endeavor, entidad internacional con dependencias en Argentina, Chile, Brasil, México, Uruguay, Colombia, Sudáfrica y Turquía, cuya central está en Nueva York. Fundada en 1997, habiendo recibido aportaciones del Banco Mundial para financiar determinados trabajos. Su labor es descubrir emprendedores con una potencial idea, sin embargo sin los recursos económicos imprescindibles para activarla, encargándose de ponerlos en contacto con factibles inversores. Apoyándolos en todo el proceso con el asesoramiento de ilustres mentores. A través de esta línea se aspira a consolidar historias ejemplares, con una similitud de valores y objetivos, que sirvan para prender la chispa en otros. Conscientes de que el sector privado es una fuente inagotable de riqueza y creación de empleo.
Un claro ejemplo de política liberal acertada es la introducida en la Constitución de Panamá de 1904, en referencia a la prohibición de permitirle al Estado la emisión de moneda de curso forzoso. Modificándose posteriormente esta norma jurídica suprema, pero manteniendo inalterable las sucesivas cartas magnas el mencionado acuerdo.
Motivados aquellos legisladores de comienzos del siglo XX, tras comprobar las consecuencias que lo contrario había producido en la región desde su anexión en 1821 a la denominada en aquel entonces: “Gran Colombia”, tras su escisión de la corona española. El periodo comprendido desde ese momento hasta el 3 de Noviembre de 1903, en el que Panamá alcanza su plena independencia, se caracteriza por las constantes fluctuaciones, que van desde la hiperinflación y devaluación casi continua del peso colombiano, al equilibrio logrado con: el proyecto del ferrocarril transístmico por parte de los americanos (1846-1860) y durante la frustrada construcción del primer canal interoceánico por un consorcio francés (1875-1885).
Esto, unido al Convenio Monetario firmado también en 1904 con EEUU, mediante el cual se facilita la libre circulación del dólar y su aceptación como medio de pago, junto con el comienzo de las obras del Canal de Panamá, concluido en 1914, desembocaron en una ventaja competitiva para el país. Lo que propició una economía de exportación de servicios, sustentada en un floreciente sistema financiero, donde las tasas de interés están determinadas libremente por el mercado, siendo constantes y bastante bajas, y donde las restricciones para los movimientos de capital son casi inexistentes. Resultando lo más parecido a un sistema de banca libre.
Nación que ha visto incrementar además considerablemente su PIB desde el 2000, después de devolverle EEUU, el 31 de Diciembre de 1999, el canal. En términos porcentuales, la cifra reportada por ese pedazo de tierra en estos últimos tiempos, ha sido muy superior a lo que obtuvo Panamá durante los 85 años que estuvo bajo protectorado norteamericano.
Ahora eso sí, estas loables decisiones económicas han de ir acompañadas de otras en los demás ámbitos, en pro de conseguir los beneficios deseados: no sólo generación de riqueza y empleo, sino igualmente mayor bienestar social para el conjunto de sus ciudadanos.
Lo opuesto a lo anteriormente descrito, sería el efecto suscitado por los Bancos Centrales cuando activan la máquina de hacer dinero. Derivando esta medida de evidente intromisión en la expansión crediticia y fiduciaria. Lo que lleva a ciclos reiterados de inflación, recesión y deflación. Para resolver el problema que genera esta nefasta acción gubernamental y una vez que irrumpe la previsible crisis, supuestamente la mejor forma de reactivar la economía sería bajando los tipos de interés. Sin embargo, en el instante en el que se vislumbre la recuperación se ha de volver a elevarlos. Evitándose de este modo, en teoría, la reproducción de un nuevo ciclo.











